La hija horrenda

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La tierra no suele ser gobernada por los mas poderosos...

...pues el verdadero poder radica en la cosas mas pequeñas. Diminutas, impredecibles, minúsculas y frágiles ante los ojos del poderoso universo, capaces y con escasos recursos, ser el motivo de una oleada de cambios sin precedentes... "Una sola piedra puede hacer sucumbir toda una civilización entera en el mas profundo de los abismos, y al mismo tiempo, ser la razón por la que salir del reino de la oscuridad ".

En ellas, es donde radica la pureza de la vida, la fuerza mas poderosa de todas, la que mueve la rueda de todo el majestuoso mecanismo de todas las cosas tanto en el imperio celeste como en la tierra.

Todo transcurre de la misma forma, como tantas veces y desde los confines de todos los tiempos; una simple y pequeña "cosa", desapercibido, como una semilla que cae en la tierra, y en su total oscuridad, germina para convertirse, con el devenir de los años, en un poderoso árbol capaz de nutrir la tierra con sus potentes raíces, ofrecer cobijo y sus deliciosos frutos, que muy a pesar de ser ingeridos, sus hijos o semillas estarán siempre predestinadas a poblar la tierra. Como si todo estuviese preparado, como el más audaz de los maestros de la estrategia, "ni mucho ni poco", tan solo lo suficiente para que todo trascurra "con calma y perseverancia".

El amor, sin duda, es el poder más grande de todos. Pero existe otro más poderoso que ese familiar sentimiento, lo que hace que las cosas mas pequeñas sean tan importantes. Y es "La esperanza".

En los antiguos tiempos, cuando la tierra era gobernada por los hijos de los dioses, los hombres vivían en pequeños grupos de aldeas.

Eran tiempos tranquilos, "la edad de los maestros" en el que "los orellabaks" enseñaban a "los simples"; el saber de la tierra y la utilidad se sus tesoros los minerales, la apreciación de la especie floral y sus atributos medicinales, el respeto por los animales desde los mas gentiles hasta los mas fieros. Y por ultimo, la adoración de los dioses, los padres de los orellabaks.

Pero la felicidad, con el devenir de los años, reclama su sacrificio. Un alto precio. La edad de los maestros, duro siglos y generaciones, hasta que los celos hicieron mella en los hijos de los dioses.

Los orellabaks eran inmortales, con poderes capaces de desafiar a la propia naturaleza, altos y esbeltos, gentiles con lo que les rodeaba y gobernantes de "los simples" o los hombres.

Con el tiempo, comenzaron a sentir el deseo de poseer el don de "la descendencia". Ellos simplemente "No podían", ya que lo tenían prohibido por sus regentes los dioses.

La doctrina que hacia que el mundo celeste y la tierra tuviera su propio equilibrio, no les permitía relacionarse entre sus semejantes. Conocían el amor de una forma diferente, el amor incondicional "a todas las cosas", pero no el amor conyugal. Pero la convivencia con los humanos, hicieron que en lo mas profundo de su inmortal cuerpo, comenzase a palpitar ese deseo imposible de convivir.

La contienda, con el devenir de los años, ya estaba servida. Primero, la guerra entre los que defendían ese derecho de la vida y la capacidad de poder querer al prójimo de una forma diferente y por consiguiente crear su propia descendencia. El otro bando, muy devoto de sus regentes los dioses y en contra del pecado original; "Los orellabaks no podían crear sus propia dinastía. Ellos eran los herederos de la tierra y los hijos de los dioses".

Cada vez la tensión incrementaba y la tierra abastecida reclamaba su tributo de sangre sagrada. Los tambores sonaban por todas partes, La guerra entre los semejantes estaba a punto de comenzar.

Todos los hombres y mortales se ocultaron en las moradas de las dunas blancas, donde las nieves eran perpetuas todo el año. En las profundidades de las montañas, se podía escuchar los gritos que hacían temblar las rocas.

La Reina de la LluviaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora