Decisión.

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El darse cuenta no fue algo que le costó de descifrar, ya antes sus hermanos le habían hecho la observación y en su momento puso especial interés en estudiar las burlas hasta concluir el mismo, con algo de molestia, que era verdad. Nunca había sido algo que en verdad le causara preocupación pues Jon, tan ingenuo como siempre, jamás reparó en las discretas indirectas que lanzaban los otros Bat-Boy cuando trabajaban juntos.

Además, el tiempo había sido decisivo para que Damian cayera rendido ante esos encantados semi alienígenas, pues su amigo era tantas cosas que cada una lo hacían enaltecer un poco más en el rating de cualidades que él Al' Ghul buscaba en una pareja. Jon era amable (casi tan absurdo como un samaritano altruista), divertido (aunque a veces pecaba de no serlo y más bien calificarse como soso), guapo (punto donde no había problema más allá de llamar la atención de muchas personas sin ser esa su intención), dedicado (poniendo el mayor de sus empeños en las tareas que realizaba sin importar la naturaleza de estas), cariñoso (cuando lo cuidaba o velaba por el bienestar de otros) y paciente (soportando con estoicismo el carácter o las circunstancias más apremiantes).

Pero aquello solo había llegado a ser un mero interés, un pequeño capricho que se anido en Damian sin algo más allá que la admiración que aquel cuerpo y carácter le fueron regalando, no obstante, con las últimas misiones Damian se sabía en una etapa de cambio pues ahora ya no sólo admiraba a Jon por tres minutos sino que se perdía todo el tiempo que el otro estaba en su rango de visión, las alertas no pararon ahí pues Robin comenzó a querer estar más tiempo como simples civiles con su amigo el cual siempre lo aceptaba e incluso buscaba.

Durante una velada de ocio Damian descansaba en la sala de la mansión sin nada más importante que hacer que pasar sin haber entendido en realidad lo que acaba de leer en aquella hoja de su ejemplar en pasta dura de Trabajos de amor perdidos; William Shakespeare siempre había sido uno de sus escritores preferidos y cuando Alfred le regaló aquel en específico Damian lo atesoro con especial cariño, sin embargo aquella tarde no era capaz de centrar su atención sobre nada ya que después de casi medio mes sin verlo hoy por fin regresaba a la Tierra.

-El chico está volando allá afuera- su padre había entrado y el apenas notaba su presencia. Bruce lucía cansado después de sus interminables juntas con accionistas- invítalo a cenar.

-Hola padre- colocando su separador donde correspondía cerro la página y se encaminó a su habitación.

Superman y su hijo habían partido a un sistema solar cercano para poder ayudar en lo que se asemejaba a un juicio y por fin parecía haber terminado. La primavera apenas iniciaba y a pesar de eso se sentía la ciudad como si estuviera en verano, las ventanas se mantenían abiertas la mayor parte del día pero la de la alcoba de Damian siempre se conservaba de esa forma sin importar el clima.

Llegó reprendiéndose por lo rápido de sus pasos pues no pretendía verse tan ansioso. Al momento de ingresar la sonrisa que lo recibió lo hizo olvidar sus autos regaños. En una silla de su escritorio descansaba Superboy portando aquel nuevo traje que tanto había fascinado al mayor cuando se lo presumió casi antes de irse. Superboy había cambiado los tenis por un par de botas al estilo militar que le llegaban a dos tercios de la pantorrilla, también había dejado la capa y ahora solo su chamarra, siempre con el escudo de su casa kryptoniana, le cubrían el torso; lo único que pareció no modificar fue sus jeans rasgados de las rodillas.

-Hola- se puso de pie demostrando aquella, ya no tan fastidiosa, diferencia de estaturas y complexión- ¿no le das un abrazo a tu mejor amigo?

-¿Qué es eso?- Damian obvio la pregunta para no verse afectado por esa voz que ya no era de un infante y se centró en lo que Jon sostenía en una de sus manos.

Sol y tiempoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora