Capítulo 60 -Proyecto genético de Tiamat. Capítulo I-

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»Al tiempo en que el proyecto transcurría —continuaba explicando—, diversas partidas de obreros nibiruanos, especializados en la extracción de minerales, se repartieron estratégicamente por toda la superficie de nuestro planeta. El oro[1] es un elemento químico muy apreciado por ellos, pues la manipulación de éste hacía posible el mantenimiento de las capas altas de la atmósfera del planeta-nave Nibiru, indispensable para la vida de sus habitantes.

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[1] Se hace referencia al elemento puro creado bajo condiciones únicas y extremas en el núcleo de las supernovas cuando éste colapsa. Al cesar la reacción de fusión nuclear, capas superiores de la estrella se desploman sobre el núcleo estelar, la materia es comprimida y calentada de tal forma que los metales más ligeros se fusionan dando lugar a metales más pesados como el oro.

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Todos parecían interesados en las explicaciones, y Peter, además, se mostraba entusiasmado garabateando su libreta.

—Las pruebas genéticas seguían sucediéndose, mas éstas apenas ofrecían los resultados esperados. Cuando no era la capacidad mental era la física, ambas no se desarrollaban lo suficientemente a la par como para que la criatura evolucionara a la velocidad que ellos estimaban, por lo que las creaciones iban descartándose una tras otra. En cada ensayo fue necesario emplear mucho tiempo.

»Mientras eso ocurría —exponía Izaicha cuando empezó a acortar sus pasos—, la unión matrimonial entre Anu y Ereshkigal, que ya mencioné anteriormente, dio como resultado el nacimiento de un varón. Su aspecto era reptiliano como el de la madre. Creció y desarrolló sus conocimientos en las orillas de ambas culturas familiares. Además de llegar a ser un científico ejemplar, también fue, como era de esperar, un gran estudioso en el campo de la genética. Pero gracias a la educación maternal, éste adquirió un gran valor espiritual, raramente antes visto en la raza nibiruana. De hecho, el nexo que existía hacia su progenitora lo aproximaba sentimentalmente mucho más a Tiamat que a otro lugar. Según vuestra concepción del lenguaje, podríais considerarlo como un filántropo. Tal fue llamado Enki.

El ceño fruncido de Marvin lo decía todo.

—Lo siento pero —se disculpó después de que Izaicha se diera cuenta de su gesto—... no imagino un ser... en fin... ya sabes...

Con disimulo, Norman, que se encontraba al lado de su compañero, le ofreció un pequeño codazo.

—Un ser reptiliano como yo —se antepuso ella al comentario— que posea un amor profundo por los demás.

La rápida reacción de Izaicha dejó a Marvin ruborizado.

—Amigo —dijo ella deteniéndose ante él y clavándole la mirada vertical—. No sólo los seres humanos disponen de la facultad de amar.

—No se lo tenga en cuenta, por favor —suplicó Peter—. Aún nos cuesta asimilar todo esto.

—No es nada —expresó ella—. Es bueno que desmontéis todos vuestros prejuicios.

Quizás aquella respuesta de Izaicha a la "inoportuna" intervención de Marvin, sirviera para agilizar el camino de lo que a continuación ésta tenía en mente contarles.

—En sus ratos de ocio —retomó la historia después de sentarse nuevamente—, Enki gozaba perdiéndose en el interior de los bosques de la superficie de Tiamat, disfrutando de su alma solitaria. Le placía observar la naturaleza de su amado planeta en todo su esplendor; examinaba el comportamiento de los animales y la interacción entre las diferentes especies; mostraba gran atención a la propia existencia de la vida y la respetaba profundamente. A menudo se abandonaba en profundas reflexiones. Sin embargo, siempre presto a ayudar, nunca renunciaba a los problemas familiares. Comenzó a percibir la preocupación de su padre, angustiado éste por cómo se estaba desarrollando el proyecto que había encomendado a su hermanastro Enlil. Esto hizo incitarlo a estudiar más en profundidad las conductas y características de las dos razas autóctonas de homínidos que ya existían en la superficie del planeta: tales eran la Neanderthal y la Cro-Magnon. Físicamente poderosa una, y más capacitada mentalmente la otra. No obstante, según la demanda de la Confederación, ambas con un tardío desarrollo evolutivo.

—¿Quieres decir —mostraba especial interés Peter— que estas dos especies podían haber evolucionado por sí mismas?

—Sí. Aunque según las observaciones tecnológicas de Enki, quizás la Neanderthal nunca llegase a nada. No obstante, la Cro-Magnon disponía de serias posibilidades.

—Pero los nibiruanos no podían esperar tanto tiempo —añadió Peter.

—Efectivamente. De ahí que Enki observara las capacidades de ambas razas y decidiera mezclar su genética. Los resultados fueron satisfactorios. Mas el periodo evolutivo seguía siendo demasiado lento, tal y como la Confederación Galáctica requería para su Proyecto de Integración de Polaridades que necesitaba esta zona de nuestro universo.

—¡Vaya con las prisas! —replicó Marvin.

—A escondidas del hermanastro —proseguía Izaicha—, Enki continuó investigando por su cuenta.

—¿Entonces Enlil no estaba al tanto de sus experimentos? —preguntó Peter entusiasmado por la historia.

—No sabía absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo a sus espaldas —negó ella con la cabeza.

—Debió contárselo —observó Eddie—. Quizás de haberlo sabido, éste le hubiese permitido trabajar junto a él.

—Es posible —dijo Izaicha—. Pero hay algo que aún no os he contado. Enlil fue un ser que nació en la posición más alta de la soberanía nibiruana, así fue educado y bien se encargaba de hacérselo saber a todo el mundo. Era una persona ambiciosa y egoísta, vil cuando algo o alguien interfería en su camino. Aunque de naturaleza híbrida nibiruana, su forma física era de aspecto humano —justo en ese instante Izaicha dirigió la mirada a Marvin, preocupada por la reacción de éste—. Sin embargo —prosiguió—, Enki, físicamente semejante a su madre como recordaréis, aunque quizás de rasgos reptilianos más suaves, desde siempre intentó acercarse a su hermanastro, pero éste lo rechazaba continuamente. La historia dice que la relación personal entre ambos nunca fueron buenas, sino todo lo contrario.

—Pero, ¡tuvo que existir una gran diferencia de edad entre ellos! —expresó Eddie—. ¡Enlil casi podría ser su padre!

—Cierto —asintió ella—. Aunque debéis recordar no obstante que su esperanza de vida no es como la vuestra; la media supera los tres mil años. El periodo de tiempo juvenil es muy aproximado al vuestro, por lo que la vida de adulto es muy prolongada en el tiempo. La diferencia de edad entre los dos hermanos rondaba los ochocientos años terrestres.

—¡Wow! —exclamó Marvin.

—Es por eso que Enki —continuó Izaicha— comenzó a trabajar por su cuenta con total discreción. Desde el principio supo que corría un gran riesgo si alguien más conocía de sus actividades, mas no le importó en absoluto. Sus intenciones sólo pasaban por apoyar a su hermanastro. Él no perseguía reputación alguna, ni el éxito, ni tan siquiera quitar el puesto a Enlil. Él tan sólo deseaba ayudar a la causa, y que su padre Anu llevase a buen termino el proyecto genético y salvara su reputación.

»De manera que, movido por el carácter filantrópico que le atesoraba, y aún sabiendo de los problemas que le conllevaría su iniciativa, prosiguió sus investigaciones con más entusiasmo que nunca. Su amor por la existencia lo llevó a realizar algo que después le traería consecuencias personales muy graves. Sin embargo, alguien muy cercano a él comenzó a darse cuenta de sus movimientos, ésta fue su hermanastra Ninurshag —volvió a suspirar Izaicha—. A ella también le gustaba perderse por la naturaleza y disfrutar observándola. Fue allí donde poco a poco, y en el más absoluto secreto porque no la descubriesen, comenzó a aflorar en su interior un sentimiento muy especial por Enki, por supuesto, sin que éste ni nadie lo supiera. Con el tiempo, ambas almas se enamoraron...

Justo en ese instante, Izaicha detuvo de repente su explicación volviendo el rostro hacia la puerta. Alguien había irrumpido inesperadamente el habitáculo semicircular.

EL SECRETO DE TIAMAT¡Lee esta historia GRATIS!