Dating Who

By AccioCandies

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Aileen Parker estaba al tanto de que frases como «su toque me electrizaba» no tenía nada que ver con sentimie... More

Introducción.
Capítulo I: El inevitable comienzo.
Capítulo II: Si soy Sandy, tú eres Danny.
Capítulo III: Dos melones y un Calamardo.
Capítulo IV: Manual de cómo no ligar.
Capítulo V: Alerta roja. Esto no es un simulacro.
Capítulo VI: Señor, hay una sotabarba en mi sopa.
Capítulo VII: Nueve maneras de trastornar a Styles.
Capítulo VIII: La hermandad de la terraza.
Capítulo IX: Las reglas son las reglas.
Capítulo X: Girls just wanna have fun.
Capítulo XI: Siete minutos en el paraíso.
Capítulo XII: Catorce minutos en el paraíso.
Capítulo XIII: Champagne Supernova.
Capítulo XIV: Botón del pánico y cosas no tan literales.
Capítulo XV: Paranoia futbolista.
Capítulo XVI: Recuerdos y otros tipos de tortura.
Capítulo XVII: Tal vez "cierto" será nuestro "siempre".
Capítulo XVIII: Ohana significa familia.
Capítulo XIX: El espíritu de los cínicos.
Capítulo XX: La Corte suprema de lo retraído.
Capítulo XXI: Ritos de iniciación.
Capítulo XXII: Almas trastornadas.
Capítulo XXIII: Máquina de referencias.
Capítulo XXIV: Test de Bechdel.
Capítulo XXV: Fase Eminem.
Capítulo XXVI: Los Hombres Lobo de Castronegro.
Capítulo XXVII: Entre líos y nueces.
Capítulo XXVIII: Legalmente tentativo.
Capítulo XXIX: Capas y Cupidos.
Capítulo XXX: No es otra película de Tarantino.
Capítulo XXXI: Ariel no es copa C.
Capítulo XXXII: La gota que derramó el vaso.
Capítulo XXXIII: La hermandad regresa.
Capítulo XXXV: Entrenamiento personal.
Capítulo XXXVI: Un viaje al pasado.
Capítulo XXXVII: Sacrificio de orgullo.
Capítulo XXXVIII: Anti Kit-Cat Clock.
Capítulo XXXIX: Mario Kart en la vida real.
Capítulo XL: El mundo es callado aquí.
Capítulo XLI: Crysta y el ladronzuelo de galletas.
Capítulo XLII: Mi hermano, de molesto a prácticamente insoportable.
Capítulo XLIII: Sin la mente en el juego.
Capítulo XLIV: Soy Batman.
Capítulo XLV: Le Printemps.
Capítulo XLVI: El lugar de recuerdos.
Capítulo XLVII: Tallahassee.
Capítulo XLVIII: iPat y el salvador de cenas.
Capítulo XLIX: Un desayuno a la Parker.
Capítulo L: El reino donde nadie muere.
Capítulo LI: Un penique por una sonrisa.
Capítulo LII: Churi churin fun flais.
Capítulo LIII: La nueva Julia Child.
Capítulo LIV: Súbete, perdedora. Vamos de compras.
Capítulo LV: Solo un segundo.
Capítulo LVI: Arya Hills.
Capítulo LVII: Entendimientos y descubrimientos.
Capítulo LVIII: El corazón y la razón.
Capítulo LIX: La Anti Ley de Murphy.
Capítulo LX: Víspera de cumpleaños.
Capítulo LXI: Ojalá vivas todos los días de tu vida.
Capítulo LXII: Mi cumpleaños.
Capítulo LXIII: Mantequilla derretida.
Capítulo LXIV: La mejor manera de predecir tu futuro.
Capítulo LXV: Adiós, Tallahassee.
Capítulo LXVI: Hola, California.
Capítulo LXVII: Los amigos son la familia que elegimos.
Capítulo LXVIII: Código de vestir.
Capítulo LXIX: Ponte las gafas violeta.
Capítulo LXX: El aullido del lobo.
Capítulo LXXI: Pescado a la Carrie.
Capítulo LXXII: Halloween picante.
Capítulo LXXIII: 2+2=5.
Capítulo LXXIV: Un espíritu de vidrios rotos.
Capítulo LXXV: No puedes protegerte de la tristeza.
Capítulo LXXVI: Sin protegerte de la felicidad.
Capítulo LXXVII: Perspectiva de lo dañino.
Capítulo LXXVIII: Aileen.exe y el final de una etapa.
Capítulo LXXIX: Los espacios entre nosotros.
Capítulo LXXX: Definición de la realidad.
Capítulo LXXXI: El poema de la discordia.
Capítulo LXXXII: Arcoíris o relámpagos.
Capítulo LXXXIII: Problemas del primer mundo.
Capítulo LXXXIV: Estatua de Melbourne.
Capítulo LXXXV: La verdad sale a luz.
Capítulo LXXXVI: Hola, Ámsterdam.
Capítulo LXXXVII: El país de los tulipanes.
Capítulo LXXXVIII: La charla.
Capítulo LXXXIX: With a Little Help from My Friends.
Capítulo XC: Stroopwafels y Patronus.
Capítulo XCI: Una blanca Nabbydad.
Capítulo XCII: Nadie espera encontrarse a la Inquisición española.
Capítulo XCIII: Waldo Larousse.
Capítulo XCIV: Harry.exe y el inicio de una etapa.
Capítulo XCV: El nacimiento de Pukie.
Capítulo XCVI: Despedidas y buenas nuevas.
Capítulo XCVII: El último juego.
Capítulo XCVIII: El rey y la reina.
Capítulo XCIX: Tradiciones y últimas veces.
Epílogo.
Nota de autor.
Capítulo bonus I.
Capítulo bonus II.
Capítulo bonus III.
Un pequeño Q&A.
Capítulo bonus IV.
Capítulo bonus V.
Capítulo bonus VI.
Capítulo bonus VII.
Capítulo bonus VIII.
Capítulo bonus IX.
ANUNCIO | EDICIÓN.
Capítulo bonus X.
Capítulo bonus XI.
Capítulo bonus XII.
¡Nueva historia!
Dando señales de vida.
(Anuncio)

Capítulo XXXIV: Desastre tangible.

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By AccioCandies

―¿Estás segura de que estas cosas funcionan?

No quería sonar horrorizada por el asunto, pero la verdad es que lo estaba, y mucho. Empezando porque Sarah se cansó de verme sin un hombre al lado (no era que lo necesitara, de todas formas) o porque le había llegado una nueva colección de flequillos falsos y decidió que uno de ellos lucía exactamente igual al color de mi cabello, el verme con éste vestido rojo un sábado por la noche me estaba aterrorizando.

―¡Por supuesto que sí, cariño! La he usado un montón de veces.

Desde luego, lo había hecho. La gente solía preguntarle cómo podía tener tan increíble corte durante la academia, en día laboral, completamente ajenos de la existencia de la “llama ahora y te otorgaremos uno gratis. ¡Y si marcas justo ahora, te regalaremos tres por el precio de uno!” mierda con la que te llenaba la televisión.

Simples creyentes de la magia… o de que el planeta es plano.

―Pero no creo que luzcan bien en mí. Además, ¿q-qué es esto? ―Señalé con un resoplido la etiqueta con el logo de la marca que, muy inteligentemente, estaba colgando desde una orilla por la parte trasera del flequillo, justo entre los tres ganchos ubicados estratégicamente para sujetarse al cabello. Allí, como una plenamente recóndita inscripción, blancuzca como la cal entre un montón de cabello oscuro.

Para un look natural, por supuesto.

―La etiqueta no se verá si sabemos expandir el pelo, Pukie. ―Fue Mags la que, con un movimiento de mano, me sonrió con confianza antes de que Sarah termine de plancharme el cabello para quedar plenamente liso.

No era mi culpa que el liso de mi cabello natural no cumpliese las expectativas.

―Ni siquiera tengo idea de lo que hablaré con el chico ―Gimoteé por decimoquinta vez en lo que llevamos de tres horas, lo cual era bastante poco en balance con los resultados estándar―. Esto es sinceramente una estupidez, y no tiene un punto en concreto.

―Los bolsillos falsos en los pantalones femeninos no tienen un punto en concreto y de todas formas siguen haciéndolos en las malditas fábricas, así que te mantienes quieta y esperas a que termine contigo.

Sarah daba miedo.

Pero en eso no coincidíamos: por supuesto que tenían un punto en concreto. La misoginia era terrible y definitivamente tenía que ser interrumpida, pero no podíamos olvidarnos de la real injusticia contra el género femenino: los bolsillos falsos en los pantalones de una dama sí tenían una razón de ser. Hacer ese truco de magia tan conocido en el que dinero comienza a desaparecer “mágicamente” de tu bolsillo. Luego le preguntabas a las fábricas de carteras a dónde había ido toda la fortuna, y ellos sencillamente silbaban la quinta sinfonía de Beethoven encogiéndose de hombros como si nada.

Claro que no planeaba morir por contradecir en momentos difíciles a mi amiga.

―Creo que deberían ponerle un poco de colorete. ―Sugirió mi prima entonces, mirándome con una sonrisa mientras analizaba mi vestimenta con parsimonia. Escuché los clips en mi cabeza, y sentí los dedos suaves de Sarah acomodado poco a poco el flequillo para que quede perfectamente posicionado. Maggie sacó del clóset unas sandalias con tacón de aguja, y yo no pude ayudarme a mí misma. Mis ojos se abrieron como platos, señalando a la «cosa maldita».

―¡No, no y no!

―Por favor, lucirían preciosos en tus pies. Eres pálida y el negro sería matador.

―¡Me sentiría como un jodido cadáver! ―No me había dado cuenta de cuán rápido realmente me había movido hasta la cama grande, pero las veía con cara de que eran unos leones y estaban a punto de lanzarse sobre mí para devorarme con sus dientes filosos. Yo, en cambio, era la pobre gacela en busca de una salida de emergencia―. Saben que la agilidad no es precisamente mi virtud, y si me subo en una de esas cosas terminaré precisamente como un difunto así que no, no y concluyentemente no. Me rehúso. ―Eché una mirada desdeñosa a las torre Eiffel en las que me querían montar esas tres, y me cubrí el cuerpo con mis brazos respirando por la boca con expresión seria.

―Bien, ya qué. Logramos convencerla de usar el vestido y los flequillos; creo tener unas flats que podrían quedar realmente espléndidas con el vestido. ―Paz habló, moviéndose rápido hasta su habitación para regresar a los diez segundos con un par de sandalias lisas entre sus manos… y las tres chicas me sonrieron triunfales.

Unos minutos más tarde…

―Ya sabes. Sólo no tienes tocar tanto tu cabello, y nada malo sucederá con la etiqueta. E intenta no ser tan lúgubre con el chico, por favor; eso suele asustar a las personas ―Aplastó los labios en una mueca, cuando suspiró acomodando mi cabello como una madre dejando por primera vez a su hijo en la escuela―. En caso de que decidas entrar a la tercera base de una vez, recuerda que la protección es muy importante, y no olvides que es de mala educación hablar mientras que comes.

―Aquí, ten una menta. ―Me tendió Maggs, cuando rodé mis ojos.

―Buena suerte ―Alentó mi prima, riendo en voz alta―: Intenta no pensar tanto en Styles mientras que estás ahí adentro, por cierto.

Que un alacrán gigante las fo… Carraspeé, negando con la cabeza. Tomé un respiro, andando con cien ojos en el restaurante frente a mí antes de despedirme de mis amigas. Estaba a punto de tener una condenada cita con un chico, solo precisaba respirar y relajar los hombros.

Y no vomitar.

Vi cómo mi primo nació horriblemente frente a mis narices como una escena digna del cine gore en esa cabina de taxi hace siete años; definitivamente podía hacer esto.

Mueve tus pies, y hazlo.

Tú puedes, Parker.

―¿Así que efectivamente te gustan las películas? ―Cuestioné con una sonrisa quince minutos más tarde, ocupando una ración de patatas fritas cuando Jace Wood resultó ser mi famosa cita (y eso naturalmente había rimado). Un metro ochenta, cabello rubio como el oro y unos ojos del color del cielo era lo que se encontraba a mi delantera. El estereotipo australiano con bronceado bien torneado, fundamentalmente.

No mi tipo, pero definitivamente podría hacerlo.

Él sonrió―: Por supuesto ―Tomó un poco de agua, cuando me devolvió el gesto con un semblante tranquilo―. Soy realmente fanático de las películas clásicas. Creo que mi favorita hasta ahora ha sido La dolce vita, pero pienso que Tiempos Modernos, Rebelde sin Causa y Lawrence de Arabia también son exquisitas ―Reanudó, elevando una de sus manos para agarrar una de las patatas que se hallaban en medio de ambos para mitigar la espera―. No es por alardear, pero me sé un montón de frases para cada clásico.

―¿Ah, sí? ―Dije entretenida, colocando mi palma en la barbilla―. ¿Y cuál dirías en una cita? ―Crucé mis manos, ojeándolo con diligencia.

Jace carraspeó, encumbrando su otra mano para largar el pensamiento en el más poético de los escenarios, cuando las letras se deslizaron por sus labios en una cadena de palabras―: ¿Deseas la Luna? Dime solamente una palabra, la cogeré con un lazo y te la regalaré.

¡Tenía que estar bromeando!

―¡Esa frase está tan sobrevalorada! ―Reí divertida, aclarando mi garganta y mostrándome bastante dispuesta a expresar mi opinión, ignorando su estupefacción―. ¿Por qué, en todos los cielos, querrías la Luna? ¿Qué podrías hacer con un satélite que literalmente lo único que hace es iluminar con la luz que roba del sol? ¿Entrar al cabello de Lorde? ―Tomé entre mis dedos otra de las papas fritas, cuando proseguí―: Por otro lado, necesitarías un lazo realmente extenso para lograr enganchar a toda la cosa, y en caso de que lo logres estarías atrayendo algo bastante parecido a un meteorito contra la superficie de la Tierra, lo cual, aun no siendo una experta en el área de astronomía, puedo deducir que se vería bastante mal.

―Woah.

―¡Lo sé! ―Hice un movimiento de mano, enfrascada en el tema―. Palabra por palabra, si James Stewart le hubiese dado la luna a Donna Reed irónicamente no hubiese tenido otro lunes en el que meterse entre sus piernas.

―Eso suena un poco seco.

―Quizás. Para los creyentes del amor a primera vista.

―Creo en el amor a primera vista. ¿Tú no?

¿Qué con esa pregunta? En serio. ¿Era la santa trinidad de las preguntas para conocer a las personas, o ingenuamente la exigua originalidad de éstas se hacía presente en determinado tiempo? Un suspiro fue emitido por mis labios, ventilando que quizás el chico no era tan sugestivo como especulaba hace unos minutos. O tal vez solo estaba siendo exorbitantemente dura, pero estaba aquí por las manos manipuladoras de Sarah después de todo―. No hay tal cosa como flechazo instantáneo ―Fue mi primera respuesta―. Es física y psicológicamente imposible sentir amor por una persona basándose únicamente en los aspectos de ésta. Es atracción, nada más que eso. La persona te atrae físicamente, por lo que sientes interés de saber si por dentro es igual de hermosa que por fuera, así que cuando te cercioras de que efectivamente lo es puedes verdaderamente decir que te sientes enamorado.

―Está científicamente comprobado que efectivamente el amor a primera vista existe, Aileen. Con una sola mirada tu cerebro activa un estímulo inmediato de atracción, y la corteza de nuestra materia gris nos da una respuesta de si la persona es apropiada o no para nosotros.

Por personas como él era que existían tantos divorcios, demonios.

―Está científicamente comprobado ―intenté evitar no divisarle con burla, pero vamos, que me estaba tocando las narices ―, que te estás basando en percepciones meramente superficiales.

―Por supuesto que no. Los juicios de valor se realizan durante el primer contacto, donde realmente consideras las posibilidades de que la pareja sea compatible contigo. Es allí cuando decides si realmente te gusta la persona o no.

Él definitivamente comenzaba a no gustarme.

¡Era como salir conmigo misma, pero muchísimo más cursi! Puaj―. Es muy relativo, Jace ―Negué con mi cabeza entonces, exhalando. Esto lucía más como un debate que una cita en sí, y por algún impulso eso me hubiese fascinado pero inexplicablemente abordaba a fastidiarme―. Entonces explícame por qué hay tantas personas que, tan dispuestas a analizar las compatibilidades como tú dices, se llevan una sorpresa y terminan detestando las primeras citas con esa persona hasta el punto de no querer saber nada de él.

Como ahora. Sarah me debía una grande.

El chico sólo se estiró sobre la silla, y suspiró―. Tienes razón, Aileen ―Su comentario me sacó de juego, provocando que abra mis ojos asombrada cuando me consagró una pequeña sonrisa, encogiéndose de hombros―. Leí esa teoría en algún lugar y la creo, pero no creo que sea necesario discutir sobre ello en nuestra cita ―¿Quién en su sano juicio renunciaría un argumento? ¡Estaba gritando internamente! No llegábamos a una conclusión juntos, llanamente consentía lo que le decía aún sin considerar mis palabras como verídicas y me dejaba con un sabor acre en el estómago, apeteciendo contender más sobre el tema.

¿Cuándo me había convertido en masoquista? Solo Dios lo sabría.

Me senté derecha, sonriendo amable, cuando afirmé y él me restableció la sonrisa, alzando el dedo hacia la chica que nos atendía, guiñándole el ojo―. ¿Cuánto falta para la pasta, señorita Jennifer? Y traiga una botella de Chardonnay, por favor. ―Aún me sorprendía que le hicieran caso cuando pedía tal bebida, porque estaba segura de que si yo lo hacía todos los meseros me observarían con diversión y yo sentiría hormigas en mi estómago al saber que estaba ordenando algo que no era acorde a mi edad, como un niño de doce años escabulléndose a una película clase C sin que sus padres lo descubran.

Tal vez el llamar “señorita” a una señora de cuarenta también funcionaba.

―¿Así que te gusta el cine? ―Me envió una mirada seductora, que fatalmente no consumó su labor, mas solo provocó un bufido que luchó por escapar de mi boca entusiastamente, pero fue acallado a tiempo―. ¿Qué frase usarías tú en una cita como esta, Parker?

«Hasta la vista, baby» es lo único que podía pensar, francamente.

―Es algo difícil ―Apreté los labios en una mueca, uniendo mis manos encima de la mesa mientras fruncía el ceño. Aún no podía creer que el chico no hubiese corrido por su vida luego de lo extraña que debía resultarle con todas mis oraciones de perdedora; seguro había algo mal con él. Eso no evitó, sin embargo, que recordara mi indecisión con este momento, por lo que sonreí de medio lado y comenté, con mí esclarecida mente―: Tal vez diría “hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes.”

Sus cejas se rizaron, indiscreto―. Interesante; una frase de Yoda ―Glosó, torciendo la cabeza desorientado―. Tal vez el asunto de La guerra de las galaxias sea un gancho en las citas, pero no puedo descubrir por qué usarías precisamente esa frase en una.

Reí, encogiéndome de hombros―: Si dices que “intentarás” pasarla bien en tu cita, obviamente no lo harás por la falta de determinación en tu persona ―Expliqué, reventando cachetearme mentalmente por cada palabra que salía de mi boca―. Tienes que ir prescrita a que lo harás para que en realidad suceda. Si una amiga te recomienda ver una película que tiene malas críticas pero que ama intensamente, debes pensar detenidamente si en realidad confías lo que te dice tu amiga o si crees en el dicho de voz de pueblo, voz de cielo. No puedes hacer una acción con indecisión, abierta a la sugestión de que sea la peor película que has visto en toda tu vida, junto a un desperdicio de tu tiempo. Debes hacer las cosas bien. Si vas a hacer algo, es porque estás segura de que valdrá la pena. Si tienes dudas, es porque no tienes las ganas suficientes de darle todos los intentos posibles para hacerlo suceder, y posiblemente no valga la pena hacerlo. Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes. Así es como me siento con las citas, por eso usaría esa frase en una.

