capitulo 43

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{Narra Luhan}

No tenía sentido quedarme allí. ¿Por qué Dios me había traído de vuelta? No quería quedarme para sentir aquella furia, impotencia y tristeza.

Y ahora estaba tendido en una maldita cama de nuevo. Sólo. Mis muñecas vendadas ante el plan fallido y mi corazón destrozado.

Lo único que me consolaba era saber que ___________ estaba en alguna parte de Estados Unidos con vida e intentando una vida normal.
Volvía a llorar cada vez que recordaba que ella no podría tener una vida normal. No en una silla de ruedas, ni imposibilitada, o lejos del baile.

Cerré los ojos y fruncí el ceño intentando ahogar mi cerebro con sus recuerdos, su aroma, su piel, su sonrisa, todo lo que me ofrecía día a día. 
Escuché la puerta abrirse y preferí no soltar ninguna maldición.

Creerían que estaba loco.

¿Qué más da? Quizás si lo estaba.

-Eres un maldito estúpido- dijo alguien en voz baja. Sentí una mano cálida sobre la mía y temí estar delirando. No me sentía con fiebre como para ponerme a imaginar cosas, pero ya estaba demente, así que continué escuchando aquella hermosa y cansada voz. –Entraste a mi vida y supe que eras el jodido desequilibrio- murmuró y sentí unos labios suaves sobre mis nudillos. –Y aún así te amo más que a nada. Y te juro que si no dejas de hacerte el dormido te aniquilaré por hacerme hablar así. 

Abrí los ojos inmediatamente y lágrimas inundaron mi vista cuando noté quién era el ángel que me hablaba.
____________ estaba sentada a mi lado. Tenía ojeras y el cabello algo desordenado. Su piel lucía pálida, y sus ojos cansados, pero aún tenían ese hermoso gris almendrado.

-¿No me dirás nada?- preguntó y esbozó una sonrisa. –Te he extrañado mucho como para que te la pases en silencio. 

No estaba imaginándolo. Ella estaba allí. Sin importarme nada me bajé de la cama de un salto y la envolví en mis brazos, hundiendo mi rostro en su cabello, que aún continuaba con aquel deleitante aroma.
Ella me abrazó con fuerza, y pensé que podría haber muerto allí. Con ____________ en mis brazos, amándome como lo hacía antes, y como nunca había dejado de hacerlo.

Realmente me había sentido devastado al no tenerla en mi vida, pero ahora que estábamos tan cerca, tan conscientes y tan felices, que podía notar el oscuro matiz de mis días. 

-Nunca… -dijo sin soltarme. –Jamás en tu maldita vida intentes eso de nuevo, o te mataré yo misma. Hay muchas personas que se preocupan por ti, Luhan- mi nombre en sus labios me alivió mientras me reprochaba. -¿Estás loco o algo? Me miras como si estuvieras viendo a Pamela Anderson o algo.

Solté una risita ante la comparación. Ella era muchísimo más que eso.

-No intentaba suicidarme, sólo… quería torturarme un poco- dije en voz baja, mintiendo tanto como diciendo la verdad.

-¿Torturarte por qué?- preguntó ella e intentó apartarse pero mantuve mi rostro en su cuello. Primero, porque no quería alejarme de ella y segundo porque tampoco quería que me viera a los ojos cuando lo decía.

-No puedo soportar que estés en una silla de ruedas. Y mucho menos, por mí.

Ella se apartó haciéndome a un lado. 

-No estoy aquí por tu culpa. Fue un accidente.

-Fue mi culpa- le recordé.

-No, no lo fue. Íbamos discutiendo, yo te alteré. No importa que haya sucedido, sólo no vuelvas a intentar quitarte la vida ¿sí?- asentí con una sonrisa, pese a la situación. –Si te vas me voy contigo.

La atraje de nuevo a mis brazos, levantando su delgado cuerpo de aquella maldita silla.
Estaba sentado sobre la camilla con ella en mi regazo, llenando de besos mi cuello.

Aquello definitivamente era la gloria, imperfecta e incompleta, pero así era. 

-Te amo- susurré en su pelo. Ella me abrazó más fuerte.
Sus piernas colgaban inmóviles al lado de la cama. 

-Te amo más, muchísimo más- dijo acariciando mi nariz con la suya. Y entonces se acercó justo a la altura mis labios pero se detuvo: -Y no me importa por qué diablos besaste a la desgraciada de tu esposa si ahora me dices que me amas otra vez.
-Me dijo que tú me habías dejado. No es una excusa, pero estaba destrozado y no tenía la voluntad de negarme- ella me miró poco convencida. –Y sí te amo, más que a nada.

Ella esbozó una sonrisa de nuevo y me besó. Ahuequé su rostro en mis manos, sintiendo la calidez de sus mejillas completarme.

-¿Por qué estás en Seúl? ¿cuándo has vuelto?- pregunté acariciando su cabello. Ella soltó una carcajada.

-Nunca he vuelto. Tú estás en Atlanta, tontito.
La miré confundido y eso sólo provocó que estallara en carcajadas. Besé sus mejillas mientras lo hacía. –Sehun y Lay han hecho que te traigan aquí y terminemos con éste drama de una vez por todas.

Asentí sintiéndome raro al estar en la otra punta del mundo con tan sólo un abrir y cerrar de ojos.
Ella sonrió y me quedé mirándola. Jugó con mi cabello y me fundí en sus labios.

-Cásate conmigo- le pedí sin dejar de besarla. Disfrutando de el contacto de nuestros labios. Me recosté y la traje a mi lado. 
Nos cubrí a ambos con una colcha. Ella me miraba divertida.

-¿Qué?

-Aún estás comprometida con otra- me recordó.

-Me separaré.

-Los sedantes hacen que digas cualquier cosa.

-No, simplemente soy yo- contraataqué con una risita.

-Estás loco.

-Lo estoy y cásate conmigo.

-Lo haré.
Me quedé observándola. ¿Realmente aceptó?
De seguro mi expresión la alertó porque tomó mi rostro entre sus manos y se acerco.

-Me casaré contigo- me besó y continué perdiéndome en su boca con dulzura. Absorbiendo cada sensación que me provocaba. Como si la emoción chocara con mi anterior tristeza en carne viva.

Entrelazó nuestros dedos sobre mi pecho y me sentí más completo, contento y enamorado que nunca. Sin importar la situación en la que nos halláramos. 
La primera y única a la que amaría siempre.

{Narra Lay} 



Todo el mundo en el hospital cuchicheaba acerca de la adorable y dramática pareja. 
__________ y Luhan se la pasaban todo el día juntos. 
Un puchero de ________ a Mi Young había bastado para que arreglaran transferirla a la misma habitación de Luhan.

Las tardes pasaban entre risas con todo el grupo finalmente unido como era al principio. Ya habían pasado dos semanas y las costillas de __________ habían curado, al igual que los cortes de Luhan, quién había sido dado de alta con la advertencia de que no se jugaba con la vida de esa manera.

Aquella tarde, habíamos ido a almorzar a algún restaurante de Atlanta. 
Todos iban en parejas, y admito que me sentí demasiado solo sin Chin Hae. Ya hacía bastante que no la veía y comenzaba a extrañarla.

-Aún no puedo creer que todo esto esté sucediendo- dijo __________ tomando una copa de vino. Tenía la mirada perdida, y no hacía falta preguntar por qué. 
Todo el mundo acertó al pensar en que se refería al accidente, pero por el deje de tristeza en sus ojos, supe que le dolía como el infierno perder la posibilidad de bailar.

-¿Volverás a Seúl?- le pregunté en voz baja ya que estaba cerca y podía escucharme.
Cada uno estaba metido en su conversación.

-No lo sé- contestó ella y luego lo pensó: -Quiero volver para continuar con el asunto del estudio de ballet, pero allí sucedieron tantas cosas malas… y éste lugar me gusta… no lo sé.
Asentí y me hice el tonto cuando Luhan se acercó a su novia y la tomó por la cintura.

-¿De qué hablaban?- preguntó besando la sien de __________. Ella negó con la cabeza, restándole importancia.
Sabía que _________ no quería que Luhan se sintiera culpable por el accidente. Quiero decir, si fue un accidente, pero estaba seguro de que mi amigo interiormente no hacía más que torturarse por aquel hecho.

-¿Baekhyun no ha podido venir?
Baekhyun era el primo de_________. Lo habíamos conocido cierta ocasión hacía unos cuantos días atrás. Era un tipo realmente agradable y fácil de llevar. Supongo que esa era también una de las razones por las que ella quería quedarse.

Mañana sería nuestro día de partida de regreso a Seúl.
Al menos para Eun Ji, Sehun y yo.

Íbamos saliendo del restaurante cuando un cartel cerca de un callejón llamó mi atención. Les dije a los demás que los alcanzaba luego y me dirigí inmediatamente hacia allí. Tomé uno de los volantes leyendo rápidamente. 
Esbocé una sonrisa.

{Narras tú}

-He pasado éstas últimas dos semanas creyendo que en algún momento despertaría y esto no sería más que un muy buen sueño- susurré mientras el masajeaba mis piernas. Me alegraba al menos sentir sus manos cálidas.
Luhan se detuvo para observarme.

-Estoy aquí, y tú también lo estás, no importa si esto es un sueño.

-Temo que acabe- confesé en voz casi inaudible. Él apartó mis piernas de su regazo y me sentó sobre sí. Descansé mi cabeza en su hombro mientras Luhan rodeaba mi espalda con su brazo.

-No acabará- prometió y su nariz recorrió mi cuello. –Ya te he perdido demasiadas veces. Juro por Dios que no volverá a suceder.
Dejó un húmedo y corto beso sobre mi clavícula izquierda. Mi corazón se aceleró y sentí las puntas de mis dedos arder. 

-En un lugar como éste comenzó todo- reí pícaramente observando el sofá de cuero. 

-Pero no en la casa de tu primo- objetó él y negó con la cabeza riéndose. Luego susurró: -Ni pienses que haremos nada aquí. Apenas estoy ganando su confianza…
La risa abandonó mi garganta y no por el hecho de que no podríamos hacer nada en casa de mi primo. Sino porque… definitivamente sin la movilidad de mis piernas no podríamos hacer nada,… nunca.

-¿Qué sucede?- cuestionó ante mi expresión seria. 

-Nada, nada.

-____________- se quejó él.

-Es que…
Me quedé en silencio.

-Dime. 
Silencio.

-Por favor- pidió.
Solté un suspiro.

-No creo que podamos…
Volví a quedarme sin palabras. 

-¿Tener sexo?- aventuró él. -¿Lo dices por tus piernas?
Hice una mueca de disgusto.

-Esto es morboso.

-Oye no…
Lo detuve con la mano. No quería seguir escuchando. Sé que era absurdo quejarse de no poder tener sexo cuando había un millón de cosas más que no podía hacer, pero me molestaba el jodido hecho de estar inválida.
Pensé en las demás personas que también lo estaban. ¿Cómo vivirían su vida día a día sin la posibilidad de moverse por sí mismos? 

Me aparté, casi soltando lágrimas al sentirme tan dependiente. 
Mi silla de ruedas estaba a tan solo medio metro y yo no podía llegar a ella sin la ayuda de Luhan.

Él me miró y la culpa invadió sus ojos, sin embargo mi mirada determinada lo dejó helado en su sitio. 

Me arrastré a lo largo del sofá y luego apoyé los pies sobre el frío piso. Con las manos sobre el cuero, me empujé hacia arriba, impulsándome hacia la silla.
Fue una fracción de segundo en la que logré quedarme parada por mi cuenta, hasta que caí de rodillas esquivando hábilmente el filo de la mesita de la sala.

Luhan no se aguantó y me tomó en brazos, ignorando la silla y llevándome a la habitación. 
Lloraba de rabia e impotencia sobre su pecho. Realmente comenzaba a sentir lo que era estar inválida.
Me recostó sobre la cama y sus ojos miel se empañaron de lágrimas.

-Perdóname- dijo frunciendo el ceño y una gota salada se deslizó por su mejilla y cayó sobre mi cuello. –Ha sido mi culpa, no intentes negarlo- dijo con voz ronca y apoyó la cabeza sobre mi pecho. 

Lo sentí sollozar y me dije a mí misma que no podía hacerle esto. De alguna manera debía salir adelante. Si él y yo estábamos juntos ahora, entonces no había nada imposible. 
***
Nos despedimos de Yixing, Eun Ji y Sehun. Fue algo dramático por parte de mi amiga, como siempre. Pero aún debía asistir a mi rehabilitación aquí, así que por ahora no podía volver a Seúl. 
Tampoco es como si tuviera muchas ganas.

Lay se despidió de Luhan con un abrazo y luego, curiosamente noté que había metido un papel en su bolsillo.
Besó mi mejilla, y los tres emprendieron el rumbo hacia su vuelo.

Baekhyun llevaba mi silla e iba hablando con Luhan por detrás de mí.
Mañana sería mi cita con el doctor Kennal. Él me había dicho que si había recuperado la sensibilidad, también era posible que pudiera volver a caminar.
Luego de todo lo que había sucedido yo casi no tenía esperanzas, sin embargo, lo intentaría.

Al llegar a casa, Baekhyun fue por una ducha, comentándonos que más tarde vendrían sus amigos de la universidad.

-¿Cómo te sientes?- preguntó Luhan. Desde que habíamos vuelto del aeropuerto que no le dirigía la palabra, ni a él, ni a nadie.

-Bien.
Me quedé en silencio nuevamente. Me dije a mí misma que estaba siendo jodidamente fría desde la noche anterior pero no podía evitarlo. No estando postrada en esta mierda.

-Lo siento- dije en voz baja y lo tomé por la mano antes de que se alejara. Él se puso de rodillas a mi lado y acaricié su mejilla. 
Sus gemas miel me observaron y recordé porqué me había enamorado tanto de él.

Era el único que podría hacerme sentir de esa manera con tan sólo mirarme a los ojos.

Mi mano derecha jugó con su cabello rebelde y con la otra lo atraje por el mentón.
Tomé su labio superior entre los míos y tiré de él. Él encerró mi inferior entre los suyos y comenzó un lento y suave beso. Su lengua asomaba delineando el contorno de mi boca.

Alguien se aclaró la garganta a nuestras espaldas.
No me aparté. No tenía ganas de hacerlo.
Continué besándolo y luego de un momento, él me soltó.

-Baekhyun- dijo él y lo vi casi sonrojarse. Solté una risita.
Ladeé la cabeza para encontrarme con mi primo cruzado de brazos.

-Aún no puedo creer que hayas crecido tanto, pancake- se quejó moviendo la cabeza, indignado. –Mis amigos estarán impresionados cuando te vean.
Luhan soltó un bufido y yo reí.

-¿De quién hablas?

-¿Recuerdas a MinSeok y KyungSoo?
Hice una mueca.

-Bien, quizás cuando los veas los recuerdes. Iban con nosotros a la preparatoria. 

-¿MinSeok no era aquel apuesto jugador de fútbol americano?
Baek sonrió en respuesta.
Luhan dijo algo entredientes y se marchó a la habitación.

Me reí en voz baja observando a Baekhyun que también lo hacía.
-No lo hagas sentir celoso, ____________, soy hombre y créeme que no termina bien cuando un tipo está celoso. 
Asentí divertida.
Dirigí mi silla de ruedas a la habitación.
Luhan estaba recostado boca abajo, y me ignoraba.

Me transporté hasta el armario y con dificultad tomé un sweater de lana pasándolo por mis hombros. Estaba haciéndose de noche y comenzaba a refrescar.

-¿Sería muy irónico si digo ‘¿Vamos a caminar?’? 

-Deja el humor negro- masculló con su voz ahogada por la almohada.
Solté una carcajada.

-Vamos, quiero estar contigo a solas.

-Ya estamos solos.
Fruncí el ceño ante sus negativas.

-Solos, sin Baekhyun cerca.
El giró sobre la cama y me observó.

-Es tarde y hace frío, cariño.

-Iré sola. 
Él no me dijo nada y yo solté una carcajada interiormente.
Giré mi silla y abrí la puerta de la habitación.
Estaba a punto de llegar a la salida cuando escuché sus pasos detrás de mí.

-Está bien. Tú ganas.


(…)

-¿De qué trataba el papel que te dio hoy Lay?- pregunté mientras observábamos la vista al parque. 
De noche –y aunque estuviéramos casi congelándonos- parecía mágico.
El se puso tenso.

-Nada importante.

-¿Pero qué era?- insistí.

-Lo tiré, ya ni lo recuerdo.

-No mientas tan descaradamente- dije divertida.
El rubio soltó un suspiro. Llevaba la misma chaqueta que aquella tarde así que tomó el papel de su bolsillo y me lo entregó. Era un volante.

Mis ojos se cristalizaron, nostálgicos.

I Don't Careᴇ - EXO - [Luhan y Tu] - [TERMINADO]¡Lee esta historia GRATIS!