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Capítulo 7 -Extrañamente cóncavo-

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Esta vez con una motivación renovada, emprendieron nuevamente la marcha. La llanura blanca y nevada permitía un mejor desplazamiento, aunque debido al cansancio poner un pie delante del otro se hacía cada vez más fatigoso. La brújula continuaba inservible. Solo el instinto y el misterioso aumento de la temperatura los llevaba a orientarse hacia adelante, dejando tras ellos la blanca cordillera montañosa. Caminaban en fila india, siendo Eddie el primero de los cuatro, seguido por Marvin, después Peter y por último Norman que debido a su carácter introvertido, gustaba ir siempre detrás. Peter, aunque físicamente estaba bien preparado, era el que disponía de una menor resistencia, por lo que tuvo que ser ayudado por sus compañeros en algunos tramos.

Transcurrieron veinte horas sin un reconfortante descanso, y sin dormir un solo minuto desde que dejaron el Trimotor, solo pequeñas paradas para recuperar el aliento, beber agua o tomar algún alimento. Sentían calambres en las piernas y no aguantaban muchos más kilómetros sin que se resintieran. Sus cuerpos se tambaleaban a cada paso. Solo la información de Peter, cuando éste consultaba el termómetro, de que poco a poco iban abandonando el frío, los motivaba a seguir adelante. Teniendo en cuenta la temperatura habitual de la Antártida en la estación de verano, una temperatura de menos 4ºC en medio del polo, como poco, era para ellos casi un lujo; era como estar en una isla tropical en medio del océano. Motivo por lo que algunas prendas que antes les protegía del terrible frío, ahora les incomodaba. Comenzaron a descubrir sus rostros y se colocaban el pasamontañas en la zona del cuello en forma de bufanda. Las capuchas de los anoraks las dejaron caer sobre sus espaldas. Ahora solo portaban sobre sus cabezas las gafas especiales que les protegían de posibles afecciones oculares, producidas por el reflejo en la nieve de los rayos del sol. Para ellos, aquello no dejaba de ser absurdo e incomprensible. Por mucho que la racionalidad diera algún tipo de lógica sobre el extraordinario aumento de temperatura, seguían sin entender absolutamente nada.

Eddie caminaba delante, y de repente frenó bruscamente su marcha, quedando inmóvil por completo mientras clavaba sus botas en la superficie nevada, cuando vislumbró el horizonte.

Marvin, que iba justo detrás, casi tropieza con él.

—¿Te ocurre algo Eddie? —preguntó.

—¿Es que no lo veis? —dijo Eddie sorprendido con la vista clavada en el horizonte.

Los tres amigos se miraron alarmados, temieron por la salud mental de Eddie, creían que a éste le comenzaba a afectar el cansancio.

—Solo vemos nieve y más nieve en el horizonte. Creo que debemos parar un rato para dormir Eddie —dijo Marvin preocupado poniéndole la mano en el hombro.

—¡El horizonte, el horizonte! —gritó Peter señalando con el dedo.

Ahora era Marvin y Norman los que entre ellos se miraban extrañados, no entendían que querían decirles Peter y Eddie sobre el dichoso horizonte.

—¡Cóncavo, es cóncavo! —dijo Peter exaltado—. ¿Es que no lo veis?

Marvin y Norman miraron al horizonte, desesperados giraron sus cabezas de derecha a izquierda intentando escrutar mejor lo que Eddie y Peter asombrados les decían. Efectivamente, por fin dieron buena cuenta de que el horizonte no era el de siempre. Durante un minuto solo se oía las fuertes respiraciones de los cuatro; quedaron enmudecidos ante tan increíble escena, totalmente fuera de lógica. Los extremos del horizonte ya no curvaban hacia abajo, sino que lo hacían hacia arriba y de una forma más pronunciada. Parecía sacado de un cuadro de algún pintor surrealista. ¿Qué es lo que estaba ocurriendo? Esa era la pregunta que se hacían mentalmente todos. ¿La Tierra había cambiado su geometría esférica, para convertirse en un globo flácido recién desinflado? ¡No era posible!

