1. Mi sonrisa falsa

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Reik

¿Qué es lo que más odio de ser modelo? ¡Pues ser modelo! Y sobre todo estar sonriendo todo el maldito día. Y algunos se preguntarán: ¡¿Por qué te dedicas a esto entonces?!

Para empezar, yo solo quería viajar por el mundo y me dijeron "¿Por qué no te haces modelo? Bla, bla, bla".

Y otros cuestionarán: ¿Qué tiene que ver el modelaje con viajar? Fácil, era una oportunidad única, viajaría por todo el mundo con la agencia si me ganaba el lugar.

¿El problema? ¡Nadie me dijo que este contrato era tan largo! Termine la gira y me quedé pegado en esto. Puedo tener hasta un juicio enorme si me retiro ahora y no tengo para pagar tanto ¿El segundo problema? Mi madre es mi mánager ¡Adivina qué! Ella no quiere que deje el modelaje, así que estoy atrapado hasta cumplir los dieciocho.

Lo sé, mi madre es un cliché muy usado de Vidavirix, pero no me queda otra que aceptarlo.

Cierro la puerta de mi camerino, abandonando mi sonrisa falsa y sintiendo un odio en desmedida que me quema por dentro.

—¡Ya déjenme en paz! —Golpeo mi silla y oigo un chillido detrás de uno de los muebles.

Quedo petrificado.

Tengo que parecer amable todo el tiempo, lo dice en el contrato y alguien acaba de verme. No puedo tener un juicio y encima una reprimenda de mi madre, no puede ser.

—¿Quién... ¿Quién está ahí? —pregunto nervioso, ojalá solo sea mi imaginación.

—A... Alana Whitmore —Una chica se levanta del suelo—. ¡Juro que no quería espiarte! Es solo que...

Calma, quizás sea una estúpida y no vio lo que hice. Solo sonríe y ya. Hago mi sonrisa hipócrita.

—No te preocupes. Debes estar asustada, ¿cierto? Lo que viste recién...

—Estabas muy enojado parece —me interrumpe opinando.

—Para nada, fue solo...

—Yo te vi. —Me mira raro.

—¿Puedes dejar de interrumpirme? Por favor.

Por favor, muérete.

—Lo siento —se disculpa—. Bueno, ya que no tengo nada que hacer aquí —Camina lentamente—. ¡Me iré! —Corre hacia la puerta y se choca con mi brazo cuando le bloqueo el paso—. ¡Qué alto! —opina.

¿No debería ya saberlo?

—Me gustaría hablar contigo solo un momento. —Continuo sonriente y veo la cámara que cuelga de su cuello—. Eres una de mis fanáticas, ¿no? Te regalaré una foto y una firma, si te olvidas de lo que acabas de ver. —La agarro de la barbilla y se sonroja.

—Yo... yo...

Bingo, la tengo.

—No soy una de tus fans.

¿Qué rayos? ¿Quién inventa esa clase de estupidez entrando al camerino de su ídolo?

—Discúlpame —vuelve a hablar—. ¿Me puedo ir? Me estás dando miedo —me aclara.

—¡¿Cómo?! —grito desconcertado—. ¡¡Yo no doy miedo!! —exclamo irritado y chilla.

Oh cielos, lo empeore ¿Dónde está mi sonrisa falsa cuando la necesito? No, espera ¡¿A dónde fue ella?! Por distraído, la chica se escabulle por debajo de mi brazo y cruza la puerta ¡Oh no, no puede ser! Estoy perdido, mi secreto está en manos de una chica extraña, rubia y corredora amateur. El horror con esas piernitas tan pequeñas. Necesito una solución ¡Y ya!

Academia de locasDonde viven las historias. Desc繳brelo ahora