El género neutro

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Vamos a hablar del español como idioma con género neutro.

Este tema es más apropiado para tratarlo en mi otro libro "Las trampas del Lenguaje" (¡tatatachán: autoSPAM!) pero dado que decidimos discutirlo aquí, pues... aquí está.

Lo mismo que otros idiomas románicos, el español contiene morfemas que distinguen el género femenino y el masculino. Paradójicamente, el género neutro que ya existía en el Latín no fue heredado por el castellano, con la honrosa excepción del artículo y pronombres ( lo, esto, eso y aquello, por ejemplo).

Es común tener la idea errónea de considerar los sustantivos terminados en -o como masculinos y los terminados en -a como femeninos. Por supuesto que, aunque es lo más común, esto no es estricto y hay variadas excepciones: el artista, el pianista, el indígena, el espía, el astronauta, poeta, profeta, cura, centinela, suicida, etc. ¿para qué seguir?

El hecho es que nuestro idioma perdió el neutro por el camino y dado que el lenguaje no es una creación arbitraria, sino que emerge como un objeto social, cultural e histórico hemos armado nuestra cultura latina utilizando el plural del masculino como indicador de neutro genérico. Obviamente, patriarcado a full y todo eso.

Si bien es una solución aceptada históricamente, hoy la ponemos en tela de juicio desde el plano cultural. Manifestamos ahora que la recuperación del neutro perdido puede ayudarnos a corregir ciertas desigualdades que atañen a determinados colectivos, minoritarios o no, que están siendo discriminados.

Mas allá de las soluciones ensayadas que no prosperaron (como la -x y la -@) ahora aparece la opción de utilizar el morfema -e y se abre la discusión con nuevas y filosas aristas. Es interesante.

Va por delante el razonamiento de que la igualdad no se consigue cambiando la forma de expresarnos. Es evidente que mientras no exista igualdad plena en la práctica, hablar distinto para actuar como si ya existiera la deseada igualdad, no ayudará a eliminarla y, me animo a decir, que hacerlo así, quiero decir: hablar como si la igualdad ya existiera, invisibiliza el problema aún más.

Es posible que todos y cada uno de estos planteamientos tengan algo de verdad y me permito intentar desvelar con mi razonamiento hasta qué punto esto es así en cada postura.

En este artículo intentaré hablar claro y, como decía mi abuelo ¡A ver si hay huevos (u ovarios) para hacerlo! (Lo de mi abuelo era solo con los huevos, pero lo de agregar los ovarios es para hacerlo más inclusivo, claro).

Desde el coaching: porque y para que

Como ya escribí en algún artículo pasado, en la práctica del coaching solemos preguntar frente a los dilemas los "porque" y "paraque".

Los "porque" nos permiten argumentar y justificar porqué creemos que estamos frente al dilema y los "paraque" nos permiten buscar un punto de inflexión para desembarazarnos de los argumentos que nos atan al pasado y buscar una proyección en el futuro. Los "paraque" son sinónimo de plantearnos que esperamos conseguir resolviendo el dilema de una u otra forma.

El truco es que los "paraque" y los "porque" tengan cierto balance. Alguna relación de continuidad, aunque sea mínima.

Somos la misma persona, la misma cultura, y los cambios de paradigma no suceden de un día para el otro, aunque a la vista de la historia así lo parezcan. La cosa se va cocinando a fuego lento mientras se argumentan los "porque" y, cuando aparece la suficiente masa crítica, comienzan a verse claramente los "paraque" y, casi sin darnos cuenta, estamos en un cambio de paradigma.

Pero no siempre es así y la desconexión entre "porque" y "paraque" es, a veces, muy elocuente. 

Voy a poner un ejemplo bien bruto para que se entienda lo que quiero decir.

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