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27.La muerte del príncipe

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Vi surgir el terrier plateado de Ron, que brilló con una luz mortecina y se esfumó; luego observé cómo también se esfumaba la nutria de Hermione, y mi varita mágica tembló en mi mano.
De pronto, una liebre, un jabalí y un zorro plateados desfilaron veloces cerca de nosotros, y los dementores se retiraron ante el avance de aquellas criaturas. Tres personas más habían salido de la oscuridad y se situaron junto a nosotros, con las varitas en alto, manteniendo iluminados sus patronus. Eran Luna, Ernie y Seamus.

Luna:¡Muy bien! Estupendo. Cloe, Harry, vamos, piensen en algo que los haga feliz...

Harry:¿Algo que nos haga feliz?

Luna:Estamos vivos -susurró-. Seguimos luchando. Vamos chicos...

Hubieron dos chisporroteos plateados, seguido de una luz temblorosa, y entonces, haciendo un esfuerzo sin precedentes, yo y Harry conseguimos que los ciervos surgieran de la varita. Salieron a medio galope, y los dementores se dispersaron a toda prisa. Inmediatamente dejó de hacer frío y el estruendo de la batalla volvió a resonar en mis oídos.

Ron:No sé cómo darles las gracias -dijo con voz temblorosa a los recién llegados-. Nos han salvado...

En ese momento se produjo un temblor comparable al de un terremoto, seguido de un fuerte bramido: otro gigante salió dando bandazos del Bosque Prohibido, blandiendo un garrote gigante.

Yo:¡¡Corran!! -grité, pero no hizo falta que lo repitiera porque mis amigos salieron disparados en todas las direcciones justo a tiempo: el enorme pie de aquel ser se posó exactamente donde sólo un instante antes nos hallábamos.

Comprobé que Harry, Ron y Hermione me seguían, pero los otros tres regresaron al castillo.

Ron:¡Nos tiene a tiro! -gritó mientras el gigante balanceaba otra vez el garrote lanzando bramidos que resonaban por los jardines, donde los estallidos de luz roja y verde continuaban iluminando la oscuridad.

Harry:¡Eh, el sauce boxeador! ¡Vamos!

Partía toda prisa, como si se sintiera capaz de aventajar a la propia muerte, ignorando los chorros de luz que surcaban la oscuridad por todas partes. Corrí tan deprisa como no lo había hecho en mi vida, y fui yo quien vi primero el gran árbol -el sauce-, de ramas como látigos, que guardaba celosamente el secreto enterrado bajo sus raíces que me habían contado los chicos.
Reduje el paso, jadeando, bordeé el sauce, cuyas ramas se agitaban con violencia, y escudriñé el grueso tronco en la oscuridad, tratando de ver aquel nudo en la corteza del viejo árbol que permitía paralizarlo. Ron, Harry y Hermione me alcanzaron; ella respiraba con dificultad y casi no podía hablar.

Harry:¿Cómo... cómo vamos a entrar? -preguntó, también sin aliento.

Yo:Debería... preguntarles lo mismo-dije con su mismo tono- Pero...yo, que no estuve... en tercero, sé.

Apunté con la varita a una pequeña rama que había en el suelo y exclamé: «¡Wingardium leviosa!» La ramita se elevó, giró sobre sí misma en el aire y se lanzó hacia el tronco atravesando las ramas del sauce, que se agitaban amenazadoramente. Acto seguido se hincó en un punto cerca de las raíces, y el árbol se quedó quieto de inmediato.

Hermione:¡Perfecto!

Harry:Esperen.

Y se coló por el túnel de tierra, que estaba oculto entre las raíces del árbol.

Yo:¡Nosotros vamos contigo Harry!-le grité a la vez que empujaba a Ron para que entrara también.

En unos segundos, ya estábamos todos en el túnel de tierra y me pareció muy estrecho. Nos vimos obligados a arrastrarnos a cuatro patas. Harry entró primero, con la varita iluminada, tal vez para encontrar algún obstáculo, pero no fue así. Avanzamos en silencio.
A partir de determinado punto, el túnel empezó a ascender, y un poco más allá vi un resquicio de luz. Hermione me tiró de un tobillo.

La hermana de Harry Potter 4¡Lee esta historia GRATIS!