capitulo 32

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-¡______________!- chilló Min Hee mientras emprendía una carrera hacia mis brazos extendidos. 

Cuando llegó a mí, la tomé y di un par de vueltas. Ella soltó risitas escandalosas mientras hundía su rostro en mi cuello.

-Hola cariño, ¿me has extrañado?- le pregunté mientras caminaba con ella en brazos hacia las altas puertas del lugar.

-¡Mucho!- exclamó la niña haciendo un puchero. –Hyun Su igual.
Sonreí y me adentré en el acogedor hogar para niños.

Tenía como costumbre ir una o dos veces al mes a visitar a los niños en aquel sitio. Siempre he tenido afinidad con los más pequeños, supongo que es una cuestión psicológica. 

De alguna manera necesitaba darle calidez a sus infancias y evitar así otra seria cantidad de casos como el mío.

Una de las hermanas se me acercó con una sonrisa dulce dibujándose en su rostro. 

-Qué bueno verte de nuevo, ___________- dijo Hae Won dándome un breve abrazo. – Sun Hi estará contenta de que estés aquí, iré a buscarla.

La observé marcharse aun con la pequeña en mis brazos. Min Hee daba suaves golpecitos a mi hombro intentando llamar mi atención.

-¿__________? ¿Estás ahí?- preguntó ella riendo. Solté una carcajada y asentí. –Vamos con los otros niños.
La dejé de pies en el suelo y tomé su mano. Min Hee me guío hasta el jardín trasero.

Una avalancha de pequeños conocidos rostros llegó hasta mí. Intenté saludarlos a todos como pude, mientras cada uno por su lado me contaba de las cosas que habían hecho en mi ausencia. Todos al mismo tiempo. Solté risitas mientras asentía generalmente a todos y daba algún que otro comentario. 

Me senté en el césped formando una ronda. 
-Sun Hi nos dijo que vendrías hoy, _____________- dijo Yun Soo y les dio una curiosa y divertida mirada cómplice a sus amigos. Uno de los niños que se hurgaba la nariz asintió. 

-¿Qué están tramando?- pregunté divertida. Se escucharon algunos cuchicheos. Arqueé una ceja divertida. –Si no me dicen me pondré triste- hice un puchero pero eso no ablandó la firmeza de ninguno. 

-Es sorpresa- dijo Chan Doh acercándose a mí. Como yo estaba sentada, su pequeña contextura se cernía sobre mí. Me abrazó y le devolví el gesto cariñosamente.

Todos estos niños tenían entre cinco y nueve años, y de alguna manera habían quedado solos en el mundo. Era increíble la historia que había detrás de cada rostro angelical. 

-____________- dijo una voz a mis espaldas. Me giré para ver a Sun Hi con una sonrisa observándome. Me puse de pie y le di un abrazo. –Es un gusto que estés aquí. ¿Cómo has estado?

Sonreí.

-Muy bien, Sun. Ya estaba extrañándolos, ¿cómo andan las cosas por aquí?- pregunté observando a los niños jugar por distintos sectores del jardín.

-Oh, de eso hablaremos más tarde, cariño- me dijo ella y por su expresión, supe que no era nada bueno. – ¿Qué tal si empezamos con el cronograma que hicieron los niños?

-¿Cronograma?- dije divertida y ella asintió con una sonrisa.

-Programaron una serie de actividades para el día de hoy. Créeme que terminarás agotada.

Solté una carcajada. 

Como lo había dicho la hermana Sun Hi, pusimos en marcha las actividades de los niños. Todo consistía en juegos. Primero cantamos y bailamos mientras Hye Jin, otra de las hermanas, tocaba algunas melodías contagiosas en el piano. 
Luego hicimos dibujos retratando cosas que nos gustasen. Más tarde jugamos a las escondidas y finalmente leímos unos cuantos cuentos. 

Increíblemente, si terminé agotada. Participé en cada juego que los niños propusieron, y me divertí tanto como cada vez que iba a visitarlos.

Siempre han llenado ese vacío interior que naturalmente he tenido desde siempre.

En cierto momento de la tarde pensé en Luhan. ¿Le gustarían los niños?
En tal caso, me prometí invitarlo alguna que otra vez a venir conmigo.

