Capítulo 22: El Nacimiento de la Oscuridad

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Matías

La lluvia caía con suavidad, como si en vez de agua fueran plumas danzando por el cielo y cayendo sobre mi cuerpo. A pesar de que llovía, el ambiente era cálido, dado que estábamos en pleno mes de Agosto.

Barcelona en verano está más viva que nunca. Los turistas danza a sus anchas con cámaras en mano. Pasean sus modelos más excéntricos y sus sonrisas más sonoras. La calle Paral·lel, es hermosa, extremadamente larga con diversos teatros, unos de los más famosos de la ciudad Condal.

Me encanta pasear por esa calle en concreto, comenzar por el puerto y llegar hasta donde mis piernas soporten. Hoy, en especial, no me importaba mojarme porque disfrutaba del ambiente, a pesar de que mi camisa y mis pantalones estaban empapados.

Aproveché el tranquilo paseo para dejarque mi mente se quedara en blanco. Desde que perdí a Diana en aquel trágico incendio, mi vida se descarriló. Estaba seguro que el fuego fue provocado, que alguien asesinó a mi mujer y luego inventó mi muerte. Aproveché ese suceso para poder investigar el asesinato de mi esposa. Pero ha pasado años y no he avanzado en la investigación.

Rebusqué una vez más en mi bolsillo buscando ese papel que me ha acompañado durante tanto tiempo. Estaba arrugado, manchado y desgastado. Me paré y me senté en un banco. Abrí la nota una vez más y leí en voz baja: "Jacob".

Daba igual las veces que lo leyera, las veces que pensara, nunca supe cómo llegó ese papel a mis manos. Mi instinto decía que estaba relacionado con la muerte de Diana, pero no sabía exactamente porqué.

Respiré hondo y levanté la vista del papel. Me quedé perplejo al ver el edificio que emergía delante de mí: "El Molino" se podía leer. El edificio tiene una puerta que triplicaba mi altura, los adornos se asemejaban a los antiguos edificios romanos. Las columnas corintias se alzaban con majestuosidad y los focos gigantes iluminaban haciendo así que pareciese una discoteca. Contemplé como un mar de personas se centraban en la puerta, esperando la hora de apertura.

Sentí curiosidad por entrar, pero había mucha gente y no me gustaba la aglomeración de personas. Así que intenté buscar otra manera de entrar. Me levanté decidido a ir a un lateral del edificio. Caminé despacio lentamente y llegué a un callejón. Allí estaba las escaleras de incendios.

En la barandilla se encontraba una chica. Vestía una falda de picos transparente de colores. En las puntas descansaba monedas de bronce que replicaban a dar golpes contra ellas. Sus caderas y su estómago descansaban al aire libre. La parte de arriba se tapaba con un bikini y en sus hombros se posaba su larga cabellera rubia. Era hermosa, casi estaba a la altura de Diana, aunque físicamente no se parecían en nada.

En ese momento la chica me miró y en su mirada pude encontrar en una milésima de segundo a mi difunta esposa. Ella no se percató de mi presencia o sencillamente no significaba nada para aquella mujer hermosa. Su mirada era triste, una mirada que pedía auxilio con gritos insonoros. Su esencia estaba perdida, desubicada, buscaba un motivo por el que subsistir.

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⏰ Última actualización: Apr 25, 2018 ⏰

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Eddie (Pausada)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora