Capítulo 14 (Parte 2)

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[Capitulo sin corregir]

Me alzo sobre las puntas de mis zapatillas para tratar de ver por encima de la multitud. Marcus permanece sin moverse, con la mirada fija en las nubes que van pasando del blanco al gris con exasperante lentitud. Sacude la cabeza.

—Seguiremos un trecho más. La naturaleza hará el resto.

Antes de que nadie oponga resistencia alguna —como si pudiésemos— él reanuda su rápido caminar. A mi alrededor surgen numerosas quejas, todas ellas susurradas a un volumen prudente. Captamos retazos de conversaciones, como “No lo dirá en serio, ¿verdad?” o “¡Esto se va a convertir en un lago!”. Frunzo los labios.

Seguimos caminando.

Daniel y Kalie hablan, pero no les escucho. Mi mirada vaga en todas las direcciones, nerviosa. Una ola de inquietud recorre mi columna vertebral. Me siento observada. Una sombra dudosa, un sonoro tropezar. Mi mirada encuentra la de Castiel, que alza una ceja, formulando una pregunta en silencio. Sacudo la cabeza. Aun cuando me vuelvo hacia delante de nuevo, noto sus ojos clavados en mi nuca, meditabundos.

Sin percatarme de ello, dejamos atrás los campos, para adentrarnos en un sombrío bosque. Las copas de los árboles se elevan varios metros por encima de nuestras cabezas, y las largas y pesadas ramas se mecen al ritmo del viento/ aire descontrolado. El cielo ha ido oscureciéndose conforme pasaba el tiempo, y ahora parece una masa oscura y lúgubre cerniéndose sobre nosotros.

Los Aspirantes forman caminan formando una pantomima de fila mal hecha, manteniéndose muy juntos, como si temiesen que algo pudiera pasarles si se separasen del grupo.

—Leia— dice Daniel, abriéndose paso entre mis pensamientos. Me sobresalto— Kalie te ha hecho una pregunta.

La miro dándola a entender que no la he oído, y ella pone los ojos en blanco. A pesar de todo, no parece especialmente molesta.

—No tiene importancia— dice, esbozando una sonrisa— Era solo…

El creciente siseo de las hojas corta a Kalie en mitad de su frase. Y entre los susurros ventosos me parece oír… palabras. Decenas de ellas, entrelazándose y superponiéndose en el tenso silencio.

Puede que me esté volviendo paranoica.

Pronto”

Una voz ronca se abre paso entre las demás.

“Pronto”

Repiten las mismas dos sílabas una y otra vez. Un escalofrío me recorre desde la cabeza hasta los pies.

Giro la cabeza hasta Daniel y Kalie, que se han parado a mi lado cuando yo me he detenido de pronto. En sus rostros hay una idéntica e innegable expresión de curiosidad, pero por debajo de ello y en menor medida, también de preocupación.

—¿Leia?— pregunta Daniel, acercándose a mí— ¿Te… te encuentras bien?

A nuestro alrededor pasan Aspirantes que nos lanzan miradas de reojo, frunciendo el ceño. Enseguida nos dejan atrás.

—S-sí, claro. Estoy bien— miento— Perdón.

Noto que Kalie y Dan intercambian entre ellos miradas llenas de algo que no soy capaz de descifrar, y Kalie me toma del hombro con una mano, acercándome a ellos y poniéndonos de nuevo en marcha.

Durante unos minutos nadie habla, y los tres nos sumimos en un silencio tenso. Entonces Daniel quiebra la calma con una frase que suena casi tímida.

—Hace un rato desde la última vez que he visto a mis amigos. Van a acabar pensando que les he abandonado— bromea, pero ni Kalie ni yo estamos de humor como para reírnos. Sin embargo, esbozo una pequeña sonrisa de todos modos— Voy a ver que tal les va. Enseguida os veo, chicas.

Ángel Guardián¡Lee esta historia GRATIS!