Capítulo 11 (Parte 2)

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Apoyo las manos en las rodillas, jadeando. Todo en la postura de Castiel indica que está —por increíble que parezca— medianamente satisfecho. La brillante luz de la tarde había descendido varios grados de luminosidad, hasta quedar convertida en los cremosos rayos de luz anaranjada del crepúsculo que inundan la sala. La oscuridad se va haciendo patente conforme el tiempo pasa, y las sombras se van alargando, brindándole un aspecto extraño a la sala. El sudor baña mi rostro y mi ropa. Me siento pegajosa.

—Dejémoslo por hoy— dice Castiel. Su voz resuena en las altas paredes como eco. El único sonido audible tras sus palabras son mis respiraciones entrecortadas.

—Vale— acepto, aliviada de algún modo.

Alzo la cabeza para mirarle, y cuando lo hago, él me está observando. Calmo mi respiración, y aplaco la necesidad de salir corriendo y beber hasta que se acabe la fuente.

—Mañana tenéis la segunda Prueba Mental— lo dice como una afirmación, no como una pregunta. Cuando se da cuenta añade: —¿Cierto?

Asiento con la cabeza, estremeciéndome ligeramente.

Castiel me mira con un rastro de algo que no sé identificar denotando en sus ojos azules. Algo parecido a… tristeza.

—¿Qué tal lo hiciste la última vez?

Me pienso la respuesta antes de pronunciarla.

—Digamos… que estoy viva, ¿no?

—¿Segura?

Su mano se mueve veloz y me pellizca el hombro. Me echo para atrás sobresaltada.

—¿Qué…?

—De acuerdo, lo estás— admite, esbozando una sonrisa llena de burla.

Le saco la lengua y, por un momento, veo en sus ojos la misma expresión risueña que tenía Tyler un par de horas antes del incendio. Entonces ninguno sabíamos que la vida iba a terminar para ellos, y que iba a dar un irrevocable cambio para mí. Echo de menos a mi hermano pequeño. Entonces ladea la cabeza, y el fantasma se desvanece.

Me recompongo, pero no lo suficientemente rápido. Veo pasar por sus ojos una sombra antes de que la sonrisa se borre de su rostro y pregunte:

—¿Pasa algo?— su tono contiene preocupación.

Niego con la cabeza.

—Te has quedado blanca— insiste. Aparto la cabeza de esos ojos que me miran con recelo, incapaz de soportarlos penetrando sobre mí como si fuera mero cristal.

—No, no es nada, de verdad…— miento, y Castiel alza una ceja— Por un momento, me ha venido a la cabeza el recuerdo de mi hermano. No es algo que me guste recordar.

—¿Por qué? ¿Dónde está tu hermano?— pregunta él, hurgando más sin saberlo en la herida.

—Muerto— respondo, secamente, intentando dejar claro que no quiero hablar de ello. Él no parece captar la indirecta.

Su boca se abre un poco, sorprendida, y se muerde el interior de la mejilla en un gesto instintivo.

—¿Qué le pasó?

—Prefiero no hablar de eso ahora— concluyo algo secamente, con la mirada fija en algún punto sobre su cabeza.

Él asiente, confuso, pero no pregunta más.

En ese instante, una sombra sobrevuela veloz bajo las vigas, desde la ventana abierta hasta las ataduras de la zona de sacos, y se posa suavemente en una de ellas, sin emitir ni un solo sonido.

Ángel Guardián¡Lee esta historia GRATIS!