Jace alzó las cejas, mirándome asombrado.

―Vaya ―Silbó, rascándose la nuca mientras reía un poco―. Eres como una barricada lista para explicar cada palabra que dices. Bastante como una Siri humana ―Acababa de decirme que era como una aplicación de asistencia personal inmediata. ¿Se suponía que debía tomar aquello como un halago? Wood sonrió de medio lado, mostrando sus dientes amarillentos y un poco desalineados, antes de carraspear interesantemente. Un olor extraño llegó a mis fosas nasales pero mantuve mi expresión hierática―. Entonces, haciendo esta cena valer la pena, ¿si te invito a una segunda cita lo harías o no lo harías? ―Preguntó, inclinándose hacia mí.

Santo queso de Wisconsin, estaba hundida hasta las entrañas.

―Uh… Yo…

Mi voz se vio obstaculizada por la suya, levantándose y mirando con los ojos enojados a su camisa, antes de exclamar un―: ¡Anda ya! ―Una albóndiga llena de salsa le golpeó justo en el pecho como si habitásemos en la guerra, picando una antiestética sombra de salsa en la tela mientras el chico echaba pestes. Me alcé, echando un vistazo chocada por la absurda circunstancia, cuando desvié la mirada hasta donde fue expulsado el proyectily estreché la frente; si mis conocimientos de física eran correctos, estaba bastante segura que a mi izquierda se encontraba el francotirador, con la discrepancia de que toda la clientela parecía estar comiendo regularmente –a diferencia de algunos ojos fisgones que estaban pendientes de Jace, y no había señales de una persona con instintos de Call of Duty.

Jennifer tocó encandilada, diciendo que un contratiempo había ocurrido con nuestro platillo por lo que solicitaban nuestra paciencia y nos concedía una ración de palitos de queso parmesano cortesía de la casa junto a otro poco de patatas fritas.

―Deja te ayudo.

Pude decir «querido» y haber simulado que estábamos en una vivienda de los años 50. Tomé el pañuelo húmedo que nos dio la nerviosa mesera, y comencé a presionar sobre la mancha mientras Jace se sentaba tranquilo, mirando al suelo. Mágicamente, mi padre era el encargado de las manchas cada vez que junto a Aaron nos contaminábamos de las cosas menos imaginables en Tallahassee; sabía que no debía tallar el borrón si no quería agravarlo, pero al menos veía que tenía una franelilla por debajo―. Deberías ir al baño para echarle agua al reverse. A lo mejor remueva un poco. ―Hice un mohín, distinguiendo la aclarada nube en el algodón pero no lo suficiente. Él gruñó, ofreciéndome una pequeña mirada exacerbada antes de asentir―. Nos estamos sintiendo un poco como Kennedy, ¿no? ―Reí vergonzosamente, aspirando distraer el ambiente efectivamente torpe mientras el silencio nos tragaba, a punto de seriamente golpearme contra una superficie lo competentemente dura.

―Tienes algo en el cabello.

―¿Uh? ―Le miré confundida.

―Algo ―Su expresión me estaba chiflando―. Algo blanco.

Una larga lista de palabrotas estaba cruzando por mi cabeza en estos momentos, en diferentes idiomas y clasificaciones, abriendo mis ojos en el más bochornoso de los momentos, sintiendo la sangre drenar mi rostro mientras de carrera lamentaba el momento en que Sarah Gallagher pensó que sería buena idea colocar flecos artificiales en mi cabeza.

―Oh ―Reí tenuemente, procurando resistir la realidad luego de factiblemente empeorarla marcadamente al mover el cabello con mi mano en un intento de ocultarla a ciegas, cuando la estupidez más grande fue escuchada en ese instante―. Este es mi cabello real ¿Puedes creerlo? ―Solté una carcajada que sonaba igual de lunática a la de Jennifer Lawrence en esa película con Bradley Cooper… Esperen, la chica ha hecho un montón con Bradley Cooper. Hablo de Los Juegos del Destino, por supuesto... ¡Oh, Virgen santísima, enfócate, Aileen!―. Mi cabello real también crece etiquetas. ―Ay, mejor te hubieses quedado callada.

Wood me miró inexpresivo, arrugando la cara―: ¿Es esto algún tipo de broma?

¿Se refería a la albóndiga junto al asunto de mi desdichada suerte con los flequillos? Porque no tenía nada que ver con el atentado de hace unos minutos, y estaba hastiándome el prejuicio que comenzaba a crecer en sus ojos al observarme―: ¿Insinúas algo? ―Ladeé la cabeza, esperando su respuesta cautelosamente.

―No, no. No me atrevería.

