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19.Gringotts

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Ron:¿Estás segura que es de ella?

Yo:Completamente-y eché el pelo de la asquerosa de Bellatrix (que se había adherido a mi ropa en la mansión cuando me estaba torturando) en el frasquito.

Teníamos que ir a Gringotts, para entrar en la bóveda de Bellatrix Lestrange y ver si hay un Horrocrux. Nos va a ayudar Griphook, pero a cambio, tenemos que darle la espada de Gryffidor. El elfo dijo que la espada que tenía Bellatrix en su bóveda no era la original, y supuestamente Snape había dejado una falsa.

***

Bellatrix Lestrange cruzaba el jardín a grandes zancadas hacia nosotros, acompañada de Griphook. No conseguí evitar un estremecimiento de odio. Era más alta que yo; el largo y negro cabello le caía formando ondas por la espalda, y los ojos de gruesos párpados me miraron con desdén; pero, cuando habló, reconocí a Hermione a pesar de la grave voz de Bellatrix.

Hermione:¡Sabía a rayos! ¡Era peor que la infusión de gurdirraíz! Ron, ven aquí para que pueda arreglarte...

Ron:Vale, pero recuerda que no me gustan las barbas demasiado largas.

Hermione:¡Esto no es ningún concurso de belleza!

Ron:¡No es por eso, es que se me enreda con todo!

Hermione suspiró y se puso a trabajar, murmurando por lo bajo mientras transformaba varios aspectos del físico de Ron. Tenían que conferirle una identidad falsa, yo, Harry y Griphook iríamos escondidos bajo la capa invisible.

Hermione:Ya está ¿Qué les parece, chicos?

Ron lucía un cabello castaño, largo y ondulado; llevaba bigote y una tupida barba; las pecas se le habían borrado de la cara; la nariz era ancha y corta, y las cejas, gruesas.

Yo:Bueno, no es mi tipo, pero creo que colará -bromeé-. ¿Nos vamos ya?

Los cuatro contemplamos por última vez la casa de Bill y Fleur, luego pusimos nuestras manos al centro pero antes que la colocara Griphook le dije:

Yo:Todo depende de usted, Griphook. Si burlamos a los guardias y entramos a la bóveda, la espada es suya.

Cuando puso la mano, giré sobre mis talones, nos sumimos en la opresora oscuridad, y unos segundos más tarde mis pies tocaron el suelo. Aparecimos en un callejón oscuro, en donde vagaban pocas personas.

??:Señora Lestrange -murmuró un hombre que salió de una tienda, Hermione inclinó servilmente la cabeza.

Hermione:Buenos días.

Harry y yo, que la seguíamos con sigilo, con Griphook a cuestas bajo la capa, vimos que el hombre se sorprendió y se fue.

Griphook:¿Buenos días? ¿¡Buenos días?! Eres Bellatrix Lestrange no una muchacha ingenua.

Yo:¡Oiga!

Griphook:Si ella nos delata tendremos que usar la espada para cortarnos el cuello, ¿comprenden?

Hermione:Tiene razón. Soy una tonta.

Nos encaminamos hasta el callejón Diagon, estaba tranquilo y nada concurrido, pero la sinuosa calle no se parecía en absoluto al ajetreado lugar que, años atrás, visité en mi primer curso en Hogwarts. Muchas tiendas estaban selladas con tablas. Vi mi retrato y el de Harry su en numerosos letreros pegados en las ventanas que rezaban «Indeseables n° 1».
Los mendigos que pasaban cerca de nosotros, miraban Hermione con miedo y se dispersaban, tapándose la cara con las capuchas y huyendo tan rápido como podían.

Segundos después, nos encontramos en el inmenso vestíbulo de mármol de la banca mágica.
Sentados en altos taburetes ante un largo mostrador, unos duendes atendían a los primeros clientes del día. Hermione y Ron se dirigieron hacia uno de ellos, muy anciano, que examinaba una gruesa moneda de oro con un monóculo.

La hermana de Harry Potter 4¡Lee esta historia GRATIS!