24 Desde lejos (Crowley y Castiel)

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Paranormal ángeles y demonios: Supernatural


Crowley miraba la calle desolada mientras observaba a Castiel interactuar con los hermanos Winchester. Odiaba cómo el ángel había entablado una relación con ellos y cómo se desvivía por complacer al mayor de los hermanos, al estúpido Dean Winchester.

Por más que le hacía ver que él solo era un tonto útil y que jamás sería considerado como un igual ante ese par, menos parte de su reducida familia, el tonto ángel seguía cayendo una y otra vez rendido a los caprichos de ese par. Castiel deseaba tanto tener su lealtad que, Crowley, muchas veces sentía un deseo tremendo por matarlos, pero sabía que eso mismo había intentado —una pocas veces con éxito, otras muchas fallando— muchos y él no seguiría el mismo patrón, ya no. Tampoco es que resultara ya que siempre esos malditos regresaban de entre los muertos a reírse de todos los que intentaban liquidarlos para siempre.

Observó como el ángel siempre estaba al lado de Dean, siempre mirándolo con esa cara de cachorro apaleado por ese idiota, y aun así, siempre accediendo a todo lo que le pedía y a todo lo que le ordenaba. Cómo buen perro, Castiel obedecía.

« ¿Por qué, mierda, ese estúpido ángel no podía darle esa misma lealtad a él?»

Vio que el trío dinámico se subió al auto y se marcharon, seguramente a alguna misión, así que decidido a no quedarse atrás, los siguió. No le fue difícil, pero tampoco nada fácil ya que ellos estuvieron muy activos gran parte de la noche intentando atrapar a un hombre lobo, el que había sido muy hábil para no dejarse atrapar y cómo ya estaba siendo cansado ver como "los tres chiflados" solo se daban de manotazos entre ellos, decidió darles una mano y facilitarles la tarea de ese modo terminarían de perseguir sus rabos.

Crowley, odiaba aburrirse.

Así fue que al amanecer, los hermanos pudieron —con su secreta ayuda—, acabar con el monstruo y así se pudieron ir a dormir al hotelucho pulguiento en el que se quedaban. El demonio se asomó a una de las ventanas y pudo ver a los hermanos durmiendo y al ángel parado a un lado de las camas gemelas. Sí, justo al lado de la cama del hermano mayor, como siempre era su costumbre.

Desde donde estaba podía ver la mirada que le daba el idiota, seguramente intentando velar y cuidar el sueño de su amor en secreto. Porque sabía que Castiel, amaba a ese Winchester aunque no fuera correspondido ni supiera que debía serlo.

— ¿Por qué nos estas siguiendo? —Escuchó la voz ronca de Castiel a su espalda y se asombró de no haber saltado y gritado como colegiala asustada.

El ángel había sido rápido en desaparecer y aparecer a su lado. Ahora Crowley había quedado expuesto. Volteó a mirar la cara inocente que muchas veces deseo golpear para luego besar y le sonrió en un intento de mostrarse curioso más que inquieto.

—Estaba por el lugar y decidí pasar a saludar, ¿cómo están nuestros muchachos? —Preguntó con voz juguetona.

—Ellos están bien ¿dime, Crowley, por qué nos has estado siguiendo toda la noche? —Insistió el ángel.

Crowley maldijo por lo bajo y metió las manos en el saco que traía puesto.

—Ya te dije, estaba por la zona y los vi —hizo un ademán de despreocupación—. Cuando me aburro, busco que hacer.

—Y por eso ayudaste con ese hombre lobo...

—Te dije, cuando me aburro, busco que hacer, además estaba por la zona y yo tenía un asunto con ese hombre lobo que quería zanjar. Me convenía que lo liquidaran por mí.

La mirada que le dio el ángel le decía que no le creía nada.

—Mira, angelito, por qué no aprovechamos que ese par duerme y nos vamos a... divertir un rato, tengo un lugar...

—No.

Crowley frunció el ceño.

—Oye, al menos espera a que te diga...

—No —repitió el ángel con necedad fría.

No le sorprendía la actitud hostil del alado, es más, la justificaba.

En una sociedad anterior que ambos tuvieron las cosas no habían salido nada bien para ambos y ahora era comprensible que Castiel tuviera sus recelos, con justa razón debía reconocer.

—Sabes —habló bajo Crowley mientras se acercaba mucho al ángel. Sonrió cuando este no se alejó—, mi propuesta de irnos juntos a... pasar el rato es honesta. Deja a ese par descansar.

—No...

Si hubiera dicho algo más, Crowley no se dio por enterado.

El demonio había hecho su movimiento final y ahora estaba besando esos labios puros y casi podía disfrutar de la gloria de tener a un ángel como Castiel a su merced; sin embargo, ese disfrute no duró para siempre. Se retiró y miró a esos hermosos ojos azules que lo miraban con furia, aun así, Crowley sonrió ya que el ángel no se había alejado.

Eso debía significar algo, ¿verdad?

—Aléjate de los Winchester o yo mismo acabaré contigo, y sabes muy bien que puedo hacerlo.

Y así como apareció, desapareció ante sus ojos.

Volvió a mirar por la ventana y observó al ángel parado en el mismo lugar de antes. Crowley sonrió porque, Castiel, no le había dicho que se alejara de él, sino de los hermanos, así que iba a tomar eso como una deliciosa invitación para poder hacer otros nuevos movimientos y de ese modo poder hacer sucumbir al ángel a sus demandas.

Silbando se fue con la esperanza de que pronto, tendría al ángel, rogando por su toque, mientras tanto seguiría deseándolo desde lejos avivando el deseo que crecía en su interior.

Fin

Fin

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Las curiosas formas del amor - Fictober 2019Donde viven las historias. Descúbrelo ahora