25 Enemigo mío (Albus y Grindelwald)

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Mundo mágico – Animales fantásticos


Los pasos de Albus Dumbledore resonaban con un eco ensordecedor a medida que iba andando por el estrecho pasillo de los muchos que hay en Hogwarts. Su mente siempre activa, en ese momento no podía pensar en otra cosa más que en lo que estaba por hacer, algo indebido y por lo cual podría ser acusado de alta traición al mundo mágico.

Aun así, no le importaba.

Sabía que nadie iba a sospechar de lo que estaba a punto de ocurrir, tampoco se enteraría, nunca. Igual, no había ni resentimiento ni culpa por nada de lo pasaría, porque era lo correcto y todo acto se justificaba ciegamente sin importar el porqué; claro, siempre y cuando fuera por el bien mayor.

"El bien mayor"

Resopló con algo de impaciencia, a la vez que se aseguraba de mirar atrás de cuando en vez, para no encontrarse con algún fantasma de los muchos que habitaban en el castillo. No sería inusual que él anduviera por esos lares ni por lugares nada frecuentados por personas vivas ni muertas. Los fantasmas solían dejarlo en paz e ignorarlo siempre y cuando él no se metiera con ellos, eso era algo bueno; aun así, había escogido especialmente ese lugar hace mucho tiempo porque esa zona siempre estaba intranquilamente desolada y silenciosa.

Se detuvo de improviso y volteó a mirar en el oscuro pasaje que había a solo un paso de distancia y que había pasado sin mirar más allá. Claro, sabía la razón y contra todo lo aceptable, él sonrió. Retrocedió el paso que había dado y se paró frente a la sombría entrada y sin perder la leve sonrisa se adentró en las profundas oscuridades de aquel inesperado lugar que casi deja de lado si es que no hubiera reconocido la marca de la magia que lo protegía.

*****

La noche se cernía clara y cálida, aunque en ese lugar todo se sentía frío y húmedo. Estaba algo intranquilo porque la reunión que estaba a punto de tener era muy importante y necesaria para él y aunque todo dependía de qué tanto lograría de su acompañante esa noche, debía estar alerta y no esperar grandes cosas.

La presencia de aquella persona con la que se iba a encontrar, era más fuerte y por un momento pensó que no vendría, pero estaba completamente equivocado. Aunque lo vio pasar de largo, sonrió cuando este retrocedió y entró en la cámara en la que se encontraba aguardándolo con tantas ansias que no prestó atención a su propia reacción al ver que llegaba con una sonrisa.

El lugar se iluminó tenuemente al momento en que su visitante traspasó el umbral.

—Te pasaste de largo, querido —Grindelwald usó su tono más bajo y cariñoso para reprender a su viejo amigo.

El silencio que se instaló entre ellos no era nada nuevo. Las miradas eran las mismas de siempre y el aura que a ambos personajes los rodeaba hoy en día no era nada comparado con lo la forma en que era cuando fueron jóvenes e inexpertos, llenos de sueños muchos tontos, pero no imposibles de conseguir, les rodeaba. Ya fuertes, maduros y con experiencia suficiente para saber en dónde estaban parado y a donde quería llegar.

Ahora sabía con mayor certeza que sus más grandes sueños y metas eran posibles de conseguir y estaba dispuesto a hacerlos realidad.

—Venía distraído —fue lo único que respondió, eso lo fastidiaba, porque así era su viejo amigo, hombre de pocas palabras, frases rebuscadas y enigmas que no solo eran dichas con tino sino que eran sentencias de futuras hazañas que no siempre eran bien recibidas por quienes eran partícipes.

Grindelwald caminó hacía la gran ventana que daba al lago negro dando la espalda al recién llegado y se quedó callado mientras sentía que su acompañante solo era una presencia casi fantasmal en aquella cámara pequeña donde se encontraban en ocasiones.

Las curiosas formas del amor - Fictober 2019Donde viven las historias. Descúbrelo ahora