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14.Xenophilius Lovegood

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Narro yo:

Todos los hechizos menores realizados con la nueva varita resultaban menos potentes que los que hacía con la mía. No estaba familiarizada con la nueva; era como tener la mano de otra persona cosida en el extremo del brazo.

Harry:Sólo necesitas practicar un poco -me animó-. Todo es cuestión de confianza en uno mismo, Cloe.

Yo sólo asentí con la cabeza, tratando de creerle. Ron me dirigió una vacilante sonrisa, yo lo miré enojada y luego la desvié.
Hermione, que estaba leyendo un libro, se levantó de un salto.

Hermione:Tenemos que hablar.

Miré el libro que ella tenía en la mano: se trataba de Vida y mentiras de Albus Dumbledore.

Yo:¿Qué pasa?

Hermione:Quiero ir a ver a Xenophilius Lovegood.

Los tres:¿Cómo dices?

Hermione:Que quiero ir a ver a Xenophilius Lovegood.

Ron:Pero... ¿por qué?

Hermione inspiró hondo, como si fuera a decir algo muy importante, y respondió:

Hermione:Es esa marca, la marca que aparece en Beedle el Bardo. ¡Miren esto!

Puso el libro ante los tres (Ron estaba al lado de Harry, porque trató de ponerse a mi lado y le lancé una mirada asesina), y contemplamos una fotografía de la carta original que Dumbledore le había escrito a Grindelwald, con su inconfundible caligrafía pulcra y estilizada.

Hermione:Y ahora miren la firma.

Obedecimos, al principio sin saber a qué se refería, pero cuando me acerqué y miré más de cerca, vi que Dumbledore había sustituido la «A» de Albus por una diminuta versión del símbolo triangular que aparecía en Los Cuentos de Beedle el Bardo.

Hermione:Esa marca otra vez. ¡No dejan de aparecer! En el libro, en la tumba, en el valle de Godric.

Harry:También la vi afuera de la tienda de varitas de Gregorovitch.

Yo:Sí, yo también.

Ron:¿Qué significa?

Hermione:Miren, no tienen ni idea cual es el siguiente Horrocrux, y tampoco yo-miró el libro-. Pero esto significa algo, estoy segura.

Ron:Sí, tienes razón, tenemos que ir a ver a Lovegood. Votemos, los que estén a favor...

Levantó una mano antes que Hermione. Pensándolo un rato, levanté la mano, Harry era el único que no lo hizo.

Harry:Si no tengo más remedio...

***

Aparecimos unos kilómetros más al norte.

Ron:¡Aja! -gritó Ron con el cabello y la ropa a los cuatro vientos. Señalaba hacia la cima de la colina en que habíamos aparecido, donde un enorme cilindro negro se erigía en vertical destacándose contra el cielo totalmente nublado-. Ésa tiene que ser la casa de Luna. ¿Quién más podría vivir en un sitio así? ¡Parece una torre de ajedrez gigantesca!

Desconcertada, arrugué el entrecejo y contemplé la construcción.
Ron tenía las piernas más largas y fue el primero en llegar a la cima de la colina.

Mientras subíamos, Harry me preguntó:

Harry:¿Sigues enfadada con él?

Bufé.

Yo:Siempre estoy enfadada con él.

Cuando yo, Harry y Hermione lo alcanzamos, jadeando, Ron estaba sonriendo de oreja a oreja.

Ron:Es su casa. ¡Miren!

Había tres letreros pintados a mano, clavados con chinchetas en una desvencijada verja. El primero rezaba: «El Quisquilloso. Director: X. Lovegood»; el segundo, «Permitido coger muérdago»; y el tercero, «Cuidado con las ciruelas dirigibles».
La verja chirrió cuando la abrimos. En el zigzagueante sendero que conducía hasta la puerta principal había una gran variedad de plantas extrañas, entre ellas un arbusto cargado de esos frutos de color naranja, con forma de rábano, que a veces Luna usaba como pendientes. Retorcidos a causa del viento, dos viejos manzanos silvestres, desprovistos de hojas pero cargados de frutos rojos del tamaño de bayas y de espesas coronas de muérdago salpicadas de bolitas blancas, montaban guardia a ambos lados de la puerta. Una pequeña lechuza, de cabeza achatada semejante a la de un halcón, nos observaba desde una rama. Cerré los ojos al recordarme a Brandy.
Hermione dio tres golpes en la gruesa puerta negra, tachonada con clavos de hierro y cuya aldaba tenía forma de águila.
Al cabo de unos diez segundos, la puerta se abrió de par en par y apareció Xenophilius Lovegood en persona, descalzo, en camisa de dormir -manchada- y con el largo, blanco y esponjoso cabello, sucio y despeinado. La verdad es que Xenophilius iba mucho más pulcro y arreglado el día de la boda de Bill y Fleur.

