Ahora sí se viene lo chido :v
Bueno, no es novedad que me tarde un poco para lo divertido, ya lo habrán aprendido con los ciento no sé cuántos capítulos de Elián xD
Si quieren (para mejor ambiente) pueden poner su playlist favorita 💕
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Me recosté sobre la superficie de mi pupitre y solté un suspiro de aburrimiento, como siempre mi profesor llegaba tarde y no era algo de sorprenderme. Esta mañana había oído a mis padres discutir, no es algo que sucede siempre pero cada vez que ocurre me deja un tanto intranquila, aunque ni siquiera habían gritado.
Miré la pantalla oscura de mi teléfono celular y comencé a darle vueltas con el dedo, quería hablar con alguien de lo que me ocurría, Chloe en este caso sería de mucha ayuda y también podría comentarle lo de Rory sin ser juzgada como loca, pues aún recuerdo la herida que la pequeña tenía en su mano y que de pronto ya no estaba.
Extraño a Chloe, era mi mejor amiga, a veces ni siquiera entiendo cómo me levanto cada día sin llorar por ella, la quiero y no volveré a verla, así como tampoco volveré a ver a Theo, quien también fue mi buen amigo.
Pensar en ellos, en el accidente y oír la voz de mi amiga gritándome por ayuda, diciéndome que alguien la seguía pero yo no podía socorrerla, era devastador.
De pronto los ojos se me habían cubierto de lágrimas y las limpié rápidamente al oír pasos acercarse.
–¿Estás bien?
Evan cruzó junto a mi pupitre y se paró delante, traía unos vaqueros oscuros y una camiseta blanca de mangas cortas, incluso ante el frío que estaba yo sintiendo ¿Es que soy la única que percibe el pronto invierno?
–Sí, solo... pensaba –respondí vagamente y tragué saliva para aclarar mi garganta que traía un nudo en medio.
Evan no preguntó más, solo asintió y se sentó ante su escritorio.
–Bien, hoy comenzaremos con...
–¿Alguna vez se sintió perdido? –la pregunta salió de mí más rápido de lo que pude analizarla y al ver que de inmediato tuve sus ojos celestes grisáceos puestos en mi ser me sentí pequeña.
–¿A qué te refieres?
–Solo –respondí –¿Alguna vez sintió que perdió algo tan grande, el cual le ha dejado un vacío y por momentos siente que no tiene nada aún cuando hay ciertas personas a su alrededor?
¿A qué venía todas estas preguntas? Ni yo lo entendía.
Y para mí sorpresa, luego de un instante analizado, Evan contestó con clara seguridad.
–Sí, pero no podría explicarlo, no lo entenderías –llevó sus manos a la nuca y se recostó contra el respaldo de la silla –Pero si sirve de algo, puedo decir que ahora estoy mejor pues de cierto modo lo recuperé de una manera más valiosa.
No sabía a qué se refería ¿Acaso hablaba de una persona como yo? ¿Estaba diciendo que perdió a alguien y que luego la recuperó de cierta manera pero mejorada? ¿O se trataba de un objeto?
–Lo que yo perdí jamás podrá volver –dije con tristeza.
–No creo que sea imposible –me dijo y esbozó una sonrisa ¿Acaso se burlaba de mí? No, no lo parecía ¿Pero por qué se veía tan confiado? –Sabes, tú me recuerdas de cierto modo a Amy.
¿Amy? Claro, era la mujer que vi en casa de Victoria la vez que lleve a Rory, ella era pareja de Evan.
–¿Por qué? –pregunté. La verdad era que yo no veía parecido entre nosotras dos.
–Porque eres todo lo contrario a ella, eres tan opuesta que pensar en cómo serías tu siendo lo contrario a lo que ya eres, me lleva a la conclusión de que Amy sería tu contra versión.
Eso se oyó como un trabalenguas pero logré comprenderlo y me reí por lo bajo.
–Ella es tan prudente la mayoría de las veces, siempre preocupándose por lo que pasa o podría pasar, siempre queriendo ser el escudo de los demás aún con la posibilidad de salir dañada. Cuando sufre es porque ve a los demás sufrir, no piensa en ella y mayormente intenta buscar el modo de resolver los problemas ajenos sin lastimar al enemigo, a veces olvidando que por sus acciones diplomáticas hiere a los suyos.
