"África"

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(Roma, Año 67 d.c.)

.- ¡Ciudadanos de Roma!¡ Hoy es un día glorioso para todos nosotros!. Los dioses, vuelven a contemplar nuestra ciudad (Decía el emperador desde el pulpito en el circo)

.- ...¡ desde siempre, "Gea" nuestra madre nos enseñó lo valioso que es la tierra para poder vivir... pero no debemos olvidarnos de "Tique" y sus bienaventuradas riquezas, ¡nuestra diosa de la fortuna! que junto con el poder de Roma, ha hecho que seamos los dueños del mundo civilizado...

El clamor de los ciudadanos en el "Circus Maximus" estallaba en un éxtasis incontrolable. Hombres y mujeres romanas, aclamaban desde sus asientos gritando:

-."¡Dios Nerón salvador de Roma!"-.

Nerón, desde aquella altura, podía sentir la energía que desprendían aquellas masas, de cómo la piedra resonaba ante tales glorificaciones por parte de un pueblo que había padecido toda clase de calamidades desde la catástrofe de las llamas.

Mucho aconteció desde aquel horrible fuego de Julio del año 64.

El asedio de las llamas había consumido, todos los recursos que hacían posible que la capital del imperio funcionase como tal. El grano, las hortalizas, la carne y el pescado, habían sido consumidas por un fuego que parecía ser inmortal, incluso varias semanas después las brasas no se habían extinguido todavía. Gran parte de la ciudad estaba inservible:. Las reservas de grano, en los almacenes imperiales comenzaron a escasear a las 6 semanas, el calor sofocante de un agosto despiadado sembraban las calles principales de cuerpos sin vida, desde la via Julia hasta la plaza Claudia, pasando por el foro y el senado.

Incluso, La legión, se deshizo de sus posesiones militares para dedicarse a recoger los miles de cadáveres que yacían calcinados próximos al Circus Maximus. El calor abrasador de aquel año hizo que el mismo "Ades", se llevase a todo ser humano, sin importar condición social. Y la sociedad superviviente, se agrupaban ante los jardines del palacio de Nerón, para reclamar un poco de grano con las manos alzadas. Pues no había comida...y tanpoco agua.

Desde los inicios de la era Romana, el imperio había sido forjado gracias a la ingeniería de los acueductos y la capacidad de almacenar agua potable. Después de que el infierno de aquel verano del año 64 arrasara toda construcción, las talayas subterráneas y los acueductos junto con las fuentes y pozos, habían quedado inservibles. Lo poco que había, estaba contaminado por los escombros y animales muertos. En las fuentes, no brotaba nada, ni siquiera barro y la población recurría a otro tipo de aguas menos agraciadas, creando una infinidad de enfermedades contagiosas; el tifus, el cólera y la hepatitis. La ciudad mas poderosa del mundo conocido, había quedado desnuda y el comercio en los puertos de Roma, quedaron desolados. Pues nadie quería morir por temor a ser contagiado en la regente ciudad imperio, donde gobernaba el mismo infierno.

Nerón, ordenó mandar a buscar recursos para un pueblo que no solo se moría de hambre. La sed reclamó a "los Garamantes" cuando todo parecía desvanecerse.

Los Garamantes, eran individuos que se dedicaban a buscar manantiales en el interior de la tierra. Provenían de del África del norte y sabían encontrar agua en el mismo Sahara. Habían sabido crear multitudes de sistemas de irrigación en su tierra, en Germa, canalizando las aguas subterráneas escondidas celosamente por las dunas del desierto. Poseían canteras de Amazonita: mineral verdoso que posee pequeñas cantidades de plomo y agua, señal de que cerca habían aguas termales. También, tribu berebere que controlaban las redes comerciales transaharianas, enlazando "el Chad" con el valle de "Niger" comercializando con el producto mas valioso del desierto del Sahara: la sal.

La Reina de la LluviaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora