Capítulo 11: "La cita" Parte 1

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(Ágata)

-Mamá, estaremos en mi habitación por cualquier cosa –

- Ya lo sé – me dice mi madre rodando los ojos – Hola Xime –

- Hola tía –

- La pizza llegara en media hora, cuando lleguen deben bajar a comer –

- Bueno – le digo mientras Xime me tiraba del brazo.

¿Qué le pasara?

- ¡No corras por las escaleras! - grita mi mamá.

- Si tía, no nos vamos a caer – le dice Xime mientras subíamos escaleras.

- Que sea una pizza familiar mamá –

- ¡Si hija, ya lo sé! – le alcanzo a escuchar antes que Xime cerrara la puerta.

-Ágata Fellon – me dice metiéndome en mi pieza.

- ¿Qué pasa? – le pregunto ladeando la cabeza, mientras me sentaba en mi cama.

- Es algo muy importante Ágata Fellon –

- Deja de llamarme así Ximena Luz Del Ca... -

- Okey, okey, no te vuelvo a llamar por tu nombre completo – me dice elevando sus manos en modo de defensa - Pero es que es algo muy importante – me dice sentándose a mi lado – Y lo digo de una forma seria... -

- ¿Qué sucede? –

- Necesito que me cortes el pelo – murmura.

- ¿Que? – le pregunto enarcando una ceja.

- ¡Quiero que me cortes el pelo! –

- ¿Y tú estás loca? –

- No – me responde meneando la cabeza.

- No puedo hacer eso – le digo parándome de la cama – Tu pelo... es muy largo y lindo, no quiero que por mi culpa luego este feo y opaco –

- No pasara eso Ág –

- No tengo las tijeras necesarias –

- Yo si tengo –

- Me falta una foto – le digo caminando en mi habitación de un lado a otro.

- La tengo en mi celular -

- Necesito una buena iluminación –

- Podemos cambiar la luz de tu habitación –

- ¿Por qué lo ves todo tan fácil? – le pregunto apoyándome en la puerta.

- Porque es fácil – me responde encogiéndose de hombros - ¿Estas bien? –

- Si, si – suspiro – No, la verdad que no –

- Es por tu amigo, ¿verdad? –

- Si – le digo deslizándome por la puerta para sentarme en el piso – No sé que hacer –

- No puedes hacer nada Ág, debes esperar a que despierte y eso, no eres Dios o alguien con poderes como para revivir a alguien –

- Bueno... - le digo desviando la mirada.

- ¿Qué ocurre? –

- Nada –

- Conozco esa mirada –

- ¿Cual? – le vuelvo a preguntar mirando en cualquier dirección.

- ¡Esa! – me apunta – Esa que haces, ¡desvías la mirada y no me miras a los ojos! –

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