¿Sin lastimar al enemigo? Se oía como si hablara de un universo paralelo donde su chica fuese una especie de guerrera en batalla que prefería charlar antes de pelear.
–Pero tú te ves diferente, no pareces pensar mucho la situación, te aventuras al riesgo preocupándote por los demás como ella pero enfrentándote a la derrota de todos modos. Cuando sufres es por lo que sientes y aún teniendo empatía no pareces hacerte cargo de las penas ajenas, es algo un tanto egoísta.
«Hasta puedo suponer que en un momento de conflicto tú atacarías al enemigo sin pensar en darle una pena justa a diferencia de ella, te veo tan impulsiva que no me sorprendería saber que haz ganado sin detenerte ante las bajas.
Me reí mucho haciendo que aquella expresión seria en Evan desaparezca.
–¿Es una broma verdad? –seguí riendo –¿Cómo una persona como usted puede deducir todo ello de mí con un par de clases? Como si me conociera, eso sí es gracioso.
–Creo que soy bastante perceptivo, niña vulgar.
–No se ofenda, pero usted actúa como un rarito.
Evan puso los ojos en blanco y luego tomó uno de los libros junto a él.
–Basta de charlas, comencemos.
****
La pequeña niña de cabellos negros y ojos azules dió un par de vueltas por la habitación llevando en su mano una muñeca con alas, fingiendo que realmente podía volar cual hada. En su semblante angelical se dibujaba una linda sonrisa y todo iba bien hasta que se detuvo de golpe para ver la noche a través de una ventana; el cielo oscurecido no fue lo que le causó terror sino la presencia de una mujer mirándola fijamente y detrás de ella habían más personas.
¿Quiénes eran?
***
Flashback: Una hora antes.
Estaba Clary sentada en una silla con alto cabezal cual trono, traía las piernas cruzadas y en sus manos hacia flamear unas llamas rosas que danzaban ante sus ojos avellanas.
Este poder que regía en su interior era impresionante, lo sentía fluyendo por su cuerpo como un líquido caliente que por cada instante deseaba salir.
¿Así que Amy vivió con este fuerte sentimiento dentro de ella y lo contuvo por tanto tiempo? Era tan tonta ¿Por qué querría ocultar un poder tan grande? Con el debía de sentirse indestructible y podía haber conquistado tantos lugares, sin embargo no fue lo suficientemente inteligente.
–Mi señora, estamos listos –uno de sus secuaces se agachó ante ella con un puño sobre el pecho cual señal de respeto. Ambos vestían trajes de combate negro, listos para la lucha cuando sea que ésta aparezca.
Clary sonrió, fue una sonrisa cruel y malvada.
–Es una pirámide, Amy está en la punta de ella, pero para aniquilarla primo debemos destruir sus pilares –la mujer observó a su lacayo y se puso en pie –Comenzaremos por los líderes de aquellos otros clanes.
–Sí, mi señora. –el sujeto se puso en pie y ante una señal de su ama se alejó sin más.
–Lo mejor es que ellos dos viven juntos, será pan comido con este gran poder –murmuró para sí misma.
El objetivo estaba dicho, Thomás el alfa de los licántropos y Victoria la reina vampiro caerían esta noche dejando a sus clanes sin saber qué hacer.
****
Hora actual...
Thomás empujó suavemente con el hombro a Victoria mientras ella preparaba la cena y reían juntos por un chiste recién hecho, él por su parte la ayudaba limpiando y apilando los platos que llevarían a la mesa.
–Ya te he dicho que no, con una está bien. Rory me causa muchos problemas y vale por dos –dijo la vampiresa.
Thomás echó un suspiro, dejo los platos a un lado y abrazó a la vampiresa por detrás para apoyar su mentón sobre el hombro de ella y susurrarle al oído.
–Pero ella quiere un hermano y yo también quiero un bebé, un varón –le besó el cuello –¿Qué dices?
Victoria se volteó a verlo, aún siendo abrazada y le apoyó las manos sobre los hombros. Thomás era tan lindo, no solo física sino sentimentalmente, él era dulce, amable, divertido, justo y protector, era literalmente lo que toda chica merecía, estar con él significaba lograr una relación sana y duradera donde el respeto y el amor sería una escencia.
–Que no necesito tener un hijo más, contigo y Rory es suficiente –bromeó y luego besó a su pareja –Te quiero Thomás, eso es lo importante.
El chico de cabellera castaña y ojos cafés se mordió el labio inferior queriendo ocultar su sonrisa pícara.
