capitulo 18

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-Mamá, ésta noche me quedaré en casa de Eun Ji- le avisé a mi madre mientras terminábamos de cenar. Ella me observó y arqueó una ceja, suspicaz.
Ahora veo de dónde lo heredé…

-¿Lee Eun Ji? ¿Aquella amiga tuya que luce como una vulgar mujerzuela de cabaret?- dijo ácidamente sin perder la más mínima fracción de gracia y elegancia.

Mi padre se aclaró la garganta.

-Esa misma- dije tranquilamente desafiante.

-No creo que debas seguir juntándote con ella. No es apropiado.

-Te recuerdo que tengo diecinueve años, y puedo elegir mis amistades.

-Y si mal no recuerdo yo, aun vives en ésta casa- me retrucó ella, secamente.

-¿Planeas echarme por tener una amiga que no te agrade? Una madre tan comprensiva… -ironicé.
Al parecer, mi táctica le dio al clavo porque ella suspiró, a modo de rendición.

-¿Cuándo regresarás?

-Mañana por la tarde.

-Más te vale que tengas tu móvil encendido- me advirtió.
¿Quién diablos soy para estar recibiendo su permiso? ¡Tengo la edad suficiente!


(…)



-¡Hoy dormirás con él!- dijo Eun Ji emocionada y sonriendo frente al espejo. –Oh Dios, ¿estás nerviosa?

Negué con la cabeza, pero fue inútil. No le puedes mentir a tu mejor amiga.

-No estés nerviosa, apuesto a que será muy divertido- bromeó ella y le di un codazo. –No salgas corriendo como lo haces habitualmente.

-Eso es sólo en las exposiciones en la academia, no saldré corriendo en este asunto- le dije sonrojándome.
Al parecer mis nervios irracionales eran un gran tema del que burlarse para Eun Ji. Malditas sean las amigas.

-Me pregunto que tendrá planeado- dijo curiosa mi amiga, la observé. Yo también me lo preguntaba.

A eso de las once, luego de bailar para un tipo de unos veinte y tantos años, me dirigí a mi receso personal.
En la barra pedí algo de cerveza. Extrañamente, Luhan no había aparecido. ¿Se habría olvidado?
Salía por la puerta de empleados al callejón para tomar aire cuando…

-Ésta vez no te me escapas- me dijo alguien al oído y me aparté por reflejo. El olor a alcohol brotaba por todos sus repulsivos poros. –Te saldrá muy caro lo que me hiciste ayer, linda zorra…

Lo observé, fulminante y con asco. ¿Vienes a amenazarme a mí, patético idiota? ¿Justo a mí?

-Pues la de ayer te la merecías, y si no quieres que mi tacón termine enterrado en tu cornea izquierda en este instante, más te vale que te alejes de mí.

-¿Crees que me asustas?- preguntó Kai riendo. Se secó la boca con la manga de su camisa y luego eructó.
Oh desgraciado, ¿eres un asco de nacimiento o fuiste acumulando puntos con el correr de los años?

Tomé mi celular del bolsillo trasero de mis shorts y marqué el número asignado a marcación rápida. Chanyeol.

-Hola Chanyeol, disculpa por molestarte en tu trabajo- comencé observando la mirada atenta de Kai al escuchar el nombre masculino. – ¿Recuerdas al idiota del que nos burlábamos el otro día?- hice una pausa. –Oh sí, ese mismo- reí. –Pues, ha estado molestándome últimamente, por eso quería preguntarte… ¿habría forma de qué me ayudarás… uhmm… a alejarlo de mí?

Kai me observó espantado. Consciente de que Chanyeol era su peor pesadilla, sonreí maliciosamente y luego asentí.

-Gracias Yeol, se lo informaré- dije y corté la comunicación. – ¿Quieres que te diga lo que me dijo o prefieres correr ahora?

-¡Eres una perra rastrera!

-Oh… ¿igual de rastrera que tu hermanita menor?- me burlé y él levantó su puño derecho. Al parecer, estaba corto de reflejos porque cuando me moví a un lado ni se inmutó. En un segundo y con ventaja mi rodilla derecha se instaló furiosamente en su ingle.
Un grito agudo me demostró que quizá lo había dejado estéril.
Bien… al menos sus asquerosos espermas no entrarían al banco genético.

