Capitulo 14: "Un corazon destrozado" (MARATON 2/4)

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(Ágata)

-Buenas tardes jovenes, ¿en que los puedo ayudar? – nos saluda el vendedor.

- Veamos, quiero un helado de piña, otro de fresa, de limón y de arándanos –

- Bien – dice anotando en su libreta.

- ¿Y tú Ágata, que quieres? –

- Sospechaba que todos esos helados eran para ti – le digo rodando los ojos.

- No esperaras que los comparta contigo – me dice sacándome la lengua.

- ¿Algo más? – pregunta el caballero.

- Y un helado de chocolate – dice Gabriel y me sonríe.

- Bueno, les traigo altiro su pedido – nos dice el señor y se va.

- ¿No se supone que tu elegirías mi helado? –

- Y lo hice –

- Pero... -

- No voy a ir en contra de algo que tú quieres Ágata –

- Gracias, creo – le digo sonriendo.

- Y para que quede claro, solo somos amigos, ¿vale? –

- Lo sé, lo sé, además... no te veo con otros ojos, ni de otra forma – le digo encogiéndome de hombros.

- Lamento informarte que mis ojos nos son los que quieres ver, sino que son otros de color gris –

- Mejor cállate –

- Con que ojos grises – ríe maliciosamente – Puede que me compre unos lentes de contacto de ese color, solo para fastidiarte –

- Y es así como vuelve la fea roca –

- Oye, no me llames de ese modo pequeño tomate –

- Y tú no me digas pequeño tomate –

- Pero si cuando te sonrojas pareces un tomate cherry –

- Y tu pareces unas de esas rocas que están huecas por dentro –

- Ouch, eso dolió – dice tocando su pecho.

- Pensé que no tenías corazón – le digo haciéndome la pensativa.

- Te informo que si tengo porque me sirve para vivir –

- Lo sé, solo que dice que una persona cuando es fría y cortante no tiene corazón y esas cosas –

- Se a lo que te referías, no era necesario que me lo explicaras –

- En ocasiones te odio – le digo a lo que los dos nos comenzamos a reír sin motivo.

- Bueno jovenes, les traje sus helados –

- Gracias – respondimos al mismo tiempo.

- Y este de cortesía, porque hacen una hermosa pareja, según las chicas de allá adentro – nos dice el señor apuntando a un par de chicas que estaban detrás de un mostrador.

- No era necesario las molestias – digo apenada.

- No es molestia, es un regalo, espero que lo disfruten – dice el señor y se va sonriendo.

- ¿Qué acaba de pasar? – le pregunto a Gabriel.

- Pues ¿que nos regalaron un helado? –

- No, no, no –

- ¿Entonces? – le pregunta levantando una ceja.

- Nos llamaron pareja –

- ¿Y eso qué? Nos dieron un helado –

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