Xenophilius:¿Qué ocurre? ¿Quiénes son y qué quieren? -gritó con voz aguda y quejumbrosa mirando primero a Hermione, luego a Ron y, por último, a Harry y a mi, pero entonces abrió la boca formando una «o» perfecta, casi cómica.

Yo y Harry:¡Hola, señor Lovegood!

Harry:Soy Harry, Harry Potter.

Yo:Y yo su hermana, Cloe Potter. ¿Podemos pasar?

Xenophilius:Está bien. Pasen, deprisa. ¡Deprisa!

Apenas hubimos traspuesto el umbral, Xenophilius cerró de golpe la puerta. Nos hallábamos en la cocina más rara que había visto jamás: completamente circular, daba la impresión de estar dentro de un enorme pimentero; los fogones, el fregadero y los armarios tenían forma curvada, para adaptarse a la forma de las paredes, y en todas partes había flores, insectos y pájaros pintados con intensos colores primarios. Me pareció reconocer el estilo de Luna.
En medio de la cocina había una escalera de caracol de hierro forjado que conducía a los pisos superiores, de donde provenían fuertes ruidos, y me pregunté qué estaría haciendo Luna.

Xenophilius:Será mejor que subamos -propuso, aún incómodo, y nos guió por la escalera.

La habitación del piso superior era una combinación de salón y taller, todavía más atestada de cosas que la cocina. Aunque era mucho más pequeña, y también circular, recordaba la Sala de los Menesteres en aquella inolvidable ocasión en que se había transformado en un gigantesco laberinto compuesto de objetos escondidos a lo largo de siglos. Había montañas y montañas de libros y papeles en todas las superficies. Del techo colgaban diversos modelos de criaturas -realizados con primor- que agitaban las alas o batían las mandíbulas y que no supe identificar.
Luna no estaba allí y lo que hacía tanto ruido era un artilugio de madera repleto de engranajes y ruedas que giraban mediante magia.

Xenophilius:Discúlpenme -dijo, dando un par de zancadas, se acercó a la máquina, sacó un mugriento mantel de entre una montaña de libros y papeles, que cayeron al suelo, y cubrió la prensa, con lo que los fuertes golpes y traqueteos se amortiguaron un poco. Entonces nos miró y preguntó-: ¿A qué han venido?

Pero antes que pudiera responder, Hermione preguntó:

Hermione:¿Dónde está Luna?

Xenophilius tragó, como si estuviera armándose de valor. Por fin, con una voz temblorosa que apenas se oyó dijo:

Xenophilius:Luna está en el arroyo pescando plimpys de agua dulce, ya vendrá. Bueno, ¿en qué puedo ayudarlos, Potters?-se giró hacia nosotros.

Yo:Verá...

Harry:Se trata de ese símbolo que llevaba usted colgado del cuello en la boda de Bill y Fleur. Nos gustaría saber qué significa.

Xenophilius:¿Se refieren al símbolo de las Reliquias de la Muerte? -inquirió, extrañado.

UUUUUUU TENSIÓN! LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE! Mañana sigo, es que tengo sueeeeeño ): EN EL PROX CAPÍTULO TENDRÁN Q TRAER COSAS PARA COMER YA QUE ES LA FÁBULA DE LOS TRES HERMANOS! Y Cloe descubrirá algo...(que creo que todas ya se dieron cuenta, porque es muy obvio)

La hermana de Harry Potter 4¡Lee esta historia GRATIS!