Ojala tener a alguien asi...

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Una semana, hoy se cumplía una semana exacta desde que había recibido la noticia. Si bien sabía que esa era una opción, nunca pudo asimilarlo por completo. Incluso ahora una semana después le seguía costando asimilarlo todo.

— ¿Estás listo? — le preguntó Volkov mientras se acercaba a este y posaba su mano en el hombro izquierdo del menor.

— Si... — respondió con una sonrisa fingida para ponerse de pie y tomar sus cosas — Vamos, que mi padre debe estar afuera esperando — dijo de prisa al ver que el ruso tomaba aire para hablar.

Una vez fuera de la habitación del motel, Horacio buscó con la vista el auto de su padre mientras que V iba a entregar la llave de la habitación. No le costó mucho encontrarlo pero se llevó una sorpresa al ver que este no estaba solo.

— ¿Y este qué hace aquí? — le cuestionó a su padre al ver al italiano como copiloto mientras cruzaba los brazos.

— Te dije que no debía venir... — le habló en un tono bajo el italiano al viejo.

— No pasa nada — habló Andrés para luego dirigirse a su hijo — tranquilo hijo mío, él solo está haciéndome compañía, luego debo resolver unos asuntos. No te preocupes que no les causará problemas.

Horacio iba a refutar cuando sintió la mano de V en su cintura. Lo que hizo que este volteara a verlo y sus miradas se cruzaran. Esto no pasó desapercibido por los otros dos hombres que estaban ahí. Pero mientras el mayor solo negaba con la cabeza y encendía el auto, el italiano por su parte sentía algo de envidia al ver cómo estos no tenían que tan siquiera hablarse para entenderse, que con solo una mirada le arreglaban el mundo al contrario. Por lo que sin decir mucho más, la pareja guardó sus maletas y en el maletero del auto para luego ingresar en el vehículo.

Su estancia en Londres había culminado.

Una vez en el aeropuerto, mientras Volkov sacaba las pertenencias de ambos y H se despedía de su padre, el italiano batallaba entre abrir o no su boca. Después de todo, una cosa era "molestar" al ruso con su relación amorosa y otra era hablarle de su vida personal a Él Dios Malo.

— Gracias por traernos — le dijo H a su padre antes de tomar su mochila — le diré a mamá que volverás pronto, seguro preguntará por ti...

— Tan pronto termine mis deberes acá volveré a Los Santos — respondió este — o quien sabe si dentro de poco estoy de regreso para terminar lo que ya inicié.

— Ya viene el viejo con lo mismo — dijo V desde atrás al haber estado escuchando la conversación.

— También te extrañare rata rusa — le respondió con una sonrisa sarcástica mientras que este se apartaba un poco para verificar que sus boletos estuviesen correctos

— Nos vemos pronto padre — se resignó a decir H mientras negaba y se proponía a caminar hacia donde había ido el mayor.

— ¡H Espera! — le gritó el italiano dejándolo confundido y frenando su andar — oye... se que yo más que nadie no tengo el derecho a decirte esto... — comenzó dudoso mientras evitaba hacer contacto visual.

— ¿Entonces para qué lo haces? — lo interrumpió ya de malhumor. Lo último que necesitaba era hablar con el rubio.

— Porque al igual que tú perdí un hermano... — le cortó dejándolo perplejo — Y se que... es difícil todo esto y que... — comenzó a decir tratando de no derramar una lágrima — probablemente nunca lo superemos, pero tú por lo menos tienes a alguien más.

— ¿A qué te refieres? — preguntó el de cresta, si bien no estaba pasando por su mejor momento (otra vez) como para escuchar al italiano, la intriga le era mayor.

— Me refiero a que... — Tomó aire nuevamente para obtener el valor y mirarlo — tienes suerte en tener a alguien que siempre te apoye cuando lo necesitas — comenzó a decirle con ilusión — de tener a alguien que siempre esté para ti, para cuidarte, apoyarte y protegerte... — soltó una pequeña risa de lástima para sí mismo — yo nunca tendré alguien así... mucho menos a alguien que vaya a un país o cruce un continente entero por estar para mi...

Finalizó dejando al ex-director del FBI confundido, si bien entendía lo que el Italiano le había planteado, no lograba comprender el porqué de decirle esas palabras. Por lo que aún pensando en ellas solo le dio una pequeña sonrisa al rubio para luego voltearse y seguir con su camino hacia donde el ruso lo estaba esperando.

Quizás a pesar de todo... esto habría sido el fin de sus malos ratos... quizás su estancia en Londres le había servido para cerrar más de un capítulo en su vida... y poder comenzar otros totalmente diferentes. Capítulos llenos de felicidad, esperanza y... amor.

~•~

One-Shots: Volkacio Donde viven las historias. Descúbrelo ahora