—Quizás estemos cerca de resolver el misterio sobre el aumento de temperatura, ¿no creéis chicos? —planteó Eddie escudriñando el horizonte con los prismáticos.

—Tienes razón Eddie, creo que esto debe tener mucho que ver con el incremento brusco de los grados. En estos momentos estamos a tan solo menos 2ºC —expuso Peter mientras observaba el índice de temperatura de su termómetro.

—Muchachos, disculpadme —expuso Norman con gesto reflexivo—, pero no entiendo que tiene que ver el aumento de la temperatura con el horizonte invertido. Es todo muy extraño.

—Estoy contigo —dijo Marvin.

—Bueno, realmente nosotros tampoco lo sabemos —comentó Eddie—, pero el hecho de que ambos componentes hayan coincidido en el tiempo es muy relevante. Cuanto más nos acercamos a la geografía de ese extraño horizonte, mayor es el aumento de la temperatura —terminó de explicar mientras aflojaba el tapón de su cantimplora.

—Teniendo en cuenta que la Tierra es redonda, cuando observamos el horizonte, éste lo vemos con los extremos hacia abajo y el centro curvo hacia arriba, ¿no es cierto? —expuso Peter—. Lo que nos indica este horizonte invertido, es que nos dirigimos hacia un agujero enorme.

—Eso es lógico, acabamos de ascender más de mil metros de montañas —dijo Marvin sonriendo—, seguramente estemos a punto de bajarlas de nuevo y su forma geográfica sea semicircular, por lo que el horizonte lo vemos invertido —concluyó de exponer su teoría.

—Quizá sea así —expresó Peter.

—Hay algo que no me cuadra —apuntó Norman—, y es la forma tan perfecta en su curvatura. Podría ser una coincidencia con las formas geométricas de las montañas que conforman esta meseta. Sin embargo, no lo creo. Sigo insistiendo que hay algo muy extraño en todo esto.

—Pero, si el horizonte que estamos viendo fuese una simple forma caprichosa de la meseta, ¿por qué no vemos lo que hay justo detrás de ella? —expuso Eddie.

—Eso es cierto —afirmó Peter—, justo en medio del horizonte invertido veríamos parte del horizonte normal. Además, miremos para donde miremos, el horizonte siempre es el mismo, es decir, siempre se ve invertido, excepto en las montañas que hemos dejado atrás. Lo siento Marvin pero no comparto tu teoría, aunque reconozco que por el momento no puedo dar explicación científica a todo esto.

—Entonces, según tú —planteó Norman—, si nos dirigimos a un enorme agujero, habría un ligero desnivel, cosa que creo no ocurre.

—Buena apreciación Norman, eso tampoco lo puedo explicar —dijo Peter reflexivo.

Eddie no dejaba de observar el horizonte con sus prismáticos, sin entender qué es lo que estaba ocurriendo. Nadie tenía respuestas convincentes a los dos extraordinarios fenómenos, por lo que después de varios minutos de conversación, aprovecharon para descansar y avituallarse de nieve en las cantimploras.

Más tarde, continuaron caminando durante otras dos horas en un profundo silencio. No obstante, sus mentes racionales no paraban de reflexionar internamente.

Poco a poco, sorprendentemente, el horizonte cóncavo se tornaba de blanco inmaculado a un misterioso blanco cada vez más grisáceo. Eddie advirtió a todos del cambio de color y volvió a utilizar sus prismáticos; a lo lejos, lograba atisbar una especie de superficie pedregosa y medianamente llana, en la que el hielo parecía desaparecer por trozos. De forma inmediata, Eddie lo comunicó a sus compañeros para intentar levantar los ánimos. En aquel momento, las fuerzas no daban para mucho más, sin embargo, ahora tenían que lograr llegar hasta aquella zona. Era la oportunidad idónea de encontrar algún sitio adecuado para descansar y dormir en buenas condiciones, y conseguir reponer las energías que ya les faltaban desde hacía mucho tiempo.

EL SECRETO DE TIAMAT¡Lee esta historia GRATIS!