―Bien. Creo que iré al tocador también ―Comenté entre el silencio, incorporándome junto a él mientras me dirigía hacia el baño de mujeres y lo observaba cruzar hacia el masculino. Solo entonces quité mi expresión liviana y destrabé un suspiro, botando aire por mi vida mientras sacudía la cabeza, aplastando mi frente con la palma de mi mano.

Nada como hacer un chiste sobre el asesinato del trigésimo quinto presidente para intentar mantener la paz en una cita mientras la etiqueta de una mala fábrica de flequillos falsos solventa salir a saludar al mundo como el pecho de Janet Jackson en esa presentación del Supertazón con Justin Timberlake.

Eres una pobre excusa de chica, Parker. Das vergüenza.

Exhalé relajada cuando estuve detrás de la puerta. Cerré con pestillo, y me eché un vistazo en el espejo, acercándome al lavabo. Mis ojos azules eran resaltados por el maquillaje de Sarah, y con mis flequillos falsos lucía totalmente distinta a mi estado normal, con el cabello recogido hacia un lado y el labial brillante que tanto detestaba marcando mis labios; categóricamente era un pobre intento de chica aristocrática.

Con un plástico blanco entre el cabello.

Enjabonando mis manos estuve a punto de echar agua a mi rostro cuando me detuve recordando que estaba usando maquillaje, y suspiré desganada. No quería lucir como la Emily de Víctor Van Dort, desgraciadamente, pero necesitaba refrescarme. Sequé mis manos y alcancé mi teléfono del sostén, abriendo reiteradamente el WhatsApp cuando tecleé en la ventana de Patrick y escribí precipitadamente: »Ayúdame. Están disparando albóndigas en La Toscana de Joe y lo he aceptado como un mensaje de Dios para liberarme de esta horrible cita en la que me sentaron las chicas.

»¿El restaurante a dos kilómetros? ¿El que está cerca del campus?

Casi reír de felicidad cuando su respuesta llegó al soplo, tecleando: »¡Sí! Te espero aquí en unos minutos. Di que ocurrió una emergencia o algo así; solo llama cuando estés afuera y me encargaré del resto. ¡Te debo una!

»Por supuesto que lo haces. En camino ;).

Me apresuré en salir del baño, colocando el móvil en su posición anterior antes de caminar hasta la mesa con un bálsamo entre mis hombros. Las soluciones arcaicas de Gallagher para los vestidos sin bolsillos eran extraordinarias, podía jurarlo; resultaba un poco incómodo, pero nada a lo que no podría acostumbrarme en caso de que ocurra un apocalipsis de bolsillos. Me senté en la mesa, comiendo otra barra de pan mientras tamborileaba mis dedos en la mesa. Aproveché de evaluar el lugar de nuevo, en esperanzas de encontrar a una persona que luciera mínimamente sospechosa, pero por supuesto, era como buscar a Rainbow Brite en una marcha del orgullo gay.

¡Aile-!

Mi ceño se frunció, volviendo a aguzar los sentidos alrededor. No había nada.

¡Psst!

¿Estoy enloqueciendo? ¿Escucho voces? ¡Cáspita! ¡¿Y si soy Harry Potter?!

―Estoy de vuelta ―La voz de Jace se escuchó a mi lado, provocando que pegue un brinco del susto. Mudé mi vista, tropezándomelo cerca del asiento, cuando se sentó al frente y me sonrió otro poco, estimulando que me maree ligeramente―. No he podido limpiarlo por completo pero se ha ido bastante la mancha.

―Genial ―Observé a la redonda, gestionando descubrir a las chicas encubiertas como prometieron que no estarían, o tal vez a Dios Todopoderoso llamando mi nombre para hacerme ver cuán indigna estaba siendo justo ahora, pero nada de eso pasó cuando mi teléfono sonó y mis ojos se abrieron, pensando que tal vez no recapacité en todas las consecuencias de mis acciones mientras «Pocketful of Sunshine» salía de mi pecho, al pie de la letra.

I got a pocket, got a pocketful of sunshine. I got a love and I know that it’s all mine, oh. Oh, oh ―Jace no pestañeaba, ofuscado, mientas Natasha Bedingfield parecía estar gritando las letras en el aparato y yo estaba humillantemente atónita en mi asiento―. Do what you want, but you’re never gonna break me. Sticks and stones are never gonna shake me, oh. Oh, oh ―¡Creí que había silenciado mi teléfono!―. Take me away! A secret place! A sweet scape! Take me awa―Solo entonces reaccioné, sacando el aparato rápido de mi vestido mientras pretendía no tomar en cuenta las miradas indiscretas que me brindaban algunas personas vecinas y contesté el timbre mientras sentía mis mofletes prendidos en fuego.

Metafóricamente.

―¿Aló?

La voz socarrona de mi amigo se percibió del otro lado―: Te observo desde lejos, cariño. Como un extranjero desconocido, a través de este cristal, te noto absorta en tus pensamientos, sin reparar en mi presencia, y al lado de ¡un total bombón masticable! ¡Ostras, Parker, estás en hazaña!

―¿Cómo? ¿El Señor Pietro está en emergencias?

―¡Ahora haz el rostro de preocupación, fea! ―Ese había sido su cariñoso apodo desde hace unas semanas, cuando las chicas decidieron ser graciosas y dibujarme una uniceja con delineador de ojos. Localicé al pelirrojo en el vidrio del restaurante, usando una camisa negra de Bob Marley junto a unos pescadores color caqui, sonriendo mientras alzaba su dedo pulgar.

Quise reír.

―¡Oh mi Dios! ―Cubrí mi boca, levantándome del asiento. Jace me chequeó con las cejas arqueadas―. De acuerdo, voy, voy ―Colgué la llamada, vislumbrando al muchacho y en realidad me sentí un poco mal por lo que estaba a punto de hacer. Pero él le había guiñado el ojo a la mesera, y era un muchacho apuesto además de ser cercano al círculo de los populares; seguro le llovían chicas―. Lo siento mucho, Jace; debo retirarme. Un amigo está grave.

Él asintió―. No te preocupes, lo entiendo.

―Gracias. ―Intenté darle un abrazo de despedida, pero recordé el pequeño incidente con el olor y solo le sonreí incómodamente, decidiendo que un abrazo era suficiente contacto físico como para que pueda soportarlo. Salí rápidamente sin mirar atrás, sintiendo el frío de la noche colarse en el estúpido vestido rojo que me hizo usar mi muy mencionada amiga mientras me apandillaba con Pat, refunfuñando. El muchacho me tiró una sudadera Old Navy en la cabeza, desgreñando un poco mi cabello, cuando una carcajada parrandeada salió de su garganta al ubicar el suéter que llegaba a mitad del muslo.

Me quedaba un poco grande, ¿de acuerdo?

―¿Por qué huiste así? No parecía tan horrible.

―Díselo a sus hábitos de salud. Cada vez que abría la boca me transportaba al verano del 2002 cuando mi hermano mató accidentalmente a mi conejillo de indias y lo escondió detrás del librero para que pensaran que se había perdido. Podía sentir el moribundo cuerpo de Aristóteles dentro de la boca de Jace, hombre.

Pat sonrió de medio lado, negando con la cabeza―: O tal vez exagerabas cada acción del chico porque quien tenías al frente no era la pasión inglesa del Styles ―El muchacho dejó de caminar entonces, cuando me observó como si tuviese problemas y arrugó la frente―. ¿Llamaste a tu conejillo de indias Aristóteles? ¿Quién rayos haría eso?

―Creíblemente la misma persona que llama a su peluche Señor Pietro Manzana ―Me encogí de hombros, escuchando un jolgorio de su parte mientras me rodeaba los hombros en camaradería y subsistíamos caminando.

―Te invitaré un trago de refresco de manzana mientras comemos chocolate acostados en el césped y soplamos burbujas como hippies. Necesitamos olvidarnos de ese imbécil, Parker; lo observé echándole ojos a una chica de la otra mesa mientras estabas falsamente llamándome para salirte de ese lugar. Tal vez podemos escuchar «Since U Been Gone» para hacer la escena más memorable.

―Odio el refresco de manzana.

―¿Estaba preguntando si te gustaba, acaso?

Un carcajeo piró de mi boca, proporcionándole un microscópico empujón precedentemente a rodar los ojos―: El rosado se vería demasiado genial en tus uñas, Welles. ―Le sonreí inútilmente amenazador, cuando él aplastó mi rostro con su mano y bosquejó una sonrisa con sus labios al segundo en que me rumié.

―Muy chistosa, fea. Estoy seguro de que a Harry le encantará oír la historia sobre tu tatuaje y ver que su Santa Aileen de Chango no es tan Santa como la pintan en el altar. ―Accidentalmente se me había fugado ese pormenor cuando hablaba con Pat; no parecía olvidar el hecho de que dejé la adrenalina correr por mi cuerpo cuando hace unos meses decidí tatuar un beso en mi trasero.

Me arrepentía de muchas cosas ahora.

―¿Santa Aileen de Chango? ¿Y te quejas de mis nombres?

―Agradece que no te llamé Señora Styles.

Otro empuje dio lugar, incitando que abra su boca mosqueado cuando viré las pupilas―: Intentarás escribir historias sobre el imbécil y yo en Archive of Our Own y pronto veré “la historia de la bella y la bestia” en la categoría de Celebridades y Personas Reales, escrito por PatEsGroovy con las chicas siendo tus fieles lectoras. Puedo verlo venir.

―Lo tienes bien dibujado, eh.

―¡Estaba siendo sarcástica, Jesús! ―Palmeé mi frente―. Solo cállate y camina.

Patrick soltó patentemente una risotada, animando la mirada entrometida de algunos estudiantes mientras me trasladaba al momento de la albóndiga arrojada, fustigando que arrugue la frente. Aún con las miradas sobre nosotros en el restaurante, estaba confundida como los mil demonios, pero no me dio tiempo de indagar más en recuerdos cuando el brazo de mi buen amigo me sacó de mi ensueño y me encaminó hacia Fisher Boat para adquirir nuestras barras de Butterfinger―: Él claramente sería la bella. ―Soltó entonces el último comentario que pensé escuchar, cuando nos carcajeamos y el pelirrojo se protegió ante la violenta acción que pude nefastamente haber realizado.

