Viaje.

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En la mansión todos parecían rémoras inquietas por el vaivén de las olas, entre correr por esto y empacar aquello el tiempo voló. Jason se había negado rotundamente al igual que los otros chicos pero la convicción de ambos Wayne era algo que no se revocaría ni con el fin del mundo presente.

El cumpleaños del heredero de sangre estaba a menos de dos días y aquel no iba a ser celebrado. El cofre de oro puro y jade moldeado contenía el peor de todos los preámbulos, la caja de Pandora personal de Damian no sólo había llevado un regalo adelantado que demostraba la mayoría de edad (según las costumbres de su familia materna) del heredero sino que la carta a puño y letra de la cabeza del demonio le informaba que ya era momento de regresar a su lado.

Nada había sido un accidente o capricho de los Al' Ghul, todo estaba presente y claro de qué sucedería. Damian pronto cumpliría los diecinueve años y el momento de erigirse como el sucesor había llegado, su obsequio era la Liga de las Sombras.

Bruce parecía una fiera gritando órdenes a diestra y siniestra, él había pensado con una falsa esperanza de que la asesina dejaría sus intentos por recuperar a su hijo cuatro años atrás pero por lo visto solo habían sido promesas vacías que la arena del desierto enterró, esta vez se encargaría de que dejaran a su hijo en paz, por eso es que se preparaban, Batman iría con Robin, no lo volvería a perder.

Un año, es lo que se tardarían en regresar. Las costumbres y tradiciones eran confusas por no decir absurdas pero las cumplirían si con eso se libraban de aquella sangre maldita que desde siempre había manchado a ambos.

Un año sería lo que Dick tendría que fingirse Batman nuevamente mientras aquel retornaba a las entrañas del demonio.

Esa noche el COE de empresas Wayne terminaba de dejar todo en las siempre bien calificadas manos de Timothy Drake y se despedía de su fiel amigo inglés que se encargaría no sólo de cuidar la mansión como antaño en su ausencia sino que también protegería a sus tres hijos que enojados, preocupados y temerosos lo apoyaban. Jason fue el más complicado de convencer pero una buena comida callejera bastó para sembrar en el forajido la semilla de la aceptación.

Damian limpio a sus mascotas y arregló su edénico paraíso antes de marcharse, tan etéreo que le causó chiste que fuera creación suya, la obra de un asesino reformado podía ser bella de admirar. Acomodó las piezas y hecho sus pocas pertenencias con valor sentimental en un diminuto búnker secreto que le esperaría a su regreso.

Tenía muchas cosas en la cabeza para esas alturas, las expresiones de su familia eran lo que más le dolía; la expresión de angustia y preocupación de Dick por tener que volver a vestir la capucha, el enfado e ira de Jason quien aún buscaba una revancha con su abuelo y madre por lo que le hicieron después de muerto, la ansiedad de Tim por tener el peso de toda una compañía multimillonaria sobre sus aún jóvenes hombres y Alfred, el dolor en aquella paternal expresión que acongojaba su ser. Sería inútil tratar de decir que el chico no tenía miedo, por supuesto que le aterraba ir a sus tierras natal para buscar su libertad y en lugar de eso perder las alas, sin embargo su padre estaría ahí para ayudarle, para guiarlo y sobre todo para sostenerlo con aquel amor de padre que siempre deseó sentir.

Con sus amigos fue diferente la sensación. La explicación que les había dado solo era otra noticia más que nadie percibió como seria, ninguno le veía con algo especial y el gesto era refrescante en su turbulenta vida pues pudo fingirse tranquilo con mejor éxito. Las misiones en las que participó menguaron bastante desde que recibió el cofre y su carácter empeoro a la par que los días se aproximaban como pirañas tratando de comerle hasta los huesos.

Su última tarde en la ciudad la paso en exploraciones por los destartalados edificios junto a su amigo. No había pasado mucho después de aquella discusión en el bar cuando un cabizbajo y arrepentido Jonathan lo abordó con todo un discurso de disculpa, como Damian también se retractó volviendo a ser la dupla perfecta dejando el incidente tan atrás que los detalles ya eran borrosos.

Superboy, al igual que el resto, no sabía en qué consistía la misión concretamente pues Robin solo le había dicho lo más básico y ya que este viajaría al lado de Batman fue que el súper tampoco le dio vueltas. Recorrieron Gótica entre risas pues, a pesar de todo, Damian había optado por seguir los cuatro primeros pasos de seducción que Dick le había facilitado. Los chistes eran mejores y el gesto se agradecía en el par facial del petirrojo al que ya no sometía a constantes esfuerzos.

Cuando la noche llegó se despidieron como cualquier otro día, Dami habría dado lo que fuera para que Jon se quedara un poco más pero este parecía tan ansioso por reunirse con aquella linda rubia amiga de Jon que Robin no supo qué más inventar para retenerlo.

Por dios! Jonathan ni siquiera había mencionado nada por su cumpleaños!

Robin regreso solo y sin haber tenido un abrazo de aquel que, sin saberlo, le podía dar toda la fortaleza que pronto necesitaría para afrontar Nanda Parbat.

Sol y tiempoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora