23 Sin resistencia (Edward y Jacob)

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Paranormal, cambia formas: Saga Crepúsculo de Stephenie Meyer


«Lejos, así es como debo mantenerme del chupasangre.»

Eso era lo que siempre se repetía una y otra vez Jake desde que había conocido a Edward Cullen y siempre falló calamitosamente. Era patético como una y otra vez se rendía a la tentación de estar cerca de ese monstruo, pero aún más perturbador era que el vampiro lo sabía y no hacía nada para evitarlo: por más que proclamaba el amor a su mejor amiga, Bella, y que decía hacer todo lo posible para protegerla, siempre la ponía en peligro.

En ese momento, Jake, se encontraba parado en uno de los barrancos con el mar agitado frente a él, como si fuera un espejo de cómo se sentía en realidad; a su espalda, el bosque frondoso, lleno de vida, olores y sensaciones que solo lo vitalizaban más y hacían que sus sentidos se enfocaran en una sola cosa.

Edward.

Quién estaba de pie a su izquierda tras un árbol. Callado, sin esconderse, pero tampoco acercándose. Ambos enterados de la presencia del otro y aun así, Jake, no hizo nada de lo que se supone debía hacer.

Atacarlo.

Su piel le quemaba por transformarse, su ira crecía a cada instante y su corazón se partía en mil pedazos ante la perspectiva de lo que pudiera suceder si se dejaba llevar por la razón y no por los impulsos ya que las consecuencias serían atroces, tanto para él, como para su amiga, y eso no podía dejar que sucediera.

No volteó, solo se quedó con la mirada fija en el océano.

Recordó muchas cosas que habían sucedido en ese lugar; cómo cada uno de los chicos de la manada fueron transformándose al fin, viniendo a ese lugar a tirarse al vacío como una forma de festejar su nuevo estatus, pero él nunca fue parte de ese grupo realmente, jamás quiso serlo.

Escuchó tarde, la respiración de Edward tras él, aun así, continuó sin moverse por más que su piel hormigueaba, quemaba. Su mente le decía que tenía que ser precavido con su enemigo, atacar y vencer, pero su cuerpo, incluso hasta su lobo interno le decían otra cosa.

—No luches —escuchó la voz de Edward muy cerca.

Volteó a mirarlo, porque estaba seguro de haber sentido incluso hasta el aliento frío, no desagradable del chupasangre en su piel, pero este estaba a unos metros de él. Seguro de que con su velocidad había retrocedido ni bien dijo aquellas palabras. No quería luchar, no en ese momento y menos en ese territorio.

Jake, gruño.

—Tampoco quiero luchar, no contigo, Jacob —respondió a sus pensamientos Edward.

«Mentira»

Eso tenía que ser una mentira de lo contrario no se hubiera presentado en ese lugar, donde otros lobos pudieran encontrarlos. Sin saber por qué, se agitó y miró a todos lados buscando a algún lobo que estuviera en la cercanía, pero no había nadie; aunque sabía que pronto vendrían ya que el olor del muerto viviente era demasiado fuerte.

—Necesitamos hablar en un lugar neutral —Edward confirmó a sus pensamientos que era peligroso seguir un minuto más allí.

Y sin decirle nada más se fue.

Respiró hondo y volteó nuevamente a mirar al mar.

No quería ir tras ese vampiro, se sentía cansado y sin fuerzas, no podía comprender lo que estaba sucediéndole, aunque realmente sí lo hacía. Eso era lo que más le estaba molestando y si era sincero consigo mismo, tampoco quería que todo ese tira y afloja con Edward concluyera. Debía saber que era lo que les estaba sucediendo, porque fuera lo que fuera, estaba también influyendo en el vampiro.

Las curiosas formas del amor - Fictober 2019Donde viven las historias. Descúbrelo ahora