Se levantó y se alejó cojeando. Park manda. Oh sí.

(…)


A la una de la mañana, ya demasiado cansada para bailar y sin ánimos de quedarme, me senté en una de las mesas lejanas al escenario, con Eun Ji a mi lado.

-¿Qué pasa, cielo?

-Nada, Luhan no ha aparecido en toda la noche.

-¿Ni mensajes ni llamadas?- preguntó sorprendida. Negué con la cabeza y suspiré.

-Se ha olvidado de seguro- apreté los dientes.
No quería pasarme la noche atormentándome con decepción y enojo.

-Puedes venir a casa si quieres- me ofreció Eun Ji. –Ya que fue eso lo que le dijiste a tus padres…

Sonreí a medias. A veces pienso que todas necesitamos una rubia loca y efusiva que nos saque de quicio como mejor amiga.

-Bueno… -dijo ella mirando detrás de mí. –Creo que mejor cancelamos lo de mi casa…

La miré confundida y luego seguí su mirada detrás de mí.
Con su mejor sonrisita de hoy-salgo-con-alguien caminó a través de las mesas hacia nosotras, deliciosamente vestido con un smoking informal de color gris oscuro y el cabello hacia atrás con algo de gel.
Lucía tan… ¿poderoso?

Abrí los ojos como platos cuando llegó a nuestro lado sin preocuparme por disimular que lo estaba mirando de arriba abajo.
«Cierra la boca o babearás» me advirtió una vocecita en mi interior.

-Vaya- fue lo único que dije.
Él sonrió y tomó mi mano sentándose a mi lado.

-¿Qué tal su noche, señoritas?- preguntó tranquilamente mientras con su pulgar acariciaba el dorso de mi mano.
«Hmmm… una caricia tan suave y engañosa.»

-Justo estábamos hablando de ti- dijo Eun Ji sonriente y lanzándome una mirada cómplice que ignoré. –Así que… ¿a qué se debe que te hayas peinado?- bromeó la rubia y los tres soltamos una carcajada.

-Hoy tengo una cita- le respondió él y guiñó un ojo.
Me sonrojé.

-¿Se puede saber con quién?- preguntó mi amiga fingiendo asombro.

-Es una morena, ojos algo verdes, y mirada de manipuladora- comenzó Luhan sin siquiera mirarme. –Fuerte temperamento, y caderas de muerte. Es realmente hermosa- concluyó. –Mentira, saldré con ___________.

Eun Ji estalló en carcajadas y yo me quejé quitando mi mano de la suya y dándole un codazo.
«Conmigo no te vienes a hacer el gracioso, Xiao.»

-Oye- se quejó él. –Tus ojos son grises, no verdes. Y no usaría un adjetivo tan básico como “hermosa” para describirte- explicó mirándome a los ojos cálidamente. –Preferiría decir que eres maravillosa.

Me quedé observándola, embobada, con aquel enojo esfumándose.

¿Cómo haces eso, Xiao Luhan? ¿Cómo me arrastras hasta las estrellas sólo con tu voz o tu mirada?


Eun Ji me miró asombrada.

-Suertuda- gesticuló con los labios entornando los ojos.
Sonreí.

-¿Has terminado por hoy?- preguntó Luhan sacándome de mis cavilaciones. Asentí. – ¿Quieres irte ya?

Asentí una vez más, con la emoción a flor de piel.
Eun Ji me tomó de la mano y me arrastró al vestuario.

-Oh Dios, el es encantador- dijo ella con una risita tomando un trozo de algodón y quitándome el maquillaje. –Cuídate ésta noche, Park. No quiero ser tía a tan corta edad- casi me atraganté.

-Cállate. Con él, no se sabe que debes esperar- me quejé. –Es un jodido y perfecto impredecible.

