Capítulo 3: Horario

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Estoy tumbada bocarriba en la cama de abajo de mi litera, mirando el mugriento techo de mi cuarto. Hay una gran telaraña encima del candelabro usado que nos hace de lámpara, y da la única iluminación de la sala. Aunque parece haber sido limpiado minuciosamente, todavía se nota el efecto del paso del tiempo y el uso que ha afectado a esta habitación. Una de las paredes tiene un agujero en el que cabría mi dedo meñique sin problemas. En pocas palabras, creo que prefería mi otra habitación, la que compartía con Bethany. Era algo más pequeña que esta, pero por lo menos siempre estaba limpia y bien cuidada. Todavía no hay ni rastro de Kassandra, y Mitchie está en el cuartucho de baño duchándose. Yo estoy tumbada a lo ancho en vez de a lo largo, con las piernas en la pared y la cabeza asomando por el borde, con mi cabello barriendo el suelo, absorta en mis macabros pensamientos sobre lo que serán estas dos semanas.

De repente oigo un grito procedente del cuarto de baño, y me levanto de un salto, golpeándome la cabeza con la dura barra de hierro de la litera.

Maldigo a altas voces. Seguro que mañana se habrá hinchado. Corro al cuarto de baño, haciendo caso omiso del dolor punzante de mi cabeza. Me acerco a la puerta, y dejo mi cabeza asomarse un poco. Veo a Mitchie tiritando, y tapándose con la toalla sin perder segundo. Tiene el ceño fruncido profundamente.

Alzo una ceja, confusa.

—¿Qué ha pasado?— pregunto— He oído los gritos desde la litera.

Mitchie me mira malhumorada.

—¡Es esta estúpida ducha!— exclama ella— Me estaba dando una ducha caliente…

—No me digas más— añado yo, sonriendo de medio lado— Y entonces el agua se tornó fría de pronto.

Ella asiente indignada.

Yo me llevo la mano a la boca para tratar de ocultar una gran carcajada. No lo consigo.

—¿Y tú de qué te ríes?— pregunta Mitchie haciendo una mueca.

Me acerco a ella y le doy un golpecito amistoso en el hombro.

—Me río de ti, tonta— añado haciéndole burla— Con amor. Anda que no saberlo…

Ella me devuelve el golpe y me abraza por detrás, mojándome toda la espalda.

—¡Oye!— exclamo divertida— ¡No deberías haber hecho eso!

Me acerco al lavabo y lleno mis manos con agua. Ella intenta retroceder diciendo: “¡No, Leia, no lo hagas!” Y entonces le tiro el agua helada entre la toalla y la espalda.

Ella suelta una exclamación ahogada y dice:

—¡Ah, Leia, frío!— dice, y corre también al lavabo— ¡Esta me la pagas!

Salgo corriendo del baño, pero ella me sigue de cerca. Siento una explosión de agua helada en la nuca y grito, divertida.

Entre salpicón y salpicón pasan los minutos, y nosotras no nos cansamos. Entonces alguien abre la puerta, y nosotras nos quedamos congeladas donde estamos, caladas hasta los huesos como estamos, y sin saber qué decir. Es Kassandra. Genial. Ahora pensará que estamos tenemos algún problema psicológico.

Mitchie y yo nos miramos unos segundos, y entonces ella avanza hacia Kassandra, con una gran sonrisa y la mano extendida.

—Hola— dice, poniendo voz de niña que no ha roto un plato en su vida— Soy Mitchie Windsound. Encantada.

Kassandra parece impresionada, y nos mira a las dos con una sonrisa medio cohibida. Al final, acepta la mano de Mitchie y dice:

—Hola, soy Kassandra, pero prefiero Kass— dice, con un gesto extraño— Creo que será mejor que limpiéis este desastre pronto.

Ángel Guardián¡Lee esta historia GRATIS!