Reencuentro.

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  PARTE 2 - SUPER-  

Se removió incómodo y al instante supo que esa no era su cama ni mucho menos su habitación, justo cuando trato de girar el cuerpo sintió aquel devil brazo sobre sus costillas. Apenas y miró de reojo al moreno que parecía tan perdido como la noche anterior cuando ambos buscaron un motel barato para apagar sus diferentes deseos. Con mucho cuidado para no alarmar al otro se lo quitó de encima y buscó sus ropas que estaban desperdigadas por todo el piso. Ni siquiera se molestó en tomar una ducha o algo más pues lo único que quería era irse.

Lo último en su indumentaria fueron sus anteojos y cuando estuvo medianamente decente se dispuso a bajar sin siquiera volver a ver al chico una ultima vez, cuando llego a la recepción pago y salió con dirección a su motocicleta con algo de malestar en el estómago. Condujo con calma tratando de no acelerar tan estruendosamente y con cada kilómetro recorrido se fue relajando pues al sentir el aire salado sobre su rostro la tranquilidad regresaba a su embotada mente. Amaba la costa.

Cuando llegó a su departamento ya era más de medio día y los mensajes en la contestadora no se le antojaron. Hacía un año y medio que Jonathan se había dispuesto a vivir por su propia cuenta, el chico aun no terminaba la universidad pero poco le faltaba y como ya estaba trabajando optó por rentar un pequeño lugar que, aunque arcaico, era cómodo.

El joven Kent comió cereal y vio un poco de televisión sin nada de interés pues ese día era sábado y las vacaciones recién empezaban, aquel había sido el motivo por el cual él y varios colegas del instituto terminaron por ir la noche del viernes a una taberna para celebrar el fin de curso. Cómo de costumbre Jon terminó por colarse entre las piernas de alguna encantadora víctima que al igual buscaba como resultado un apasionado y fugaz acoston que aunque bueno siempre era olvidable.

Su comunicador sonó y cuando la simpática voz de Garfield le recibió con aquella noticia hasta su plato con leche salió volando. Aún estaba en línea cuando ya se encontraba en camino acomodando torpemente su uniforme y haciendo la pregunta "¿En verdad?" una un otra vez para asegurarse de que no era un broma y claro que era cierto pues ningún miembro del equipo se atrevió a hacer burla o siquiera comentario con aquel tema (casi tabú) desde que Jon explotó aquel día en la mansión Wayne.

Había sido hace dos años aproximadamente. Cuando Damian se fue se sintió traicionado y herido a partes iguales porque su supuesto mejor amigo no tuvo la confianza para decirle lo que pasaba, eso fue el inicio de aquella creciente ira que le cambio todo a su paso. Dick le había explicado de mejor manera lo que sucedía, le narro sobre las tradiciones de Thalia, del año que estaría ausente su hermano menor y Bruce y en como ningún otro podía intervenir. Esa noche lleno de cólera, frustración, dolor y culpa Jon destruyó a base de puñetazos el pequeño jardín de los Wayne que le pertenecía a Damian.

Si cerraba los ojos y se concentraba lo suficiente aún podía recordar los detalles de aquel insufrible día. Recordaba cómo después de reducir el lugar a polvo y escombros se dejaba caer de rodillas con las mirabas de Dick, Alfred y Bárbara Gordon a su espalda sin atreverse a decirle algo por miedo a que Jon notará la lástima que los tres sentían. Fue Bárbara quién le consoló esa noche y la que le ayudó a levantar de nueva cuenta su perturbada existencia. Después de eso vino la negación, Jon se decía una y otra vez que si Damian se había largado sin decirle nada pues por él estaba bien, no necesitaba la apática compañía de Robin y fue así como llegó a la conclusión de que esa era la oportunidad perfecta para hacer lo que le viniera en gana pues el constante control del chico maravilla ya no se le podría aplicar a Jon o a ningún otro miembro.