-Y te encanta- afirmó muy segura. Asentí a modo de rendición. Ella quitó todo el maquillaje y acomodé un poco mi cabello.
Reemplacé mis shorts de cuero, por unos jeans al cuerpo y mi blusa corta y escotada, por una de tirantes blanca. Pasé los brazos por las mangas de un sweater rosa pálido y controlé mi cabello, inusualmente rebelde, en una coleta alta. Algunos mechones cayeron sobre mis sienes.

-Oh… luces tan bonita- dijo Marcie. –Lo eres. Te prefiero así que con maquillaje.
Sonreí.

-Digo lo mismo de ti- opiné mientras guardaba la ropa en mi bolso y luego me echaba algo de perfume.

-Estás encantadora. Nadie diría que eres una stripper- dijo ella divertida.


{Narra Luhan}


Estaba tan jodidamente nervioso. ¿Por qué? Demonios, ella lucía tan… despreocupada.
Eso me irritaba, ¿porqué podía mostrarse tan tranquila y natural y yo no?

Esperaba en el taburete cerca de la barra cuando la vi salir por las puertas del vestuario junto a Eun Ji.

Un sweater y unos jeans, oh dios… lucía tan… sencilla, tan dulce...
¿Quién diría que detrás de aquella ropa se escondía una stripper de infarto?


Los hombres la observaban asombrados, sin creerse lo que veían… ¿___________ Park? ¿Luciendo como un perfecto ángel?

Se acercó a mí y le dio un beso en la mejilla a su amiga, recordándole algo en voz baja.
Tomó mi mano y me guío a través del pasillo.

-La última vez que te vi así estabas en la academia- musité entrelazando nuestros dedos. –Estás preciosa.

-La mitad de los hombres aquí dirían que lucía mejor en shorts pequeños y camisas ajustadas- dijo ella divertida. –Oh y claro… con tres toneladas de rímel y labial encima.

-No lo creo. Luces tan bonita… creo que ésta eres tú- dije en voz baja y aparté mi mano de la suya para engancharla a su cintura. Su pequeño cuerpo lucía tan frágil junto a mí.
Ella sonrió y pasó su brazo por mi cadera.

Una vez que estuvimos afuera la helada brisa de otoño nos hizo tiritar por lo que la envolví en brazos y caminamos rápido hacia el coche.

-¿Qué haremos ésta noche?- preguntó mientras encendía la calefacción y yo ponía el motor en marcha. – ¿Iremos a tu casa?
Asentí, tragando saliva.

-¿Es muy lejos?- preguntó luego de un rato.

-A unas treinta manzanas de aquí- le respondí con los ojos en el camino.

-¿Te gustaría hablar mientras tanto?
La observé y me entregó una sonrisita ladina.
Tan encantadora…

Asentí.

-¿Cómo te ha ido hoy en el trabajo?
Oh vaya pregunta…

-Supongo que bien. Fue un día bastante movido- expliqué frenando ante el semáforo en rojo. –Hoy entregamos las fotos en la academia.

Ella asintió.
-Estoy segura de que la directora quedará encantada- dijo mirando a través del cristal. -¿Tu estudio queda cerca de tu casa?- preguntó volviendo su vista a mí.
Sus ojos grises, cálidamente tranquilos.

¿Quién eres y qué has hecho con la fiera de _________ Park?

-Mas o menos, queda en el centro de la ciudad. Algún día puedo llevarte si quieres…

-Pues claro, ya me gustaría verte en acción- dijo divertida y noté algo capcioso en sus palabras. ¿Estaba seduciéndome? Porqué está funcionando.

Me removí en mi asiento.

-Me sorprendió tu explicación acerca de esa pintura… -dije recordando la triste inspiración de su obra de arte. –No creí que fueras…

-¿Una niña solitaria?- preguntó con una risita. –Admítelo, ni siquiera creíste que fuera de la alta sociedad, ¿verdad? –Asentí avergonzado. –Pues no lo soy, mis padres sí- explicó. –Mi madre sobretodo, es bastante superficial.

La observé. Ella no lucía así.

-¿He de suponer que el favorito es tu padre?
Ella soltó una carcajada bajita.

-Así es. Aunque el también es frío y calculador pero en lo que respecta a mí, la mayoría de las veces ha sido más comprensivo que mi madre. Supongo que es más tímido.

Acaricié sus dedos con mi mano y ella se quedó mirándome, con aquella mirada gris y seductora, que me volvía loco y me llevaba muy lejos de allí.
Puse los ojos en el camino, pero sin soltar su mano. El contacto se me hacía tan íntimo, tan natural.

-¿Y tus padres?- preguntó jugando con mis dedos.


{Narras tú}


-Ellos fallecieron hace algunos años- dijo él con una expresión inescrutable.
Oh no… qué estúpida que soy, ¿quién me ha mandado a preguntar?

-Lo lamento- musité y apreté su mano. El me miró de lado y sonrió tímidamente.

-No lo lamentes. Ya eran ancianos y mi madre en sus últimos años se enfermaba demasiado, mi padre sufría por eso. Pero tuvieron sus años felices- me entregó una sonrisa y se la devolví, minuciosamente. –Mamá falleció primero, y unos meses después, mi padre. En la misma fecha.

Lo miré sorprendida.

-Supongo que fue depresión del lado de mi papá, ellos se amaban mucho.

-¿Estaban casados?
Él asintió.

-Estuvieron casados veinte años.

-Vaya…

-Lo sé- dijo él haciendo una mueca. Lo observé. –Supongo que eso fue realmente amor.
Quise preguntar algo más, pero me guardé la duda para otro momento.
No quería desviarme del tema y llegar al asunto de su fracaso en el matrimonio.

Aparcó el coche frente a la bonita casa que había visto la última vez. Ahora que me detenía a observarla con detalle, parecía bastante grande y por la construcción apostaba a que tenía un gigantesco jardín trasero.

Desabroché mi cinturón a la par de él, y nos bajamos del coche.
Me acercó su abrigo cubriéndome por la espalda, e inhalé su dulce aroma.
Hmmm… tan masculino.

Una vez dentro de la casa, me senté en el sofá, sin quitarme el abrigo.
Él desapareció en la cocina y se acercó con dos tazas de café.

Noté que sutilmente los retratos de su futura ex prometida, habían desaparecido.
Suprimí la sonrisa de victoria en mi rostro antes de que él lo notara.
Él acercó una manta al sofá y encendió el televisor.

-Enserio luces muy bien- comentó a mi lado mientras bebía un sorbo de café. –Tranquila, relajada y sencilla. ¿Ésta eres tú realmente?

Tragué saliva. «No. Ésta no soy yo. Tú me pones así» pensé.

-Quizá. No lo sé. Creo que hay facetas de mí que nadie ha llegado a conocer- dije desviando la mirada, nerviosa.
Bebí el café y luego me acurruqué contra su hombro. Su piel era suave… y fuerte. Sus músculos se tensaron bajo el sweater negro y flexionó el brazo para arrinconarme contra su torso.

El frío y los abrazos íntimos combinan muy bien.

-Me gustaría conocer todo de ti- murmuró sobre mi oído y me sonrojé.

-Conoces la parte esencial- susurré y lo sentí sonreír aun sin verlo. –Sabes que soy una loca stripper y no has salido corriendo.

-Nadie saldría corriendo, créeme- dijo Luhan con una risita y lo acompañé.

Me acercó, sentándome sobre su regazo y acarició mi mejilla.
Tomé su rostro entre mis manos, y disfrute el tacto ante su barba incipiente. Me acerqué a sus labios, y con deliberada lentitud, me fundí en ellos, poco a poco, siendo arrastrada a ese oscuro y cálido rincón de nuevo. Ese rincón al que solía llamarle, perdición.

Jugó con mi lengua, y sus manos se instalaron en mi cadera, apretándome contra él. Jadeé entre besos y gemí cuando sentí su mano calentita en mi espalda, por debajo del sweater y la blusa.

Descendí mis manos desde su nuca por sus hombros, a lo largo de su pecho, hasta esos fuertes y deliciosos abdominales. Por debajo de la camisa, metí mis manos absorbiendo el calor de su perfecto cuerpo. El gruñó mientras mis manos recorrían aquel trabajado abdomen. Sentí su lengua contra mi boca, entrar en guerra con la mía. Impetuosa, ardiente.

Me quitó la chaqueta de los hombros y me acurrucó contra él.
¿Lo hago o no lo hago? ¿Lo hago o no lo hago? ¿Lo hago o no lo hago?
Oh sí, hagámoslo.

Tomé el borde de su sweater y se lo quité por los hombros, echándolo a un lado. Tenía una camisa blanca que no tardé en desechar también.
Ahora, a mí vista sus perfectos pectorales y aquel imperdible y tan deseable abdomen, me derretí en sus brazos obligándome a no gritar mientras el mordisqueaba el lóbulo de mi oreja o mi clavícula.

Me recosté sobre el sofá con él encima de mí, estimulando cada zona sensible de mi cuerpo.

-Te deseo… -dijo en voz baja y sentí un punzante tirón en el bajo vientre. –Ahora.

Quitó mi sweater y luego mi blusa de tirantes. Por una fracción de segundo sentí el frío hasta que se recostó de nuevo encima de mí, controlando la presión de su peso para que no tuviera que cargar con él.
La calidez de su piel contra la mía me enloqueció y me desesperó aun más.
¿Era eso posible?

Se apartó para deshacerse de mis jeans y regresó a mi boca murmurando aquellas palabras que no olvidaría jamás.

-Olvídate de todo y de todos ahora- susurró y besó mejilla lentamente. Me miró a los ojos con aquel intenso color miel fundido. Sonrió dulcemente y me derretí de mil maneras diferentes. Dios debería prohibir aquel tipo de perfección. Sencilla, discreta, dulce. –Quiero que seamos sólo nosotros dos, y hacerte llegar hasta el cielo... –dijo sin dejar de mirarme y me sonrojé-… aquí sobre el sofá de la sala- agregó divertido y solté una risita que pronto fue ahogada por su ardiente beso.

Unos segundos después, cuando ambos nos habíamos deshecho de nuestra ropa interior, lo observé. Oí algo romperse, y aventuré a que era un paquete de aluminio. La protección.
Diablos, casi me olvidaba de ello.

Unos segundos después él se hundía en mí. Lenta, profunda y deliciosamente en mí.
Embistió acompasadamente mientras yo hundía mi cabeza en su hombro y disfrutaba de la interminable cantidad de sensaciones agradables que él cernía sobre mi cuerpo.
Acorralé su cintura con mis piernas y entrelacé mis dedos detrás de su nuca besándolo con necesidad, deseo y quizá algo más.
Esto era único.


{Narra Luhan}


Me removí inquieto en el sofá.
Abrí un ojo y lo volví a cerrar. El televisor continuaba encendido y su luz me provocaba un fuerte dolor de cabeza. Me froté los ojos y luego los abrí.

Fue cuando la vi.

Desnuda, perfecta, y en su estado más puro y dulce.
___________ estaba junto a mí, con su mejilla sobre mi pecho y algo sonrojada.
Dormía profundamente acurrucando su cuerpo junto a mí. Observando el reloj en la pared, noté que eran las seis y media de la mañana. Aun teníamos tiempo por lo que, tomé el control remoto que se encontraba en el borde del sofá y apagué la tele dejando la habitación a oscuras.
Nos cubrí a ambos con la colcha y ella suspiró entre sueños.

La noche había sido tan perfecta.

No quería alejarme de ese momento, no quería tener que volver a la realidad dentro de unas horas, la quería sólo para mí, y así era en ese momento. Sólo mía.

-Duerme- me dijo ella en voz baja y sonreí. Acomodé mi cabeza en la almohada y ella la suya contra mi pecho. –Ha sido magnífico- murmuró y buscó mi mano.
Tomé la suya y entrelacé nuestros dedos.
No podía verla, pero sabía que tenía los ojos cerrados y muy probablemente estaba a punto de dormirse de nuevo.

-Tú eres magnífica- musité contra su cabello y luego cerré los ojos, disfrutando de su aroma, su compañía, y todo lo que sentía cuando estaba junto a ella.

I Don't Careᴇ - EXO - [Luhan y Tu] - [TERMINADO]¡Lee esta historia GRATIS!