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30.Entre la vida y la muerte

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Me hallaba tumbada boca abajo, completamente sola, escuchando el silencio. Nadie me vigilaba. No había nadie más. Ni siquiera estaba del todo segura de estar allí.

No cabía duda de que me encontraba tumbada sobre algún tipo de superficie. En cuanto llegué a esa conclusión, tomé conciencia de mi desnudez, pero, estando sola, no me importó, aunque sí me intrigó un poco. Me pregunté entonces si, además de tener tacto, podría ver, de modo que abrí los ojos y verifiqué que, en efecto, también conservaba la vista.

Yacía en medio de una brillante neblina, aunque diferente de cualquiera que hubiera visto hasta entonces: el entorno no quedaba oculto tras nubes de vapor, sino que, al contrario, era como si éstas aún no hubieran formado del todo el entorno. El suelo parecía blanco, ni caliente ni frío; simplemente estaba ahí, algo liso y virgen que le daba soporte.

 El suelo parecía blanco, ni caliente ni frío; simplemente estaba ahí, algo liso y virgen que le daba soporte

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Me incorporé. Mi cuerpo estaba aparentemente ileso.

Entonces percibí un ruido a través de la amorfa nada que me rodeaba: los débiles golpes de algo que se agitaba, se sacudía y forcejeaba. Era un ruidito lastimero, y sin embargo un poco indecoroso. Tuve la desagradable sensación de estar oyendo a hurtadillas algo secreto, vergonzoso.

Y por primera vez lamenté no ir vestida.

En cuanto lo pensé, una túnica apareció a mi lado. La cogí y me la puse; la tela era cálida y suave, y estaba limpia. Me pareció extraordinario que hubiera aparecido así, de repente, con sólo desearlo...

Por fin me levanté y miré alrededor. Harry no estaba.

Cuanto más miraba, más cosas detectaba, por ejemplo, un enorme techo abovedado de cristal que relucía bañado por el sol. ¿Se trataba acaso de un palacio? Todo continuaba quieto y silencioso, con la única excepción de aquellos golpecitos y quejidos provenientes de algún lugar cercano...

Giré lentamente sobre mí misma, y fue como si el entorno se reinventara ante mis ojos revelando un amplio espacio abierto, limpio y reluciente, una sala mucho más grande que el Gran Comedor, rematada por aquel transparente techo abovedado. Estaba casi vacía; yo era la única persona que había allí, excepto...

Retrocedí, porque acababa de descubrir el origen de los ruidos: parecía un niño pequeño, desnudo y acurrucado en el suelo. Estaba en carne viva, al parecer desollado. Yacía estremeciéndose bajo la silla donde lo habían dejado, como si fuera algo indeseado, algo que había que apartar de la vista. No obstante, intentaba respirar.

Me dio miedo. Aunque aquel ser era pequeño, frágil y estaba herido, no quería acercarme a él. No obstante, me aproximé despacio, preparada para saltar hacia atrás en cualquier momento. No tardé en llegar lo bastante cerca para tocarlo, aunque no me atreví a hacerlo. Me sentí cobarde.

??:No puedes ayudarlo.

Me volví rápidamente. Albus Dumbledore caminaba hacia mí, muy ágil y erguido, vistiendo una larga y amplia túnica azul oscuro.

La hermana de Harry Potter 4¡Lee esta historia GRATIS!