43. Hojaldre

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«You should be»

Taylor Swift - Who's afraid of little old me?

KALE.

—Esto podría dejarles antecedentes. —advierto cuando estaciono el auto a tres cuadras el sitio donde suceden los premios.

—Si te arrepientes ahora entonces no me quieres —bromea Daisy al chico que trajo junto a ella en el asiento de atrás, a quien creo que ahora reconozco como uno de los adolescentes presentes cuando se "perdió" en el concierto del parque.

—Estaré bien. —me responde el chico.

—Tienes que escogerlo por libre albedrio. —bromeo.

—Creo que no hay mucho libre albedrio cuando sales con una Thunder. —se encoge de hombros y yo estallo en una carcajada.

Los niños de ahora son salvajes. Yo a su edad estaba perfeccionando como tocar la guitarra.

El solo pensamiento de esa última palabra hace que no pueda mantener la línea de mi boca recta ni mis comisuras bajas, por fortuna, no lidio con personas que leen la mente. Sacudo la cabeza, soy igual o peor de idiota que los adolescentes actuales.

Es culpa de Aster. Creí que ya me había retirado del amor, de hacer canciones tontas hablando del romance y sonreír con la voz de otra persona hasta que me canse, pensé que ya no me volvería a sentir así jamás.

—¿Cómo van a conseguir irrumpir en la ciberseguridad del evento para proyectar el video?

—Tengo mis métodos. —balbucea el chico mientras Daisy mira de manera obsesiva su pantalla con el video que editamos.

—Es tiempo de retirarse. —vuelvo a advertir.

—No gracias, no queremos. —responde Daisy por ella y él, estas interacciones me devuelven parte de un alma que no tenía antes.

—Es posible que nos detecten y quiten el video en los primeros cinco segundos —comenta el chico al abrir su laptop—. ¿Qué es lo que realmente buscamos con esto?

—Dar un mensaje —chasqueo la lengua—. Una amenaza, en otras palabras, no me quedaré callado —recuesto mi antebrazo sobre el volante, mirando en silencio a las calles de enfrente—. Empiezo a creer que unos segundos no son suficientes.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Subir al escenario a decirles que son unos pendejos? —dice a modo de chiste Daisy.

*🥞*

Todos los rostros han palidecido, todos en el público, en sus mesas decoradas con sus tragos costosos. He visto a un par atragantarse con ellos.

—Es muy agradable volvernos a encontrar —me burlo cuando me percato que el micrófono inalámbrico lo puedo mover y bajar de este escenario—. ¿Me recuerdan? Hmm, se ve que sí, ¡qué buena memoria tienen!

En la mesa de la esquina izquierda se encuentran los músicos de mi ex banda, el hombre que es dueño de mi pronto ex disquera junto a su hija. Sorpresivamente, esta gente no se ve feliz por mi presencia aquí, me pregunto por qué. Ja.

—Señor Ferrero, buenas noches —extiendo mi brazo para estrecharle la mano y de pronto es como si él estuviera por tener un paro cardiaco—. ¿Cómo van las cosas desde la noticia sobre vender mi música? Me imagino que el resto de sus clientes debe tener muchas más confianza en usted —me remojo los labios—. Mira, que están los chicos aquí también ¿Cuánto tiempo?

Ninguno de los presentes en la mesa me responde. Me encojo de hombros.

—Aprovecho la programación para avisar que los músicos ya no tienen cantante, están desempleados ahora por si los quieren contratar, su trabajo es un tanto mediocre y no son de fiar, pero saben tomar selfies y esconder cosas, su envidia por ejemplo.

No apto para artistasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora