3. Una respuesta razonable

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Reik

Me mantengo tranquilo sentado en mi limo, miro a mi chófer, que me guiña, uy. Luego al vidrio polarizado, entonces a lo lejos visualizo a varias chicas empujando a la tal Alana, para que venga hasta aquí.

¡¡Por los lentes de Vidavirix!! ¡¿Qué está pasando?!

—¿Cómo dijiste que se llama esta escuela, Joto? —le pregunto a mi chófer—. Y por favor, cámbiate el nombre.

—Ay, pero si me queda bárbaro —expresa todo refinado y luego responde a mi pregunta—. Esta es la Academia Rose, señorito.

—¿Rose? ¿Dónde he escuchado ese nombre antes? ¡Ay! —chillo porque una chica se lanzó en el parabrisas, así que también me sobresalto—. ¡¿Pero qué rayos?!

—¡¡Compórtate!! —grita otra.

—Rose, Rose, Rose ¿Arroz? No, eso no era. —Sigo pensando.

—El arroz es bueno para cuando está descompuesto, señorito —aclara mi chófer.

—¡No estoy descompuesto! —exclamo molesto.

—Ay, solo decía, qué llorica.

—Cállate y ve a averiguar qué pasa, Joto.

—¡¿Con toda esa banda de mujeres?! Moriré.

—¿Eres mi empleado o qué? —Enarco una ceja.

—¡Soy una mariposa! —Abre su puerta y se va moviendo los brazos.

—No se preocupe, yo me encargo. —El suplente de mi chófer se pone el gorro y se levanta para ir a averiguar—. Ahora vuelvo. —Sale por la puerta del copiloto.

Ah, ese es Lolo, no lo mencioné, porque es casi invisible. Ni siquiera puedes imaginarlo, te reto.

El hombre que los lectores ven borroso, abre la puerta de mi lado y hago espacio para que Alana entre, entonces cierra.

—¡¿Qué haces aquí?! —chilla la chica y por suerte no me rompe el oído.

Sonrío.

—Vine por ti.

—Así se llama el anterior capítulo, yo quiero una respuesta razonable, basta de chistes o amenazo a la escritora de esta historia.

—Siempre la amenazamos y nunca funciona. Vale, voy al punto. Destruye esa cámara y ni se te ocurra decirle a alguien lo que viste.

—Ay, el nene bueno se convirtió en malo —se burla—. Pues escúchame bien, no me importa, olvídalo ya, yo ya lo olvidé, ni siquiera sé qué hago en este auto. —Hace una pausa—. No, en serio ¿Qué hago? ¡Ay, no me acuerdo! ¡¿Cómo llegué aquí?! ¡¿Eres un secuestrador?!

Frunzo el ceño.

—Soy Reik Manson.

—Ah, sí, cierto. —Alza la mano—. Hola, soy Alana Whitmore y no tengo la cámara. —Sonríe.

—¡¿Me estás tomando el pelo?! —me quejo.

—¿Cómo se toma el pelo? —Enarca una ceja—. ¿Con una pajita?

—¡Ponte seria!

—Perdón, la escritora todavía no define mi personalidad. —Hace puchero.

Bufo.

—Bien, me cansé, hablaré con tu superior.

—¡¿Qué?! —chilla—. ¡¿Estás loco?! ¡Esa mujer es un monstruo, aléjate de la presidenta estudiantil!

—Ya me bajé del auto —le aclaro.

—¡Me dejaste encerrada!

—Sí, adiós. —Camino con las manos en mis bolsillos y todas las chicas me siguen con la vista, le sonrío a una, entonces suspira—. Hola, estoy perdido ¿Dónde puedo encontrar a la presidenta estudiantil? —Hago ojitos de pobrecito.

—¡Oh, eres tan adorable como te imaginé! —Se desmaya en mis brazos o finge, una de dos.

Bien, Academia Rose, hora de entrar.

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