Pasados algunos días Jon pudo superar la negación y casi instantáneamente vino la aceptación; con aquella etapa la culpa que sentía se le engarroto en las entrañas y desde entonces tuvo constantes malestares estomacales (que su padre aseguraba eran meramente mentales) que le aquejaron sorpresivamente. Fue por cargo de conciencia y por una inexplicable vergüenza que Jon reconstruyo lo mejor que pudo el jardín destrozado de su ausente amigo. Jonathan no solo se conformo con dejarlo como en un inicio el dueño lo había estructurado sino que lo amplió con más variedad de flores y árboles que el superchico imaginaba podían ser gratos para Damian. Cada dos o tres días Jon iba a la mansión y cuidaba del edénico paraíso que pronto volvió a florecer y a embellecer los jardines y la vista. Alfred, el amable mayordomo, también gustaba de mantener en perfectas condiciones los setos y arbustos y en más de una ocasión Jon lo sorprendió meditabundo contemplando los capullos recién abiertos con una expresión que solo podía significar el profundo dolor que sentía; era difícil para todos el duelo que vivían y mientras Superboy lo manifestaba con ira Alfred lo hacía con la melancolía.

Sin embargo un extraño impulso le brotó de improviso, una mañana sin ningún sentimiento en particular el verdadero cambio llegó. Jonatan comenzó con lo más fácil, dando simples opiniones y observaciones que los demás miembros del equipo parecían apreciar bastante pues estos, a diferencia de Damian, sí que le prestaba atención fueron el preámbulo para lo inevitable. Cuando Robin se había marchado no solo había dejado un profundo sentimiento de abandono el sus amigos sino que también había dejado el cargo de líder en una estafeta que pocos miembros supieron (o pudieron) manejar. Fue en esos momentos cuando la sólida moral de Jon, forjada por Superman, entró en acción y en un acto de total alivio para los demás el joven kryptoniano se convirtió en el nuevo líder de los Jovenes Titanes.

Jon parecía haber madurado más en los últimos meses que en toda su pubertad. Ahora solía pensar con la mente fría cuando la situación parecía explotarles en las caras; su carácter alegre y despreocupado evolucionó a uno más reservado y en ciertas ocasiones severo pues ahora tenía la responsabilidad de cuidar a los miembros del equipo. Sin embargo su vida personal pareció también sufrir estragos aunque nadie se explicaba cómo es que lo había hecho en un sentido opuesto. Antes de que Superboy se volviera el líder solía emplear su tiempo en actividades recreativas o en sus estudios pero ahora era despreocupado con aquellos temas pues se conformaba con pasar las materias (6 o 10 le era igual) y las fiestas se volvieron parte de su rutina. No solo era el cambio en su promedio escolar que caída en picada aparatosamente sino que Jon empezó a ser más abierto y liberal de lo que el estigma de líder solía manejar.

El joven Kent comenzó a salir con algunas chicas y pronto se dio cuenta de lo divertido que resultaba aquella actividad que el número de visitantes en su cama se disparó como si de una botella de burbujeante champaña se tratara. Morenas, pelirrojas, castañas, asiáticas, latinas, de ojos claros u oscuros, cualquiera que se prestará resultaba bien para los gustos de Jonathan quien pronto también abrió su cacería por chicos quienes de igual manera no tenían un rasgo particular que se les exigiera. Acostones rápidos y sin compromiso eran algo que se daba casi cada semana y aunque el ritmo de vida de Jon (como estudiante promedio, trabajador de medio tiempo en una editorial, líder de los Titanes y jardinero particular de los Wayne) era aprensivo el kryptoniano siempre encontraba espacios y huecos para sus encuentros entre todas sus demás actividades.

Una parvada de golondrinas que casi lo atropellan fueron lo que le regresaron al presente, casi no se había percatado del recorrido desde su departamento hasta la sede de los Titanes y cuando por fin su cerebro se activó un cúmulo de malestares lo asaltaron. Llegó por la entrada de emergencia y atravesó como un rayo las distintas salas que conforman el piso superior de la Torre Titan; habitaciones de los miembros, pequeños centros de dispersión, salas de reuniones, laboratorios y varios cientos de escalones fueron perturbados por el borrón azul y rojo que el cuerpo de Jon iba dejando a su paso. Cuando por fin llegó ante la puerta freno en seco y sintió las tripas pesadas, abrió la puerta sin tanto preámbulo y contuvo imperceptiblemente la respiración. En el centro de la sala un grupo de la mayoría de los miembros rodeaban algo o mejor dicho a alguien, Jaime se apartó para que Jon pudiera acercarse y entonces el peso de plomo en sus entrañas se duplicó pues aquel a quien todavía abrazaba Raven era Damian.

Su amigo había vuelto.



Notas finales:


Nuevo enfoque misma trama. 

;)

  Dos capítulos por la tremenda ausencia en la que estuve. Besos.  

Sol y tiempoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora