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Pen Your Pride

capitulo 42

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{Narras tú}

Abrí los ojos con dificultad. La anestesia aún se sentía sobre mis músculos y nublaba mi mente. Fue fácil de reconocer dónde me encontraba.

-Hola cariño- murmuró una voz cercana y fruncí el ceño intentando reconocer quién era. Miré hacia todos lados y me mareé un poco. Finalmente cerré los ojos, y volví a abrirlos entornando la vista. Era mi papá. – ¿Cómo te sientes?
Asentí. Me sentía drogada y sospechaba que si soltaba una palabra sería un esfuerzo en vano.

-Bien- alcancé a murmurar.

Mamá estaba a su lado. Sonreía cálidamente pero su expresión no era del todo sincera. Quiero decir, la notaba feliz por verme, pero… había algo más detrás de esa mirada tierna.
¿Miedo?

Sonreí en respuesta sintiendo los músculos de la cara como si fueran de goma. 

Se escuchó un golpe suave en la puerta, y el doctor asomó su rostro.

-¿Ya ha despertado?- escuché que preguntó. Al parecer alguno de mis padres hizo una seña silenciosa porque el doctor entró sin decir nada. Su rostro apareció en mi visión. -¿Estás cansada, verdad?- preguntó con dulzura y asentí. Me recordaba a mi abuelo materno. Era el anciano más genial que había conocido.

Asentí con la cabeza y él hizo una mueca.

-Lo sé. Has despertado antes de lo esperado. Será mejor que vuelvas a dormir. Aún estás débil.
Negué con la cabeza mirando a mamá. No quería dormirme y que al despertar ella se hubiera ido. Papá acarició mi rostro con suavidad.

-Estaremos aquí- dijo en voz baja como si hubiera leído mi mente.
Volví a observar a mi madre que también me miraba. Acarició mi cabello y luego besó mi frente.


Quizás despertador no era tan malo después de todo. 



(…)


Sentí que había dormido años cuando repentinamente volví a abrir los ojos. Ésta vez estaba un poco menos abrumada pero con horribles náuseas haciéndose presentes en mi estómago.

Luego de unos minutos, Mi Young apareció junto a mis padres.
Se acercó y me abrazó con cuidado. Sonreí en silencio abrazando también a mis padres.
Me aclaré la garganta.

-Qué bueno que estés aquí- dije en voz baja refiriéndome a mi madre. Ella asintió con una sonrisita, pero la inquietud permanecía allí.

Por el color del cielo a través de la ventana, deduje que era de tarde.
El doctor volvió a aparecer, junto a otra mujer un poco más baja. Parecía médica.

-Les pediremos que se retiren un momento. Debemos hacer una serie de chequeos.
Mis padres asintieron y con una mirada de aliento se fueron por la puerta, dejándome sola y asustada junto a ambos doctores y Mi Young detrás de mí.
Me temblaban los dedos de las manos y el corazón palpitaba furioso.

Se me llenaron los ojos de lágrimas cuando pude sentir las sábanas bajo mis piernas e incluso moví un poco los dedos de los pies.
El doctor me miró curioso y le di la explicación de lo que sentía.
Entonces sonrió y dijo:

-Al parecer has recuperado la sensibilidad- asentí con una sonrisa y Mi Young me ayudó a sentarme dejando las piernas colgadas al lado de la cama.
El doctor repitió el mismo procedimiento que había hecho mi médico en Seúl. En efecto, mi sensibilidad había vuelto. Podía estirar los pies y los dedos, con demasiada parsimonia, pero en fin, lo hacía.

Entonces el médico quiso llegar un poco más lejos.

-Intenta levantar tu pierna- me dijo observándome neutralmente. Le mandé la orden a mi cerebro, pero no funcionó. Intenté moverla una y otra vez pero era como si estuviera dormida.

La doctora murmuró algo que no alcancé a oír.

Los ignoré.

Debía hacerlo.
Intenté una, dos, tres veces pero fue en vano. Mis piernas no se movían ni un solo centímetro.
La desesperación me invadió.

-Puede que aún falte un poco de tiempo- dijo el sr. Kennal.

Agua salada desbordó mis ojos.
Desesperadamente intenté moverlas una y otra vez, maldiciendo a mi cerebro por no enviar el impulso.


Nada.

Me recosté en la cama ignorando lo que me decían ambos doctores junto a Mi Young.
Ya no tenía esperanza. Ahora podía sentir, pero seguía inmovilizada. De por vida.

Eun Ji estaba abrazándome hacía al menos diez minutos. 
Yo no lloraba, ni sollozaba, ni me quejaba, ni decía nada. Sólo estaba en sus brazos, hundiendo mi cabeza en su cabello rubio, aceptando la realidad. No volvería a caminar.
Podía mover mis pies, pero eso era todo. Mis piernas estaban jodidas.

Mi amiga se apartó y me miró con lágrimas en los ojos. Intenté no quebrarme.
-Estoy bien Eun Ji- dije secamente. –No estoy muerta, ¿recuerdas? ¿Por qué lloras?
Ella soltó una risita y negó con la cabeza. Su rostro demostraba la misma expresión de mamá. ¿Qué diablos estaban ocultándome?

-¿Qué sucede?- pregunté inmediatamente. No me iba a aguantar que me engañaran con ninguna mierda más.

-Nada.
Arqueé una ceja.

-No extrañas a Sehun porque estás aquí- dije lentamente. –No encuentro la razón de eso en tus ojos. No estás preocupada por mí, quizás un poco, pero mi actitud indiferente te hace pensar que quizás no esté deprimiéndome y pensando en matarme. Así que si no es eso, ¿qué es?
Dije todo sin detenerme. Probablemente fuera la oración más larga que decía en semanas. Sentía la preocupación florecer dentro de mí a causa de aquellos pares de ojos insinuando algo que sus bocas no decían. Me sentía harta, enfadada y dolida. 

Eun Ji negó con la cabeza una vez más y la fulminé con la mirada.
No sabía de dónde salía ésta rabia y tampoco tenía el tiempo para averiguarlo.

-Dime qué diablos sucede o te vas- dije cortante y en voz alta pero sin alterarme.

-__________, no sucede nada…

-¡Entonces quita esa mirada de tus ojos, mentirosa!

Mi Young entró a la habitación decidida, con una jeringuilla en su mano. Iba a sedarme.

-No Mi Young, estoy bien- le dije poniendo distancia con mi mano y deteniéndola. –Que se vaya- dije mirando a Eun Ji.
No podía creerme que me estuviera ocultando cosas, y más a estas alturas en las que ya había sucedido demasiado.

-No te enojes con ella- murmuró Mi Young. –Estás muy frágil ahora, ____________. Pronto te lo dirá.
Puse los ojos en blanco.

-¡¿Decirme qué?!

Eun Ji se puso tensa. Al parecer sí había algo que tenía que decirme pero intentaba ocultarlo, y Young había metido la pata.

-Eun Ji, por amor de Dios, dime. ¿Qué mierda podría sucederme? ¡Estaré postrada en una silla el resto de mi vida! ¡No tengo al jodido hombre que amo y para colmo ni siquiera puedo bailar! 

Grité enojada, maldiciones, quejas y saqué todo lo que venía conteniendo hace semanas. Desde que me había despertado con la impotencia de no saber cómo estaba Luhan. Desde que me había enterado de que estaba jodidamente paralítica y para peor, no podía ni siquiera ir a verlo. Desde que la maldita amnesia había arruinado mi vida, y beneficiado la de su muy puta prometida.

Lay y Sehun entraron a la habitación y los miré confundida. No sabía que habían venido a Atlanta también.

Yixing se acercó y lo observé enojada. Tenía el mismo secreto en sus ojos que el que tenía Eun Ji. Y si nadie me lo iba a decir, juro por Dios que encontraría la maldita forma de averiguarlo.

-Dejen el silencio dramático- les dije ácidamente y entornando los ojos. –Díganme qué mierda sucede.

Otro silencio más y cuando estaba a punto de colapsar, Lay habló.

-Luhan intentó suicidarse.
Sentí mi corazón detenerse y me pregunté por qué diablos. Ya estaba roto, olvidado, rígido y frío en alguna parte de mi interior.

-¿No lo ha hecho o sí?- pregunté desesperada y mirando a los ojos a todos los que estaban en la habitación buscando alguna respuesta que me diera calma.

-No, él está bien- negó inmediatamente Sehun y agradecí a Dios en aquel momento, sin importarme la inmovilidad de mis piernas, o la amnesia de Luhan o cualquier cosa que mala que me hubiera sucedido. 

Respiraba entre jadeos, ahogándome pero sin llorar.

-Necesito verlo. Dile a papá que compre otro boleto a Seúl. Necesito saber que está bien- le rogué a Mi Young sabiendo que ella se negaría. Pero no dijo nada y miró a Lay que estaba a punto de hablar.

-Él está aquí, ___________.

Antes de que se me pudiera caer la mandíbula o mis ojos se abrieran como platos, Lay continuó:

-Hace una semana que he vuelto a hablar con él –explicó. –Intenté hacerte caso con lo de no decirle nada de ti, pero él simplemente me preguntó. Y entonces me di cuenta de que no te había olvidado. Sacando conclusiones nos dimos cuenta de que Min Ju nos había mentido en todo. A todos. –La ira se apoderó de mí y cerré las manos en puños deseando tener los pulmones de la zorra entre ellas. –No debí decirle que estabas paralítica- gimió Yixing reprochándose a sí mismo pero prosiguió: -Hace dos días llegué a su casa porque no contestaba el teléfono y ya temía que le hubiera sucedido algo. Cuando abrí la puerta del baño me lo encontré en el piso, murmurando incoherencias y pidiendo por ti. Sus muñecas perdían mucha sangre y tenía la mano fracturada.

Solté el aire de repente colapsando de información. 
Él había intentado suicidarse… por mí. Porque me recordaba. Porque se sentía culpable. Porque me amaba.

-Él está sólo a dos habitaciones de aquí. Está estable, le han hecho una transfusión- dijo Sehun ante mi expresión inescrutable. –Decidimos traerlo aquí porque además de los resultados de tu operación, necesitábamos que él supiera que…

-Aún lo amo.


Sehun asintió. 

-Y que tú supieras que él te recuerda.

Pese a toda la jodida situación mi corazón, mi alma, o lo que fuera que me hiciera sentir así, comenzó a expandirse la alegría, consumiéndome, abrumándome y refortaleciéndome al mismo tiempo. Sería muy estúpido desmayarse en ese instante así que me forcé a seguir consciente.

-¿En qué habitación está?- dije impulsando mi cuerpo fuera de la cama. Mis pantalones de pijama colgaban de mis caderas llegando hasta el suelo. Una blusa de mangas largas cubría mi torso y mis pies iban descalzos. Mi Young me ayudó a sentarme en la silla de ruedas nueva y yo le agradecí rápidamente.

-42- dijo Eun Ji que hasta el momento había estado callada. Me entregó una sonrisa y se la devolví a modo de disculpa por haber sido tan mala con ella antes.

Giré mis ruedas, casi tropezándome, saliendo de la habitación. No necesitaba que nadie me llevara, pero mientras más rápido llegara era mejor.
Noté con ansiedad el número 42 en un fino metal sobre la puerta. 
No esperé.

Pegué un manotazo a la cerradura y tiré de ella hacia adelante.

Me sentí desfallecer.

Él estaba allí. 
Con vida, con recuerdos, y completa e irrevocablemente mío.
Para siempre y sin excepciones.

I Don't Careᴇ - EXO - [Luhan y Tu] - [TERMINADO]¡Lee esta historia GRATIS!