Solo que no lo hice.

Mientras nos destinábamos rumbo a la tienda para comprar nuestra ración de comida, comentábamos sobre las razones que tendría Jace para no limpiarse los dientes mientras coordinábamos nuestros pasos soltando risas fuertes cual idiotas, conmigo hablando de los momentos bochornosos. Sentándonos en el árbol donde me atinaba la noche de la fogata, abrimos nuestras barras de chocolate hablando sobre las posibles reacciones de Sar a lo pretérito hace unos minutos además del inconveniente del francotirador en La Toscana de Joe mientras nos acompañaba «We’ll Be Gone By Then» de Crozet recostados contra el tronco.

Las palabras de Linda Grayson vinieron a mi mente, escuchando a mi posible mejor amigo exponer la historia de cómo encontró a un chico comiendo avena en el metro de su ciudad mientras observaba intensamente a las burbujas que infantilmente soplábamos como chiquillos, danzando en el aire cual globos de jabón―. El chico tenía el corte de Boris Johnson, fea. Y ojalá estuviese bromeando, Dios sabe que lo hago… ―Una pequeña risa escapó de mis labios cuando escuché esas palabras, desviando la mirada hacia su ubicación cuando repetí las palabras en mi mente.

«No hay nada mejor que un amigo, a menos que sea un amigo con chocolate.»

Robé la barra de Butterfingers que mantenía en sus manos, escuchándolo quejarse por la malversación pero continuando con su historia raudamente, riendo sin siquiera llegar a la parte cómica del cuento.

Le di un mordisco a mi recién conquistado chocolate, dando oídos atentamente.

Usando un ridículo vestido carmesí con un lazo del tamaño de Júpiter en medio de la cintura además de un poco ornamental suéter Old Navy encima, y una fría noche de mayo masticando Butterfingers cual comercial de televisión, no podía encontrarle más sentido a las palabras de Linda Grayson.

… Definitivamente no podía.

*”Irónicamente no hubiese tenido un lunes en el que meterse entre sus piernas”: Referencia de que no hubiese tenido un mañana en el que vivir, haciendo gracia de que el lunes (día de la semana) proviene, etimológicamente, del latín Lunae, o 'Luna' y terminaría siendo «día de la Luna».

*Call of Duty: Serie de videojuegos de estilo bélico en primera persona.

*Rainbow Brite: Era una franquicia del género fantástico de 1984.

                                    ☼-☼-☼-☼-☼-☼-☼-☼-☼-☼-☼-☼

¡Y AQUÍ EL OTRO CAPÍTULO! ¡Y LA CITA DE AILEEN! (El héroe pelirrojo serrsi en multimedia. #TeamPat)... Okay, esta cita fue tan awkward que #yep, you get it... No estoy del todo segura de si Jace me agrada o no, pERO NO ES IMPORTANTE, JEPS. ¡Esto no será una historia con triángulo amoroso! aSÍ QUE DON'T YAH WORRY, CHILD... Soy anti triángulos amorosos porque como lectora me estresan. En la mala forma de estresarme. and i cAN FEEL YOU... No he terminado de hacer mi maleta, ¡pero YOLO! ¡Necesitaba publicar el segundo capítulo! eSPERO QUE CUANDO REGRESE DEL VIAJE TENGA MUCHÍSIMOS COMENTARIOS, EH t.tt Estuve fajada escribiendo esto y no vi la luz solar por dí---ok no, pero... No, no. ¡ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO! Les haré saber qué tan genial fue el viaje cuando regrese... ¡Y el capítulo lo dedico a @MyOldTimeWinters aka Valentina aka Shottie pORQUE LA CONDENADA SE ESCRIBIÓ TODO UN TESTAMENTO DE COMENTARIOS ENTRE CADA CAPÍTULO Y ELLA SEGURO NO VIO LA LUZ DEL DÍA TAMPOCO. ¡¡ERES TÚÚÚÚ, CHAMAAAAAAAAH!! [señal tukky señalándola a lo "errr míoohhhh"]. fUE OTRO CAPÍTULO DESHARRYZADO, LO SÉ... Bueno, kinda. Mientras Aileen esté presente, Harry está presente #fact (todos los molestan, JSHFAJJAJAJAJAAJA). ¡Pero prometo que en el próximo volverá nuestro imbécil número uno! ¿Cómo les ha ido el día de hoy? yO SIGO EMOCIONADA, JEJEJEPE,S¡ WOOOOOOOGOOOOHOOOO!... Okno. ¡Pero yep! ¡Meteré canciones en mi teléfono right now para el viaje! tENGAN UN BONITO DÍA Y DESÉENME BUENA SUERTE. ¡y SÉ QUE LO ESTABAN ESPERANDO! (tal vez no)... No lo puse en el anterior porque iba a poner este capítulo, pero... hAY UN FRANCOTIRADOR ENTRE NOSOT--ay. ¡Sigan siendo un corazón tendido al sol y no mueranTschüss, meine freunde!

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