Capítulo 29 -Cuando la desesperación colma su límite-

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Nueva York

Mientras aquello ocurría en el poblado, en una oficina de la ciudad de Nueva York, el director encargado de dar caza al grupo de expedicionarios decidía potenciar aún más la búsqueda. Cada minuto que pasaba sin recibir noticias al respecto multiplicaba la preocupación de la organización secreta, y la tensión entre sus integrantes se hacía cada vez más evidente.

—¡Libera a todos los Dracontes! —dijo con rotundidad a su subordinado.

—Señor Brandon, ¡no podemos hacer eso! —explicaba el científico jefe de uno de los proyectos genéticos militares—. ¡No hace ni medio día que soltamos a los diez que tenemos mejor instruidos! Sabemos con seguridad que responderán a su programación. Solo necesitan un poco de tiempo.

—¡Me da igual! —gritó exasperado dando un puñetazo sobre la mesa— ¡Quiero que los soltéis a todos! ¡Es una orden!

El desgraciado científico no sabía cómo hacer razonar a su jefe, ya que sabía del peligro que conllevaba la liberación del resto sin previa programación.

—Señor, le pido, por favor, que reconsidere su postura —dijo desesperado—. Estamos dispuestos a duplicar los esfuerzos por programar alguno más en pocas horas.

—¿En pocas horas? ¿Cuánto tiempo necesitáis para programar al resto?

—Señor, para el resto son necesarios meses de intenso trabajo. Quizá en unas veinte horas podremos terminar otros dos.

—¡Veinte horas...! ¡Dos...! —exclamaba gritando mientras se puso en pié. Después comenzó a moverse agitado de un lado a otro detrás de su sillón—. ¡No hay tiempo para eso! ¡Quiero que soltéis todas las unidades!

—Señor Brandon, las unidades que fueron liberadas han sido probadas hace tan solo unos meses y los resultados fueron más que favorables. Por contra, si soltamos al resto de los Dracontes puede ser una tragedia, no están preparados para ser expuestos al exterior, y aún no tenemos suficientes garantías de poderlos controlar. Podrían incluso actuar contra nuestro propio personal.

—¡Me importa un bledo tu personal! —exclamó en tono despectivo—. ¡Tenemos que eliminar a esos desgraciados antes de que sea demasiado tarde! ¡Mi puesto está en juego, lo entiendes imbécil!

—Señor Brandon —insistía nervioso delante de la mesa—, igualmente lo estará si damos un paso en falso.

—¡Está bien! —exclamó furioso—. Esperaré sólo un poco más. ¡Pero quiero resultados! ¡Ya!

—Se lo prometo señor. Haré todo lo que esté en mi mano.

—¡Largo de aquí! —concluyó alzando su voz mientras señalaba la puerta.

EL SECRETO DE TIAMAT¡Lee esta historia GRATIS!