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Tres meses más tarde, todos conocían a la familia Payne. Ricos, diferentes. Ellos no encajaban en el rompecabezas de ese pueblo, tal vez porque sus piezas encastraban perfectamente entre si y no estaban dispuestos a separarse.
Liam pasó el brazo sobre los hombros de su hermana y caminó hacia el auto.
-Eh, barbie.-saludó un chico al pasar por su lado.
Jamie respondió con una tímida sonrisa. Ella se había abierto un poco más que su familia a ese pueblo, cosa que a Liam no le agradaba en absoluto.
-Vamos a casa.-dijo brusco, y subió al auto.
La chica suspiró pero no contradijo a su hermano en ningún momento. Se hundió en el asiento y, al llegar a la casa, bajó con rapidez y fue directo al establo para poder montar.
-Jamie.-llamó Liam.
-Vuelvo en un rato.-dijo ella.-Lo prometo.
Así se marchó ese mediodía, dejando a su hermano con la palabra en la boca.
Cabalgó junto a la única calle de entrada al pueblo y siguió y siguió hasta que se decidió por que algo andaba mal con Veneno.
-Ey.-dijo con tono suave, bajando la velocidad e inclinándose sobre él para poder acariciarlo mejor.- ¿Qué pasa, hermoso?
Sin previo aviso, el caballo cayó de lado, dejando parte del cuerpo de ella debajo.
-Veneno.-dijo con dificultad por el peso.-Veneno, ¿qué pasa? Veneno.
El caballo se ladeó suavemente y un fuerte dolor atravesó el pecho de ella, logrando que perdiera la conciencia.
Al abrir los ojos, seguía en el mismo lugar pero el sol comenzaba a ponerse. El caballo no respiraba.
-Veneno, mirame.-pidió con lágrimas en las mejillas. Quiso salir y algo rasgo su pierna, logrando que soltara un suave gritito.- Por favor. ¡Ayuda!
Repitió su pedido unas cincuenta veces mientras las lágrimas caían por su rostro. El frío aumentaba y ella se dejó caer sobre la hierva, rendida.
-Ay, no.-escuchó que decía una voz masculina. Sintió la puerta de un auto y unos pasos apresurados.- Filipi.
-¿Hola?-preguntó ella.
-¿Quién está ahí?
-Mi nombre es Jamie.-susurró con dificultad.
-¿Dónde estás? -preguntó, confundido.- ¿Jamie? ¿Dijiste que te llamas Jamie?
-Acá. -dijo, levantando su mano.- Si. Soy Jamie. Por favor...-cuando el rostro del hombre apareció en su campo visual, se topó con unos ojos color esmeralda que conocía muy bien.- ¿Harry?
-Dios mío, Jamie.-dijo él, y se arrodilló a su lado, retirando al caballo.
-No sé qué pasó.-lloró ella.
-Filipi estaba muy enfermo. Esto podía pasar.
-Pero se veía muy bien.-dijo ella, acariciando al animal.- Él nunca... Todos se mueren.
-Shh.-susurró él y le tendió su mano.- Eso no es verdad, Jamie.
-Claro que si.-dijo ella. Se puso de pie de golpe y Harry tuvo que sostenerla luego de que ella lanzara un grito que le heló la sangre.
-Caíste sobre una piedra.-rió al notarlo.- Sobre la única piedra de ese tamaño que debía haber.
Ella se sintió humillada y estúpida y él lo notó. Dejó su mueca de burla de lado y la tomó con ambos brazos.
-Tengo que curarte eso.
-Quiero ir a casa.-lloró ella.- Le prometí a Liam que iba a volver a casa.
-Yo voy a llevarte.-dijo él, presionándola contra su pecho.- Pero primero tengo que curarte. Tenes la suerte de que tenga un botiquín en la camioneta.
-No podemos dejarlo acá.
-Voy a llevarte a tu casa y voy a venir por él.
-No quiero dejarlo.
-Jamie, estás temblando, llorando, sangrando y tenes fiebre.-dijo él, sujetándola con una de sus manos y paseando la otra por la mejilla de la chica mientras la miraba fijamente a los ojos.- Solo quiero que estés bien.
-Me asusta cuando cambias así.-murmuró ella cerrando los ojos con fuerza.
-Ya no voy a cambiar más con vos. Jamie, por favor. Dejame curarte y llevarte a casa.
-¿Cómo sabías que estábamos acá?
-No lo sabía.
-Te extrañaba. -confesó y él avanzó hacia la camioneta.
-No entiendo cómo es que podrías hacerlo. Fui una basura con vos, con todos.
-De todas formas te extrañaba.
La subió a la camioneta y, tras encender la calefacción, se dedicó a desinfectar y sanar su herida.
En el viaje de regreso a casa, ella permaneció recostada en el asiento, con la cabeza sobre las rodillas de Harry y la campera de este cubriéndole el cuerpo. Paró frente a la casa y volvió a tomarla en brazos.
-¿Harry? -preguntó Liam confundido antes de fijarse en ella.- Dios mío, Jamie. ¿Dónde te habías metido?
-Su caballo estaba enfermo.-dijo Harry.-Cayó sobre ella y falleció. Tiene un tajo importante en la parte trasera del muslo pero creo que ya está todo en orden. Aunque no pude hacer nada por la fiebre.
Liam la tomó y besó su frente y mejillas.
-Gracias por traerla a casa, ¿Harry?
-Si, soy yo.-dijo él a la vez que volteaba e iba a su camioneta, dispuesto a ir a buscar a Filipi, el caballo que le pertenecía cuando era solo un niño.


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