25. "Tres meses de viaje".

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25. "Tres meses de viaje".

Una media hora después de llanto, enojo, golpes a muebles y a la pared, dejando mis nudillos raspados y tres de ellos con sangre. Ah, claro y una ducha. Llegó Megan con un Nick profundamente dormido.

Claramente no me veía bien. ¿Cómo iba a estar bien si no había comido nada y había llorado como un niño pequeño? Los hombres también lloramos, los adultos también lloramos. ¿Cómo mostrarse como una piedra si la mujer que amo acaba de terminar conmigo?

Cuando le abrí la puerta a Megan supe que estaría enojada también. Y no me equivoqué. No me saludó, no pidió permiso. Solo entró y se fue directo a dejar a Nick a su cama.

Cuando cerró su habitación caminó hasta la cocina y me jaló del brazo para que la siguiera.

-¿Te quieres explicar? –Habló seria, cruzándose de brazos-.

-No me siento bien. No estoy bien. Me siento exactamente igual que hace más de un año. Cuando bajé casi tres kilos por no comer bien. –Relajó su ceño y se acercó a mí-.

-¿Sabes por qué estás así? –Preguntó con un tono más calmado-.

-Eso creo... el caso de Nick. La empresa...

-¿Nada más?

-Discutí con Mia. –Miré el suelo y la escuché suspirar-.

Me tomó la cara con sus manos. Y me hizo mirarla.

-Las discusiones se arreglan. Sabes que si discuten tienes que replantearte la situación y resolverla primero en tu cabeza... -Corté sus palabras con las mías-.

-Terminó conmigo. –Se quedó cayada con la boca semi abierta, demostrando sorpresa. Reaccionó y frunció el ceño-.

-¿Quieres contarme qué pasó? –Habló con tono conciliador-.

-Pasa que soy un idiota. Olvidé que la llevaría a cenar hoy. Lo olvidé por completo. Me dejé el móvil en el auto y lo olvidé. Llevo dos semanas sintiéndome así. Pero fue mi culpa que esto pasara... no quiere hablarme. No la culpo a decir verdad.

|Narra Megan|

Tenía los ojos rojos y ya sabía por qué era. Había estado llorando. Se sentía mal. A principios del año pasado, había tenido uno de estos transes de "nada me sale bien". Hasta fue a un psicólogo porque no comía bien. Tenía depresión. Y efectivamente se tomó unos antidepresivos y otras pastillas para aumentar el apetito. Nick no sabía de esto. Y estas dos semanas lo había notado mal, raro... pero no se me pasó por la cabeza esto.

Lo abracé y él me devolvió el abrazo. Los abrazos siempre animaban un poco a Ethan. Conociéndolo de toda la vida sabía que le ayudaría tan solo un poco.

-Olvídate de esto. Ya verás cómo le dices a Nick. Ven aquí...

Caminé a su habitación y luego al baño de esta. Abrí un cajón y rebusqué entre los frascos y cajas que había. Cuando encontré lo que buscaba sin querer se cayó una caja azul al suelo. Voltee mi cabeza al lugar donde cayó y justo delante de la apertura de la caja había un condón. Eran una caja de condones.

-Lo... Lo siento... -Se agachó y lo recogió. Seguido de eso, tiró ambas cosas a la basura. Mi mirada lo interrogó, porque botar condones después de una ruptura era como darse por vencido-. Am... no importa. –Dijo-. Solo quedaba uno-.

Gracias, Ethan. En serio ansiaba saber eso. Te lo agradezco, pero podía morir sin saberlo. La caja era de 12.

-¿Mal comentario? –No respondí con palabras, pero mi cara fue suficiente-. Sí, lo fue. –Se rascó la nuca-. ¿Qué buscas?

Papá de Repuesto.¡Lee esta historia GRATIS!