–¿Lo suficiente para tener un bebé? –preguntó en broma y vio a Victoria fruncir el ceño pero no con enojo, sino reprendiéndolo –Bueno, bueno, no te molestes, es solo que la mejor parte de tener un bebé es hacerlo y si es niño será mejor, será mi aliado de aventuras.
–Desastres querrás decir –lo corrigió –Además ya tienes a Rory y ella es como torbellino de travesu...
De pronto la vampiresa guardó silencio, había un olor particular en el aire, muy cerca de la casa ¿Cómo es posible que no lo haya notado antes?
Y cuando miró con sus ojos azules al chico lobo notó como éste también se había percatado de las presencias cercanas, cambiando rápidamente su semblante de calma a un estado de alerta.
–Destructores –llegó a susurrar cuando oyó el grito de Rory proveniente de la entrada principal.
–¡Papá!
Victoria hizo a un lado a Thomás y junto con él salieron corriendo hacia aquel ruido sin dudar un instante.
Al detenerse junto a las escaleras Rory vino corriendo hacia ellos, totalmente atemorizada y abrazó a su madre por la cintura.
Los ojos azules de la vampiresa se tornaron de un violeta intenso y su mirada de odio se fijó en aquellas personas que abrieron la puerta sin dificultad, rompiendo el seguro.
La mujer que ingresó fue reconocida de inmediato como Clary, tantos años sabiendo de su presencia, no podían confundirla pero, su aroma era distinto, además ella lucía algo cambiada como más segura de lo que ya era. Ambos líderes de clanes sabían que era por la magia arrebatada a Amy, esa rubia volvía a ser una bruja y de las más poderosas.
–Hola chicos, espero no haber interrumpido algo importante.
Thomás dió un paso al frente protegiendo a su familia, le sorprendía el hecho de que solo eran cinco personas y una de ellas era Clary ¿Acaso eran tontos como para venir en tan poca cantidad?
A diferencia de Victoria quien de inmediato se sintió intranquila, saber que Clary acudía con pocas personas significaba una sola cosa; estaba segura de los resultados que tendría este enfrentamiento.
–¿Cómo te atreves a venir? –siseó el alfa.
–Estoy harta de esconderme, es hora de comenzar dar pie al final –respondió ella y al chasquear los dedos las cuatro personas que iban detrás suyo tomaron sus katanas en mano y atacaron.
Rory gritó asustada y Victoria la cubrió con su cuerpo al momento donde el filo del arma le cortó parte de la piel el el hombro, haciendo que una enorme mancha de sangre tiñera su ropa, esas armas estaban hechizadas para que con su toxina hicieran que la regeneración del vampiro sea mucho más lenta.
–¡Mami! –lloriqueó Rory al verla herida pues nunca antes había presenciado algo igual.
–¡Llévatela de aquí! –le gritó Thomás, él uso uno de los percheros de pie que estaba cerca suyo para defenderse puesto que el volverse lobo en un espacio reducido solo sería una muerte segura.
Victoria tomó a Rory de la mano y se alejó corriendo hacia la cocina, la niña se rehusaba pidiendo a gritos por su padre que se quedó a solas con dos destructores y su líder, solo que la Clary ni siquiera se interpuso en la pelea, estaba muy segura de que sus lacayos ganarían.
Al llegar a la cocina la vampiresa tomó los cubiertos de sobre la mesada y los arrojó hacia aquellos dos sujetos que la perseguían, clavándole en el pecho las filosas hojas, sin embargo aquellos dos enemigos no cayeron al suelo y se removieron las cuchillas del cuerpo sin dificultad.
Se suponen que eran humanos entrenados, no eran criaturas de Dominic y aún así seguían en pie.
El espanto se reflejó en el rostro de aquella mujer, ellos no eran inmortales pero de seguro la magia de Clary tuvo algo que ver, a diferencia de Amy esa mujer tenía muchos años más de entrenamiento como bruja y sabía hechizos que nadie más podría utilizar.
Victoria ocultó a Rory tras de sí, protegiéndola como si fuese su mayor tesoro y lo era. Respiraba rápidamente no por cansancio sino por miedo, miedo a que le quitarán lo que más amaba en el mundo.
–Bebé, tienes que correr –le dijo observando cómo aquellos dos sujetos caminaban de un lado a otro, como acechandola cual hienas.
–No mami –la pequeña de apenas cinco años se abrazó a la pierna de su mamá con sus oscuras pestañas negras colmadas de lágrimas –No me dejes sola.
La dulce voz de su hija le rompió el corazón pero aguantó las lágrimas porque no era momento para llorar.
–Hazle caso a tu mami niña, de todos modos cuando ella muera iremos tras de ti –dijo un sujeto de cabello al rape.
–Te vamos a cazar conejito –siseó otro mirando a la pequeña con anhelo y de inmediato Victoria gruñó furiosa dando un paso adelante.
Sus ojos violetas brillaban cual llamas, las mismas flamas de irá que ondeaban en su interior.
–No van a tocarla.
El de cabello al rape rió.
–Cuando acabemos contigo me aseguraré de que grite tu nombre por cada dedo que le arrancaré.
Rory comenzó a llorar oculta tras de su madre y Victoria la apartó de ella para mirarla de soslayo con dureza, una mirada significativa que la niña jamás podría olvidar.
–Yo jamás voy a dejarte sola, pero te he dicho que corras. Es una orden ¿Oíste?
La pequeña retrocedió dos pasos hacia las puertas de cristal corredizas tras ella. Ver a su mamá tan enfadada le daba terror pero lo peor fue notar la preocupación en su voz.
–¡YA VETE RORY!
La niña soltó un sollozo y corrió a la salida.
Uno de los enemigos quiso rodear a la vampiresa para ir tras la niña pero ella se puso delante y lo hizo retroceder al arrojarle un cuchillo de cocina que había traído en mano.
–Ustedes son mis enemigos y no se irán de aquí hasta que acabe con sus vidas.
Por otro lado Thomás cayó con una rodilla sobre el suelo, uno de esos sujetos le había cortado los ligamentos y la sangre se escapaba de él rápidamente.
Clary observó dicha situación y sonrió.
–El lobo ha caído –se dijo.
Uno de sus secuaces alzó la katana sobre su cabeza a punto de decapitarlo y fue cuando Thomás susurró "no festejes antes de tiempo." En ese preciso instante el cuerpo del humano se rompió por dentro con una velocidad increíble y sus cuerpo fue reemplazado por el de un imponente hombre lobo.
Clary rió por aquel desesperado y tonto acto, al igual que rieron los otros dos, sin embargo sus sonrisas se desdibujaron cuando el licántropo soltó un aullido desde lo profundo de su ser y resonó en la oscuridad de esa noche para erizarle la piel a cualquiera.
Había llamado a los suyos y estos le respondieron inmediatamente como un coro de lobos a la lejanía, todos igual de devotos a su único líder.
–Hijo de puta –gruñó uno de esos Destructores e intentó atacarlo pero a pesar del poco espacio Thomás logró moverse y con fuerza bruta arrojando al enemigo lejos de él.
–¡Hay que irnos! –gritó Clary.
Ella sabía que a pesar de la magia poderosa que tenía, a pesar de tener años como bruja y saber hechizos antiguos aún no podría aprender a controlar todo ese poder, pues nunca antes había sido dueña de tanta magia, y enfrentarse a un ejército de bestias que podían regenerar sus heridas sería una batalla perdida.
La presencia de los lobos se hizo inminente y sin esperar a sus compañeros Clary salió de aquella casa mientras Thomás se distrajo atacando a aquellos dos sujetos que luchaban con todas sus fuerzas.
Mientras la bruja se alejaba escondió su propio aroma con magia, así como hizo para llegar a la casa de aquellos líderes de clanes sin que pudiesen notar su presencia hasta que fuese tarde.
Los lobos acudieron rápidamente a la llamada de su alfa, algunos vinieron si haberse convertido y se aseguraron de cuidar el perímetro de cualquier humano mientras que unos pocos ingresaban a la propiedad de Thomás por la puerta trasera para ayudarlo sin dudar.
Una vez que los lobos estuvieron dentro acorralaron a esos ex cazadores asegurándose de desmembrarlos parte por parte, de tal modo no volverían a curar sus heridas, no importase cuan poderosa sea la magia de Clary en ellos, ante los poderosos dientes de un hombre lobo no podrían hacer nada.
El increíble licántropo café cayó agotado al suelo, el haber peleado en un ambiente reducido con dos personas que sanaban sus heridas a gran velocidad superando a la de un vampiro y lo atacaban con espadas, teniendo ventaja de que eran más veloces como humanos, lo dejó agotado y muy mal herido. Respiraba con dificultad y trató de calmar su pulso para acelerar la curación en su cuerpo como lobo, si estuviese como humano la historia sería otra.