A eso de las siete, les sirvieron la cena. Yo me tomé un receso para ir a hablar con Sun Hi. Necesitaba aclarar algunos asuntos.

-Ahora puedes decirme- dije con suavidad mientras me sentaba en el sillón de su oficina. Ella soltó un suspiro y desvió su mirada afligida.

-Bien… iré al grano. Económicamente hablando, estamos peor que nunca, ____________.

Frunció los labios y junto las manos sobre el regazo. Su cabello blanco, corto y voluptuoso caía sobre sus hombros. 

Las suaves arrugas en su rostro daban a entender lo mucho que ella había vivido.

-¿Qué sucedió con las donaciones?- dije en voz baja, sintiéndome miserable.

-Han disminuido en estos meses. Sólo contamos con la ayuda de un empresario neoyorquino, pero últimamente no se ha pasado por aquí. Dos familias de vez en cuando nos traen ropa y comida, y aunque adoremos el gesto, nunca es suficiente. Y sólo son ellos, además de ti. 

Fruncí el ceño. Había dejado Anacks y ahora no tenía de dónde diablos sacar el dinero. Todo aquello que había recaudado en aquel antro siempre iba destinado al hogar en el que me encontraba.

Mis padres sólo hacían donaciones a las iglesias, y obviamente era más por un asunto de reputación que de bondad. 

Apreté los dientes, intentando no maldecir.
-Ya se me ocurrirá algo… -musité y me devané los sesos intentando que se me ocurriese una idea. –Juro que arreglaremos esto, Sun. Es imposible que en un sitio tan amplio como Seúl, no haya nadie más que pueda ayudarlos.

Ella sonrió con dulzura, pero aquello no llegó a sus ojos.

-Has hecho todo lo que has podido, ___________. No podemos estar más que agradecidos contigo- dijo ella tomando mis manos y dándoles un suave apretón. –Los niños adoran tu presencia, y eso ya es algo grande.

Sonreí a medias. Aún no podía imaginarme que sucedería si el lugar se viniera abajo. No quería preguntar pero estaba segura de que enviarían a los niños a un orfanato o algún lugar peor, y terminarían clausurando el sitio.

***
Algunas semanas después…


Luego de una fatigosa tarde junto a Luhan, Eun Ji, Sehun y Lay, me senté en el piso, junto a la pared. Suspiré observando la belleza del lugar.

Gracias a la astucia de todos, habíamos dejado aquel estudio impecable.
El suelo de madera, ahora relucía en un brillante tono marrón, mientras que las paredes en rosa suave hacían parecer aún más amplio el lugar. Los cristales en las paredes laterales reflejaban hasta el más mínimo detalle.

Los cinco estábamos sentados de modo casual en el suelo, admirando nuestro trabajo.

Había sido una gran odisea limpiar. Principalmente por la interminable cantidad de polvo que acogía aquel lugar. Luego porque tuvimos que deshacernos de dos espejos ya que tenían grietas o estaban demasiado viejos, y no fueron difíciles de cargar. Y finalmente porque estuvimos al menos una hora hasta que nos decidimos de qué color irían las paredes.

Un amigo de Sehun nos había hecho el considerado favor de reorganizar la sala de música, por lo que ahora había parlantes en cada esquina del sitio, y desde el pequeño salón se podía controlar la melodía que deseabas escuchar.

Luhan me observó expectante y le entregué una sonrisa de satisfacción.
Se sentó a mi lado mientras se llevaba una botella de agua a la boca. Intenté que no se notara mi mirada lasciva al ver sus labios sobre la botella, y el movimiento de su cuello al tragar.
Él me miró de reojo y sonrió con la botella aún en su boca.

-¿Quieres?- me ofreció divertido observando mi expresión. Negué con la cabeza soltando una risita.

Luhan pasó su brazo por detrás de mí, y apoyando su mano en mi muslo, me arrinconó a él. 
Besó mi frente y yo apoyé la cabeza en su hombro.

-Aww- dijo Eun Ji enternecida y tocó el hombro de Sehun. – ¿Luhan siempre ha sido así?

Me sonrojé escondiendo mi rostro en el tonificado brazo de mi novio. 
Luhan arqueó una ceja observando a Sehun y luego a Lay.

