Capítulo 15 (Parte 2)

4K 249 11

El resto de las horas que estamos allí resultan más agradables que mi conversación con Dallas. Alguien saca una botella y pasamos el tiempo jugando a “Prueba o verdad”, y riendo cuando a alguien le toca un reto ridículo.

Llega el turno de Daniel, y hace girar la botella, entre risas. Ésta da vueltas en el suelo durante unos segundos, y luego se detiene. Justo enfrente de mí.

Lanzo algún que otro quejido, que es ahogado por las risas de la cabaña.

—Leia, ¿Prueba o verdad?

—Mmm… ¿Verdad?

—Martin escogió verdad en la ronda anterior. Toca prueba.

—Vale, vale. Pero entonces, ¿Para qué preguntas?

Más risas.

Todos se cierran en un círculo dejándome fuera, para decidir la prueba. Rodeo las piernas con los brazos y miro al suelo, ahogando una sonrisa con un balanceo.

—Ya está— dice Daniel, reubicando el círculo en su posición original. Cruzo las piernas. Él mira de reojo hacia la puerta—  Y no te quejes. Podría haber sido mucho peor.

“Ay madre…”

—Tienes que quedarte fuera durante un minuto y medio.

Abro mucho los ojos.

—¿Fuera? ¿Te refieres a… en el bosque?

—No, me refiero al porche, ¡Claro que me refiero al bosque!

—¿Bromeas? Yo no salgo ahí.

—Tienes que hacerlo. Has elegido prueba.

—Bueno, no exactamente…

—Hazlo.

Resoplo.

—¡Vamos, Leia, la lluvia no quema!— grita alguien.

Saco la lengua en dirección a quien me lo ha dicho, y me levanto.

—Se suponía que estábamos aquí para no mojarnos, idiotas— me quejo, al tiempo que me sacudo la ropa. Todos ríen.

—Bueno. Se suponía.

—¿Y… y si me cae un rayo? No podemos arriesgarnos a eso. Es una pena. Con las ganas que tenía yo de mojarme…

—Sal. Fuera— dice Daniel, remarcando mucho las palabras.

Pongo los ojos en blanco.

—Os odio— bromeo.

Antes de que me dé cuenta me encuentro cambiando el peso sobre las escaleras del porche, mientras los demás me miran desde la puerta, expectantes. Las primeras gotas se deslizan por las grietas del techo y caen sobre mí, deslizándose por mi cuerpo hasta el suelo, y dejando tras de sí un reguero de frío y escalofríos.

Bajo los dos escalones de un salto, y aterrizo sobre un charco, haciendo que el agua me inunde las zapatillas y empape mis calcetines. En unos pocos segundos estoy calada de la cabeza a los pies, y me froto los brazos con las manos en un inútil intento de entrar en calor. he dejado la chaqueta empapada dentro; gran error. Mi aliento sale en forma de vaho, una nubecita blanca casi indistinguible. La espesa cortina de lluvia hace que no pueda ver más de un palmo enfrente de mí.

No estoy segura de ello, pero me parece entrever los cuerpos juntos y apretujados de mis amigos en la puerta, riéndose.

Me siento sobre una piedra plana, sabiendo que me voy a mojar igual que si estoy de pie, y les enseño un dedo.

Ángel Guardián¡Lee esta historia GRATIS!