Luego un chico se acercó a él y le tendió un par de ropas para que se vistiera, fue entonces cuando el cuerpo del licántropo se desvaneció entre crujidos y dolor hasta convertirse en un humano nuevamente.
Al haber sido mal herido las heridas tardaron en cicatrizar, pero cuando estuvo fuera de peligro Thomás se descomvirtió sin importar tener un par de rasguños y pequeños cortés en su cuerpo mortal por no haber esperado lo suficiente a la sanación.
Se vistió lo más rápido que pudo. Aún cansado observó a su alrededor y los lobos que estaban con él se hicieron a un lado, parados en cuatro patas y con la cabeza agacha mientras lo veían con respeto.
Thomás les agradeció con la mirada y uno de sus compañeros se le acercó.
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Diez minutos antes...
Wade colgó el teléfono aún con la mirada perdida, la comida estaba esparcida por el suelo mientras Megan le preguntaba desesperada qué sucedía, él se había puesto todo pálido después de atender aquel llamado justo cuando le llevaba el alimento a la Ghoul.
–Wade, Wade ¿Qué sucede? –lo interrogó preocupada, podía oír claramente el corazón acelerado de aquel lobo –¡Wade!
El pelinegro la miró con sus llamativos ojos dorados.
–Atacaron la casa de Thomás.., Clary lo hizo.
Oír aquellas palabras cargadas de angustia se sintió como si alguien le pusiera a Megan un yunque sobre el pecho.
–Thomás... ¿Thomás está bien? –ella tartamudeo –¿Está vivo?
Wade retrocedió un paso.
–Tengo que irme.
–¡No, Wade! ¡Aguarda! –lo llamó desesperada, tirando de las cadenas tan fuerte que le marcaron profundo en la piel y su grito detuvo al lobo quien volteó a verla lentamente –Por favor, por favor déjame ir, necesito ir.
–¿Para aliarte a Clary y acabar con quiénes están ahí?
Quién llamo por teléfono ni siquiera había dicho si Thomás estaba a salvó, solo dijo que fueron atacados y que el alfa resultó herido. Para Wade que era su abuelo aquello fue aterrador, Tommy era su única familia proveniente de Karen su hija, simplemente no podía perderlo.
–No... –la rubia negó rápidamente. Temblaba de pies a cabeza, no por frío sino miedo, miedo de perder a su amigo –No lo haré, no importa que pase, si aún esa maldita está ahí te juro que no la ayudaré ¡Ni siquiera escaparé!
Wade vio aquel fulgor en la mirada azul de su amiga, cuando hablaba de Thomás ella parecía volver a ser la de antes.
–Si llegó a mentir mátame, no importa. Si tú ves que Clary me ordena atacarlos dejaré que me mates... de todos modos ella lo hará. –y tiró de las cadenas con fuerza, no había lágrimas en sus ojos, una chica fuerte como ella no se rompía en situaciones así, solo deseaba luchar –Por favor, solo quiero saber que él está bien.
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Hora actual...
Thomás siguió el pasillo a la cocina, sus lobos se habían hecho a un lado rápidamente y él supo porqué. Frente a él encontró los cuerpos de aquellos ex cazadores, ambos tenían marcas de haber sido heridos brutalmente, pero solo murieron cuando los lobos les arrancaron la cabeza.
Claro, él apenas pudo luchar contra ellos siendo licántropo y hubiese muerto si con su aullido no hubiese llamado a los demás, era entendible que a un vampiro le costase más la situación.
Su corazón corría con fuerza y un golpe continuó latía en su cabeza al ver las manchas de sangre en el suelo.
Los demás ni siquiera podían verle a los ojos, porque a pesar de aquella mirada dura se contempló la desolación.
Thomás inhaló profundo y alzó la barbilla queriendo verse fuerte cuando los lobos descubrieron el tercer cuerpo, el de una mujer que yacía tumbada de lado con una katana atravesando el tórax desde atrás.
Atravesando su corazón.
–No –balbuceó apretando los puños y gruñendo por lo bajo mientras se detenía a un paso del cuerpo.
No podía creerlo, ni aún viéndolo, era imposible, simplemente imposible.
