Capítulo 5

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(Zoe)


Cuando volví a los dormitorios aprovecha que Shaun no estaba para ducharme. Estaba tan cansada después de habernos recorrido el centro comercial de un lado a otro con Amalla que me daba hasta pereza quitarme la peluca. Así que me metí con ella con la excusa mental de que así le quitaba el sudor que debía de haberse pegado.

Me encontraba en la ducha cuando escuche como la puerta del baño de abría.

-¿Vas a tardar mucho en...? –preguntaba Shaun a la vez que abría la cortina de la ducha.

Había estado tan concentrada en querer una ducha que se me había olvidado poner el pestillo y tampoco escuche a Shaun hasta que ya estuvo dentro.

Le di un puñetazo en la cara mientras chillaba. Me había visto desnuda.

Aprovechando que estaba encorvado agarrándose la cara cogí la toalla y salte por la ventana del baño. Es el piso de calle así que la altura de la ventana debía de ser algo más de medio un metro.

¿Y ahora que debo de hacer? No puedo volver porque esta Shaun y no me puedo quedar por aquí en toalla. Una chica en toalla por el campus de un internado masculino.

Al final me agache entre los matorrales para que nadie me viera y salí cuando ya estaba anocheciendo. Ya no tendría que estar buscándome así que muerta de frio había decidido volver a entrar por la ventana.

Estaba pasando por el lado de la pared para no ser vista pero los chillidos ahogados de una ventana hicieron que me petrificara y mirar. Había un grupo de chicos mirándome. Mierda, me habían pillado.

Corrí como alma que lleva el diablo. Ya que empezaron a perseguirme. No podía defenderme si tenía que estar pendiente de que mi toalla no cayera dejándome desnuda ante un grupo de chicos salidos.

Cuando llegue a un punto donde ya no sabía por dónde tirar vi una ventana abierta. No había luz dentro. Lo que significaba que estaba vacía o por lo menos estarán durmiendo.

Me la jugué y entre poco a poco. No parecía que hubiera alguien para mi alivio. Suspire de alivio. Pero debería irme antes de que llegara el dueño.

Camine a ciegas hacia la puerta pero choque con...

Me agarro del brazo y encendió la luz de golpe.

Al levantar la vista me encontré con Enzo. Es Enzo... ¿Qué hago ahora?

-Pero si eres la del centro comercial.

Intente rodearle para poder salir pero me agarro de la toalla y se cayó. Estuve a punto de gritar pero Enzo me tapo la boca con la mano. Estaba desnuda frente a Enzo. Desnuda. Me subieron todos los colores del arcoíris a la cara. Además Enzo no es que fuera un santo, me estaba mirando de arriba abajo comiéndome con la mirada.

-¿Qué miras, pervertido?

Le iba a dar una bofetada en la cara tan fuerte que llevaría la marca durante toda su vida pero me paro cogiéndome de la muñeca impidiéndome darle como realmente quería.

-Las flores hermosas han de ser amadas –me susurra ronco mirándome a los ojos, sin soltarme.

Escuche como se acercaban las voces de los chicos que me habían seguido. Decían cosas sobre la ventana abierta. Estarían aquí en poco y me pillarían. Tenía que irme de aquí rápidamente.

Me fui a agachar para coger la toalla pero Enzo tiro de mí hacia la cama, tirándome sobre ella repentinamente. Sin darme tiempo a moverme Enzo se sienta a mi lado tapándome a mi entera y sus piernas.

-Ahora cállate –me ordeno.

Estaba tan impactada que aunque quisiera gritar no podría ni emitir un sonido.

Picaron a la puerta.

-¿Quién es? –pregunto Enzo.

-Soy Alan.

Si mis nervios no estaban alerta antes, ahora seguro que si lo estaban.

-Pasa.

¿Por qué lo dejaba pasar? ¿Acaso pensaba descubrirme? Agarre la sabana poco a poco para evitar que pudieran quitarla de encima de mí de golpe.

Escuche varios pasos entrando a la habitación. Lo que significaba que no había venido solo. Seguramente iba con Marco y Ryan.

-Estaba a punto de irme a la cama ¿Qué pasa?

-Nos preguntamos si una chica entro aquí.

-¿Habéis bebido? –podía notar humor en su pregunta. Fingiendo no saber nada.

-No ¡Todos la vimos! –gritaron los tres.

-Que graciosos. Lamento no haberla visto, chicos. Espero que me la traigan si la encontráis.

Justo después se escucharon pisadas y luego se hizo el silencio. Seguí callada para poder escuchar que pasaba en la habitación.

-Ya se han ido –dijo Enzo mientras daba golpecitos a la sabana.

-Gracias –dije asomando la cabeza para ver quien había en la habitación.

Una vez me ceremonie de que solo estaba Enzo. Me senté en la cama envuelta en la sabana.

-Eres más impresionante de lo que pensaba, pero pensar que vengas a visitarme en persona me ha sorprendido.

-¿Qué estás diciendo?

-¿No has venido en persona para ser mi novia y celebrarlo con un...?

-¿Estás loco? –le interrumpí escandalizada.

-¿No has venido a verme? –me pregunta confuso.

-No sabía siquiera que estabas en este internado.

-Que decepción, pensé que esta tarde en el centro comercial te había atraído con mi carisma y viniste a buscarme.

-Deja de bromear. Yo me voy.

Me levante envolviéndome mejor en la sabana. Para que no se resbalara y me volviera a dejar desnuda ante la mirada de Enzo.

-¿Crees que te voy a dejar ir así como así?

De repente Enzo se tiró contra mí haciéndonos caer a ambos en la cama. Enzo estaba sobre mí, con una mano a cada lado de mi cabeza. Poco a poco fue bajando su cabeza hasta casi unir nuestros labios.

Mi reacción fue automática. Levante la mano derecha y le di una bofetada en la mejilla que hizo desviar su cara hacia la izquierda.

-¿Qué diablos haces?

-¿Te has olvidado? Te dije en el centro comercial que te haría mía.

-Eso no quiere decir que yo acepte. Me niego.

Me empujo de los hombros aún más contra el colchón como si quisiera incrustarme en el.

-No te preocupes, después de esto te alegraras de ser mía...

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