8. Esto no es un adiós (I)

50.5K 2.9K 248
                                    

Capítulo 8: Esto no es un adiós.

"Un soldado luchará más y más duramente por un trozo de tela coloreado". -Napoleón Bonaparte.

El silencio reinaba en la celda, todos se encontraban completamente perplejos, Sam había llevado sus manos a su boca involuntariamente, varias lágrimas habían escapado de los ojos de Anna y el presidente acompañaba el sentimiento con la mirada baja. Solo Rex fue quien decidió acercarse al decaído Zeta, apoyó su mano en su hombro obligándolo a levantar la mirada. Rex no parecía triste, pero entendía perfectamente lo que su compañero sentía, la impotencia de una mala jugada del destino puede convertir hasta el hombre más fuerte, en el más débil en cuestión de segundos.

-Sé lo que estas pasando, esa mirada tuya la he visto mil veces en mi padre. Culpándose a sí mismo de algo que simplemente ocurrió por un accidente.

-No, si hubieras visto su cara entenderías. Tú no tienes idea de cómo me siento, no fue un simple accidente, podría haberlo evitado.

-No sabías que ella estaba detrás...

- ¡Pero lo vi! -dijo Zeta apartando bruscamente el brazo de Rex-. ¡Vi a Elías cuando intentó advertirme, podría haberme arrepentido en ese momento y no apretar el gatillo, pero mi mente solo pensó en hacerme el héroe para quedar bien con él! -se levantó bruscamente de la cama y miró a los ojos a Rex con una mirada angustiosa, desbordada de lagrimas-. Ella, podría estar viva ahora.

Rex enmudeció sin saber que palabras escoger para intentar reponer a su compañero. El presidente, en cambio, dio un paso al frente acercándose a Zeta.

-No estabas preparado para usar un arma, eso es todo. Tienes que tener en cuenta varios factores en ese tipo de situaciones, el primero es que para usar un arma tienes que tener mucha experiencia, los cuerpos policiales y militares se preparan años para evitar ese tipo de catástrofe. El segundo factor es: Saber apuntar no es saber disparar, eso ya lo habrás aprendido y lastimosamente por las malas. Cuando apuntas a alguien o a algo con determinado tipo de arma, tienes que tener en cuenta la potencia y la distancia del disparo, en esta celda cualquier disparo efectuado hacia cualquiera de ustedes, podría traspasarlos tranquilamente y dejar un importante hueco en la pared -dijo el presidente apuntando con el dedo a todos los presentes-. Este tipo de cosas son fáciles de aprender en teoría, pero llevarlos a la práctica cuesta mucho más. Y concluyo diciéndote el último de los tres factores: Tú eres un civil, ¿sabes lo que significa eso? No tienes la capacidad mental ni física para portar armas, y mucho menos la tuviste esas semanas que pasaste en ese grupo, lo que te paso le podría haber pasado a cualquiera en tu misma situación -guardo silencio y se acercó a Zeta teniéndolo frente a frente-. No debes atormentar tu mente pensando en que fue tu culpa, porque ya te lo digo yo... no lo fue.

Zeta se llevó una mano a la cabeza, contener el llanto mucho tiempo le provocaba una jaqueca terrible, en ese momento pensó las palabras del presidente, en cierto modo tenia razón, pero por algún motivo no podía quitarse de la mente esa terrible escena de su ex novia muriendo en frente suyo, la culpa lo seguía carcomiendo por dentro.

-No quiero exigirte más de la cuenta, podemos tomarnos un descanso si quieres y luego terminas de contarnos cómo sobreviviste a la nación oscura -sugirió el presidente perfilando para marcharse.

-No, está bien. Puedo seguir hablando, de todas formas no falta mucho -dijo Zeta mientras volvía a tomar asiento en la cama-. ¿Dónde me quedé?

-La puerta Zeta -respondió Sam.

-Sí, claro -dijo tragando saliva-. Entonces me habían encerrado en esa habitación repleta de zombis, la oscuridad no dejaba ver mucho, pero los ruidos que escuché en ese lugar eran horripilantes, fue todo una maldita pesadilla.

Z El Señor De Los Zombis (Libro I) Versión ClásicaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora