Capitulo cuarenta y dos: ¿Que tu qué?

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- ¿Keith? - preguntó muy confundida. - Pensé que estabas en el hospital. - Keith me sonríe y se comienza a acercar lentamente.

- Pedi que me dieran de alta antes. - explica cuando se encuentra a unos pasos de distancia.

- ¿Y accedieron? - mi mirada vuela hacia su brazo enyesado y me animo a posar mi mano en el yeso.

- Estoy mejor, Elizabeth, mucho mejor. - responde y levanta mi mentón con una mano. - Además, no quería perderme de tu última noche en Louisiana.

- Keith, no deberías arriesgar tu salud por una cena de gala.

- No es cualquier cena de gala, Beth, es la primera en la que estaremos juntos luego de mi partida a Francia.

- Es solo una cena. - le digo, intentado suavizar un poco lo serio que hace sonar el evento de esta noche.

- No para mí. - me recuerda en un susurro cuando se acerca a besar mi cabeza. - Deberiamos irnos, tu padre y Aaron nos esperan abajo.

En el auto, me siento junto a Aaron para evitar el contacto con Keith. Sin embargo, no puedo ignorarlo y terminamos enfrascados en una conversación junto a mi padre y hermano.

Debo admitir que no se siente mal, se siente como algo familiar, pero no se siente como lo correcto en este momento. Tal vez, solo tal vez, mi mente me juega esta mala pasada porque ya fantaseaba con subir al auto de la mano de Cameron.

Lástima que se fue a California.

- ¿Champaña? - pregunta Aaron y me extiende una de las dos copas que tiene en la mano.

- Oh, claro que sí.

Tomo el liquido en dos tragos largos y luego sacudo la cabeza para intentar disipar esa sensación extraña que deja el alcohol al entrar a mi cuerpo. No suelo beber, pero esta vez siento que es necesario, siento que debo adormecer mis sentidos para poder sobrevivir a esta noche.

- ¿Estás bien? - miro a Aaron a los ojos y niego con la cabeza.

- Sabes que no.

- Trata de distraerte. - pide con tristeza. - Trata de alejar tu mente de Cameron por unos minutos y concentrate en este momento junto a nuestra familia.

- Eso es lo que más quiero, hermanito, pero mi mente y celular no dejan que lo olvide. - Aaron hace una mueca extraña cuando menciono mi celular e, inmediatamente, sé que oculta algo. - ¿Qué sucede?

- Nada. - responde y se apresura a darle un trago a su champaña.

- Dime. - insisto, rodeando la mano que sostiene la copa con mis dedos y obligandolo a dejar de beber para que me preste atención. - Puedes decirme lo que sea.

- Estuve muy cerca de llamarla, Bethie, estuve cerca de ceder y dejar de lado mi orgullo.

- Estamos arruinados, ¿no es así? - ambos asentimos al mismo tiempo.

- ¿Otra copa, jovenes? - nos pregunta el mozo y ninguno de los dos se niega.

Luego de terminar nuestra segunda copa de champaña, Aaron y yo tomamos fuerza y nos alejamos de la barra para encontrarnos con nuestra familia.

Mis primos intentan mantener una conversación decente con nosotros y juro que pongo de mi parte para que todo transcurra tranquilo. Pero cuando el mozo llega ofreciendo más champaña, no puedo negarme y termino bebiendo más del líquido.

No sé qué me pasa, no sé por qué hago esto. Sólo necesito olvidarme de Cameron y si estoy consciente, no lo lograré.

- Ese tal Cameron me caía bien. - admite uno de mis primos. - Tal vez no se quedó mucho tiempo, pero no parecía mal chico.

- No lo es. - me apresuro a decir y me odio a mi misma por haberlo hecho.

- Lástima que fue a ver a su novia.

- ¿A su novia? - preguntamos Aaron y yo al mismo tiempo.

- No, se están confundiendo. - dice mi hermano. - Jessica es su mejor amiga.

- Sí, exacto. - añado, a pesar de las risas de mis primos.

- Por favor, ya todos estamos lo suficientemente grandes como para creernos el cuento de la mejor amiga. - se burla Thomas.

Esto no me está ayudando.

Tal vez un sorbo más de champaña me ayude.

- Bethie, es suficiente, ya tomaste más de la cuenta. - me advierte Thomas.

- Oh, vamos, estoy perfecta. - respondo, siendo consciente de que mi voz suena extraña. - Además, ya soy...

- ¿Eliz? - escucho que me llama una voz y me vuelvo inmediatamente. - ¿Podemos hablar un segundo?

Es Keith.

Sé que debería alejarme porque no tengo todos mis sentidos alerta, pero accedo y tomo su mano para alejarnos hacia el jardín.

- Tengo que hablar contigo. - escucho que dice, pero mi mente me lleva a otra parte.

- Sí, dime.

Todo a mi alrededor comienza a transformarse en las calles de Los Ángeles y, si bien tengo muchos recuerdos en ese lugar, sólo veo el rostro de Cameron. Recuerdo cuando nos conocimos, recuerdo su ceño fruncido, su actitud arrogante y lo mal que nos llevabamos. Pero también vienen a mi mente imágenes de cuando estuvimos solos en el centro comercial, de nuestro escape al restaurante de hamburguesas, de nuestro encuentro en Santa Mónica. Recuerdo cada  momento bueno junto a él y recuerdo lo feliz que me sentí por esas breves horas.

Odio que se haya ido a la primera oportunidad que tuvo, pero no puedo negar cómo me hace sentir cuando está cerca. Tal vez lo siga odiando en la mañana, pero en este momento, mi corazón decide tomar el control.

Me gusta Cameron, enserio me gusta.

Una sonrisa se forma en mi rostro lentamente y, si bien mis ojos ven el rostro de Keith, mi mente lo transforma en el chico moreno que se ganó poco a poco un lugar en mi corazón.

- Elizabeth Woods, por esta y muchas razones más, necesito saber si me darías el honor de ser mi esposa.

Esperen. ¿Qué?







Sí, eso mismo me pregunto: ¿qué?

KEITH LE PROPUSO MATRIMONIO! Alguien traiga el cloro!

Hit me with your best shot.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora