Capítulo 8 (Parte 2)

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Nuestras miradas viajan de nuestro instructor hasta la plataforma de metal que sobresale unos centímetros del suelo, y luego vuelve de nuevo al lugar de inicio; a esos ojos que nos vigilan expectantes.

—¿Necesitáis una invitación?— pregunta Castiel, dando golpecitos impacientes con el pie en el suelo.

Ahora nos miramos entre nosotros. Es evidente que ninguno de los otros va a dar un paso adelante. Así que lo doy yo.

—Bien— asiente Castiel— No pensaba esperar todo el día.

Yo me muerdo el labio y miro hacia atrás, donde Kalie me señala con la cabeza la plataforma, donde Michael rehúye nuestras miradas fingiendo estar concentrado en el suelo, y donde los ojos verdes de Dan me observan con una curiosa sonrisa. Yo esbozo otra leve sonrisa en respuesta, y él me dice “Buena suerte” moviendo los labios.

Me doy la vuelta. No soy la única que nota las palabras de Dan. Castiel me lanza una mirada fría. Lo ignoro por completo y me dirijo a la plataforma de lanzamiento.

Enderezo mi columna vertebral. Levanto los brazos. Castiel me interrumpe antes de que pueda acercar siquiera el dedo al gatillo.

—No, ¡Así no! Separa más las piernas. Si no…— me da un golpe con el puño en las costillas, y yo me veo resbalándome hacia atrás irremediablemente— … perderás el equilibrio, así.

Antes de que mi caída llegue a tocar el suelo me agarra la mano y me impulsa hacia arriba, como si fuera una muñeca de trapo, como si tuviera el peso de una pluma. Los músculos se le resaltan bajo la fina camiseta negra en los brazos al hacer fuerza para levantarme.

Me suelto tan pronto como estoy erguida, y frunzo un poco el ceño.

—¿Por qué has hecho eso?— espeto, molesta.

Él alza una ceja, con una expresión burlona en su rostro.

—¿El qué? ¿Corregirte una mala posición o impedir que te caigas al suelo?

Aprieto los puños.

—¡Pegarme en el estómago!

Él cambia el peso de un pie a otro, con una sonrisa arrogante en su rostro.

—No seas cría.

Abro la boca, indignada, pero decido callarme antes de empezar a soltarle lindezas. Me coloco frente al blanco y abro más las piernas esta vez. Vuelvo la mirada atrás para mirarle un segundo. Castiel observa mis movimientos y asiente. Levanto los brazos hasta que forman un ángulo recto con mi torso, y coloco el dedo índice acariciando el  suave gatillo. Entrecierro los ojos y veo alinearse la mirilla del arma con el blanco. Entonces aprieto el gatillo y disparo.

Cierro los ojos. No me había dado cuenta de que había estado mordiéndome el interior de la mejilla hasta que noto un ligero sabor a sangre. Me veo impulsada hacia atrás como Mitchie, y doy un tropezón, a punto de caer de nuevo. La vergüenza sube hasta mis mejillasen forma de rubor.

Vuelvo la cabeza hacia el blanco y veo que ni siquiera se ha acercado al centro. Se ha quedado rozando el anillo exterior, pintado de azul oscuro.

A mi espalda Castiel hace un gesto de aprobación.

—No está mal— concede— ¿Alguien más quiere probar?

Los Aspirantes de nuestro grupo se colocan en una fila y van intentándolo uno por uno. Kalie roza el segundo anillo, y se queda a algo menos de diez centímetros del anillo rojo del centro. A Michael tampoco se le da esto demasiado bien, pero mejor que a mí sí. Él se queda en el tercer círculo, el amarillo. El disparo de Dan, en cambio, se queda a menos de cinco centímetros del agujero hecho por nuestro instructor. Castiel le da una palmada en el hombro, complacido, y le murmura algo, a lo que Dan sonríe.

Ángel Guardián¡Lee esta historia GRATIS!