32. "Confesiones".

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Capítulo sorpresa, espero que les guste y comenten tanto como en el anterior. (Si pudieran escuchar música media triste mientras lo leen, sería más emotivo, ya sabrán por qué ;) )

Las amo.

32. "Confesiones".

Me voltee bruscamente al frente, escuché como cerró la puerta de su lado, pero lo escuché lejano, como si estuviera bajo el agua. Puse en marcha el auto y entré en la autopista, la cual ahora se encontraba con carros en movimiento y no parecía un estacionamiento gigante. Mis manos se cerraban en el manubrio, causando un ruido molesto en la goma de este. Mis manos apretadas lograban detener al temblor que tenían. No me atrevía a decir nada ni a mirarla. Mi respiración estaba entre cortada y era lo único que oía.

Solo quería despertar. Pero no era un sueño.

Sentía su mirada fija en mí. Esperando respuesta. Yo estaba en shock y estaba demasiado nervioso como para darle una ahora.

-¿No vas a decir nada? –Habló tranquila ahora, pero me sacó de mi transe, agitando mi respiración. Giré en su calle-.

-¿Es... estás segu... segura? –Tartamudeé-.

-Lo estoy. Deja de tartamudear. –Me quedé callado estacionando el auto enfrente de su casa... o bueno, un poco más atrás, la verdad tenía un poco de miedo-. ¡Pero di algo, maldita sea!

-¡No sé qué decir! –Admití en una exclamación-. ¡Lo pensé como opción "c"! No pensé que en serio estabas...

-¿No? Pues qué maravilla, tener sexo sin protección causa estas cosas.

-¿Me culpas? –Me ofendí-.

-Pues yo no fui quien inició, además, era tu apartamento y debiste pensarlo.

-¿"Debiste"? ¡La decisión es de ambos!

-¡Yo sé! Pero...

-¿Pero? –Entrecerré los ojos-.

-Pero lo hecho, hecho está. Adiós. –Abrió la puerta y salió disparada a la entrada de su casa-.

Conduje a la casa de mis padres con rapidez, esquivando todo lo que podía el tráfico. Cuando llegué un pequeño rubio corrió alegre a abrazarme. Yo seguía en shock y solo me agaché para levantarlo y abrazarlo.

-¡Papi! ¡Te extrañé mucho! –Sonreí lo que pude. Le besé la cabeza-.

-Yo más, bebé.

-Estás todo frío. ¿Estás enfermo? –Fruncí el ceño bajando a mi rubio-.

Mi madre salió de la cocina. Y se acercó a mí con preocupación.

-Hijo, estás pálido. –Seguía escuchando todo como si estuviera debajo del agua-. ¿Te sientes bien? –Negué con la cabeza sin mirarla a ella. Todo se movía a mí alrededor-. Ven, siéntate. Parece que viste un fantasma. –Me senté en una silla del desayunador

-Ya quisiera.

-¿Pero qué dices? ¿Ethan, qué te pasa?

-¿Te sientes mal, papi? –Nick se intentó subir a mis piernas, como no lo lograba, lo alcé y lo senté-.

-Estoy bien, cariño. –Besé de nuevo su cabeza mientras él reía. Mi madre en cambio examinó mi cara detectando que mentía-. Luego. –Indiqué a mi madre para decirle que luego le contaba, porque tenía que hacerlo-.

°

Me senté en la cama de mis padres mientras mi madre cerraba la puerta de la habitación. Se apoyó en ella y se cruzó de brazos.

Papá de Repuesto.¡Lee esta historia GRATIS!