Se llevó las manos a la cabeza, dudaba ¿Cómo podía creer algo así? No importase que estuviese frente a sus ojos, no era real, no quería que lo fuera.
Sus ojos estaban cerrados, su piel blanca manchada con gotas de sangre y su cabello negro extendidos por el suelo.
Thomás tiró de sus cabellos con desesperación, el dolor que retumbaba por su cuerpo se volvió una pronta agonía y sin más se dejó caer de rodillas al suelo soltando un gruñido gutural que heló la sangre de los demás.
La tristeza del alfa se puso palpar en cada rincón aquella noche, una noche oscura y siniestra que anunciaba lo peor.
De pronto los vampiros comenzaron a llegar, todos ingresaron a la mansión, rodeando al alfa y contemplando con horror tal escena; su jefa, su líder.
–Madre –susurró un chico sin poder contener las lágrimas.
Thomás gritó furioso y golpeó el suelo a puño cerrado sin importarle el dolor de su piel al cortarse contra la cerámica, ningún dolor sería similar a éste, y siguió gritando de frustración queriendo dejar de sentir su corazón romperse.
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Wade se había convertido una vez estando lejos de la vista humana para poder llegar más rápido mientras Megan se le adelantó usando otro camino y su gran velocidad. Pero en medio de su trayecto sola, un olor particular llamó su atención, era similar al de Thomás pero tenía algo más y no supo que era, sin embargo no se iría de allí hasta averiguar.
Siguiendo un sendero de pastos altos y arboleda la Ghoul sintió una presencia cercana que se removió entre las malezas, como si quisiera alejarse.
A paso lento ella se asomó, no había bajado la guardia ni por un instante pero al ver los movimientos supo que se trataba de algo pequeño.
–Sal de ahí –ordenó. Sus ojos eran totalmente negros y unas extrañas marcas surcaban su piel como pequeñas venitas violáceos por no haber comido desde hace rato –Si te muestras no te haré daño, lo prometo.
Dependiendo de cuál sea el resultado su promesa podría variar.
Y de pronto retrocedió al ver unos ojos claros verla de entre las hojas, como miedosos.
Al notar que se trataba de alguien pequeña Megan se relajó un poco para que sus ojos negros dejansen de verse como los de un demonio y volvieran a su azul natural.
–No voy a hacerte daño.
La pequeña niña salió de entre las sombras, tenía las mejillas cubiertas de lágrimas húmedas y tierra, además de manchas en su ropa como aquella gotas carmesí en sus rodillas, aparentemente se había tropezado raspando por consecuencia su piel.
Al ver que se trataba de una niña la joven soltó un suspiro. Esa inocente desconocida tenía unos ojos azules como los suyos y un cabello oscuro cual alas de cuervo, además de una tes blanca haciéndole recordar vagamente a Blancanieves.
Pero tenía el olor de Thomás y pronto los recuerdos volaron a ella, no hace mucho Megan se separó del grupo, antes de eso ella había visto sólo una vez a la hija de Thomás cuando está nació, tan efímero fue el momento que hasta lo había olvidado, sin embargo haciendo cálculos la apariencia de esa niña coincidía con los años transcurridos desde aquella primera y última visita.
–Tú eres...
–Megan –la llamó la niña –¿Tú eres ella no? Te ves como la de las fotos que papá tiene.
La sorpresa de la muchacha no se pudo ocultar y apenas asintió fue sorprendida nuevamente cuando la niña corrió hacia ella y la abrazó sin dudar; la pequeña no le tuvo miedo.
–Rory –susurró Megan y lentamente envolvió sus brazos alrededor de la niña que rompió en llanto, asustada ¿Quién sabe cuánto tiempo estuvo corriendo por miedo a la muerte?
–Por favor, ayuda a mis papás. Hay unos hombres malos en casa, a mamá la lastimaron mucho –le pidió entre sollozos.
–Descuida cariño, nada malo les pasará –le dijo con más seguridad y se agachó ante ella para tomarla de las mejillas y secar aquellas lágrimas que se escapaban de sus lindos ojos –La ayuda ya habrá llegado.
–¿Ellos están bien?
¿Cómo podría responder eso sí no tenía idea?
–Hay que irnos –la tomó en brazos y la pequeña la abrazó nuevamente.
No tenía miedo hacia la Ghoul, no había una pizca de desconfianza en aquel ser inocente, era la primera vez en mucho tiempo que Megan sentía que alguien podía confiar en ella realmente.