-Luahn es un blandengue, siempre ha sido el típico caballero que todas quieren- halagó Yixing para luego agregar: -La mayoría de las mujeres se ponen cursis con esas cosas.
Eun Ji lo miró con el ceño fruncido y yo solté una carcajada.

-¿Qué?- pregunté ante la fija mirada asesina de mi amiga. –Tiene razón.

Eun Ji negó con la cabeza indignada.
-Las mujeres no nos ponemos cursis, es sólo que cuando un hombre es caballero realmente sorprende- dijo lanzándole una miradita a Sehun.

-¿Por qué la caballerosidad debe ser algo bueno? Lo veo como una táctica para llevarte a la cama. 
Yixing y Sehun estallaron en carcajadas y mi amiga me miró con los ojos como platos.

-¿De qué lado estás tú?- escupió amargamente. 

Me reí algo incómoda. No me gustaba debatir con Eun Ji por el simple hecho de que ella siempre quería tener la última palabra. 

-Bien, cambiando de tema, ¿cuándo creen que podamos abrir éste lugar? 

-En tanto consigan nuestro socio consiga la licencia, y eso probablemente será en una o dos semanas- me dijo Luhan acariciando mi cabello. Asentí.

Estaba tan emocionada e ilusionada con aquel estudio. 

De repente, mi mente se iluminó con una extraña pero conveniente idea.

-¿Qué tal si pudiera dar presentaciones de ballet en teatros o locales?- pregunté al grupo que detuvo su charla para escucharme. 
Eun Ji me miró sorprendida y asintió.

-Eso sería genial. 

-Si eres buena en esto, llegarías lejos- comentó Yixing con una sonrisita.

-Oh vamos, todo el mundo aquí la ha visto bailar… -dijo Eun Ji y todos estallaron en carcajadas. 

Mis mejillas se tiñeron de rojo escarlata y desvié la mirada incómoda. Luhan me observó intentando contener la risa pero mi expresión de desconsuelo finalmente terminó provocando una fuerte carcajada que sólo aumentó las risas del grupo.

-Ya, ya. No haré bailar a niñas de doce años en un poste- dije poniendo los ojos en blanco. –Estamos hablando de danza clásica muchachos.

-¿Se imaginan una generación de pequeñas Park?- bromeó Yixng ignorando mi cara de fastidio y provocando la risa de todos nuevamente.

-¿Alguien quiere decir algún otro chiste sobre mí?- cuestioné bastante ofendida. Lay estuvo a punto de abrir la boca cuando la mirada de Luhan lo detuvo. Hmm… eso. Mi hombre defendiéndome.

-No, _________, lo siento- se disculpó el moreno y se puso de pie. – ¿Qué tal si probamos el audio?

Todos asentimos y me puse de pie, tomando la mano de Luhan. Antes de que pudiera tirar de él, éste lo hizo, dejándome encima de su cuerpo sobre el piso.

-¡Luhan!- me quejé mientras él me acorralaba entre sus brazos. Soltó una carcajada y me dio un profundo y posesivo beso, casi como si estuviera marcando territorio.
Escuché como probablemente Sehun se aclaraba la garganta y Eun Ji reía.

Me aparté de Luhan rápidamente y ésta vez no le ofrecí mi mano. El me miró desde su posición en el suelo riéndose. Juro que jamás lo vi tan sexy como en ese momento. 

Con el cabello desordenado, y los primeros botones de la camisa abiertos, dejando mucho que desear. Me miraba mientras se mordía el labio inferior y sonreía. 

Probablemente la situación hubiera sido diferente si no hubiéramos tenido público. Hubieramos ‘estrenado’ de una manera muy placentera aquel estudio.

Yixnig pateó un costado de Luhan vagamente y éste se quejó.
-Vamos galán. Ayúdame con la música. 

Mi novio se puso de pie, y los tres hombres marcharon hacia el pequeño salón ubicado detrás de las columnas. Eun Ji me miró divertida.

-Un poco más y te lo follas…
La interrumpí rápidamente haciendo un gesto de espanto.

-Shhhh. Ni me lo digas- me quejé frustrada. –Detesto cuando hace eso- murmuré.

-¿Cuándo te deja sola y caliente?- se burló y arqueé una ceja.
No iba a asentir pero su expresión de diversión finalmente me hizo ceder. De todos modos tenía razón.

Una canción de AC DC inundó el ambiente y puse los ojos en blanco. Eun Ji comenzó a reír mientras bailaba cerca de mí. No pude contenerlo y también comencé a moverme. 
Descalza sobre el suelo de madera, haciendo movimientos con la cadera y arqueando la espalda. Eun Ji me tomó de la mano y comenzamos a bailar una de las coreografías que habíamos inventado en periodos de aburrimiento alguna que otra vez. 

Ambas estábamos en shorts de jean y blusas sencillas. Yo llevaba el cabello suelto y bastante rebelde mientras ella lo tenía en una coleta desordenada.
Giré entre sus brazos riendo y me moví justo al compás de la música chocando nuestras caderas.

Cuando ella volvió a girarme, visualicé la vista que tenía desde el espejo. Yixing, Sehun y Luhan nos miraban desde el marco de la puerta de la sala de música.

Al parecer nuestro pequeño baile los había ‘despertado’.

Arqueé una ceja hacia Eun Ji quién me miró divertida para que luego una expresión petulante se grabara en su rostro.

-¿Disfrutan el espectáculo muchachos?- preguntó mi amiga descaradamente y soltó una risita seductora.

Los tres hombres se quedaron sin habla. Fruncí el ceño y comencé a sentirme incómoda. ¿Qué haces cuando tienes a tres tipos calientes y uno de ellos es tu novio? Y ni sugieran la opción pervertida.

Luhan pareció salir de su shock y se acercó hacia mí, arrastrándome a sus brazos.

-¿Podemos irnos ya?- preguntó en voz baja y entredientes. Sonreí y jugué con sus dedos. 

-Por supuesto.
El intentó evitar su expresión de emoción y alivio, pero no lo logró.

Cuando di media vuelta para despedirme de mi amiga, me encontré a una ferviente pareja, casi devorándose a los besos bruscos y apasionados.
Lay seguía en su mismo sitio, arqueando una ceja.

-Hmmm… sólo encárguense de cerrar el estudio más tarde- dije intentando no entrometerme en el asuntillo de Eun Ji y Sehun.
Mi amiga balbuceó algo parecido a un “ajá”. 

Luhan me miró intentando contener la risa y luego entrelazó nuestros dedos. Lay se rascó la barbilla.

-¿Vienes Lay?

-Iré en mi coche- respondió automáticamente y luego nos observó: -Gracias de todos modos.

Me encogí de hombros y me despedí de todos alzando la mano, aunque estaba bastante segura de que Eun Ji y Sehun ya ni siquiera recordaban nuestra presencia allí.

(…)

-He estado carcomiéndome la cabeza pensando en qué hacer, Luhan- confesé luego de darme por vencida tras el tercer intento de mi novio de que le dijera que me tenía preocupada.

El acarició mi vientre por encima de la tela y pese a todo, yo entrelacé mis dedos con los de él, justo allí.

-Puedes empezar diciéndome qué es lo que se supone que tienes que hacer- dijo el tranquilamente mientras con su pulgar acariciaba el hueso de mi cadera. Me estremecí. 

Estábamos en un parque dónde frecuentaban las parejas adolescentes y desde lejos podía sentirse toda el aura de romanticismo en aquel sitio. Sin embargo, me sentía como dentro de una burbuja.
Como si el resto no existiera. No era consciente de nada que no fuera Luhan y la calidez y suavidad de sus manos, su fuerte abdomen contra mi espalda, y su barbilla a la altura de mi sien. 
Él se encontraba recostado contra un viejo roble, y yo en su regazo, de espalda a él.

-Es… un hogar. Un sitio al que voy hace casi un año.

-Un hogar- repitió él y luego dudó: -¿En el que alojan niños huérfanos?
Asentí y él esperó en silencio a que continuara.

-Todo ha ido tan bien siempre. Pero ahora su economía está por los suelos- expliqué mirando las nubles que de a poco iban desapareciendo. –He intentado ayudarles pero ahora ya no dispongo del efectivo. Y las pocas personas que contribuían ya no son tan frecuentes. 

-¿Y por qué no dispones del dinero, cielo?- preguntó él distraídamente y yo me tensé. Entonces me miró entre sorprendido y apenado.

-¿El dinero de Anacks?
Mi silencio fue su respuesta. Cerró los ojos con fuerza y gruñó en voz baja.

-¿Por qué no me lo has dicho antes, _________?- cuestionó en un murmullo y desvío la mirada cuando di media vuelta. 

-¿El qué?
Sus labios formaron una línea recta.

-Que aquel dinero ayudaba a un hogar. Jamás te hubiera pedido que lo abandones si hubiera sabido que iba destinado a una causa tan noble. Me siento como un condenado egoísta… soy un condenado egoísta- rectificó apesumbrado y con el brazo se cubrió los ojos.

-Hey, tú no eres egoísta- le dije en voz baja intentando quitarle la obstrucción de esas bellas gemas miel. El se resistió y no pude mover ni un centímetro su brazo de aquel lugar. –Luhan, no entré a Anacks específicamente para ayudar al hogar- admití algo avergonzada por el falso buen concepto que se había hecho de mí en tan sólo unos segundos. –Cuando conocí a los niños del lugar hace unos meses, decidí contribuir e ir a visitarlos de vez en cuando, pero no fue hasta que gané grandes sumas de dinero, que empecé con las donaciones.
El se quitó el brazo de los ojos y me observó. 

-¿Y cómo los ayudaremos ahora? ¿Volverás a Anacks?
Su voz sonaba mortificada, sabiendo que a él no le agradaría en absoluto que yo volviera a aquel antro de mala muerte. No obstante, me agradó el ‘ayudaremos’.

-No volveré a Anacks, Luhan- dije con firmeza y alivio destelló en sus ojos pese a que no dijo nada. –Ya se me ocurrirá algo- añadí intentando convencerme más a mi misma que a él.

El rizado se quedó pensativo, con sus brazos alrededor de mi cadera, y su barbilla sobre mi cabeza.

-¿Y si le sacas provecho a ese estudio?

-¿Cómo?
El se aclaró la garganta.

-Podrías enseñarles ballet o cualquier otra danza a las niñas del hogar, y luego hacer obras con el objetivo de recaudar fondos para caridad. Sería algo bonito de ver y el dinero les serviría al menos hasta que se nos ocurra algo más.

Sonreí animada. Era una magnífica idea.
-A veces me pregunto qué he hecho para tener a alguien tan bueno como tú- dije negando con la cabeza y atrayéndolo hacia mí. El soltó una risita.

-Debes haber sido un ángel en otra vida- bromeó adecuándose a mi cambio de humor. Se acercó a mis labios y lo detuve.

-¿En otra vida? ¿Y en ésta no?- pregunté divertida dándole un beso a la punta de su nariz.
El soltó una risa sofocada y negó con la cabeza.

-No me hagas responder a esa pregunta- contestó y tomó mi rostro entre sus grandes manos. –“__________ diablilla Park”- rió antes de besarme.


-Ya casi termina el fin de semana- me quejé mientras me acurrucaba con Luhan en el sillón. 

En la televisión pasaban la publicidad de una película de la que jamás había escuchado hablar.

-¿Quién dijo que tiene que terminar ahora?- preguntó en mi oído y su tono me pareció demasiado ambiguo para no cuestionárselo. 

-¿A qué te refieres?
Él me observó y de repente sentí el aire cargarse de intensidad. Así solía suceder cada vez que mis ojos y los suyos hacían conexión. Era notable el cambio en nuestras respiraciones, y el ligero rubor cubriendo mis mejillas. Me sentía trágicamente vulnerable junto a él, y lo más raro es que no me importaba.

En otras circunstancias y algún tiempo atrás me hubiera sentido estúpida al ser débil ante un hombre, pero Luhan era tan dulce conmigo, tan increíblemente cariñoso, que tan sólo con un gesto elocuente me demostraba su afecto. 

Si pudiese comparar el tipo de pensamientos que rondaban por mi cabeza hacía casi cuatro meses, y lo que pensaba en ese instante del amor,… probablemente el contraste sería máximo.

Luhan era el equilibrio y desequilibrio de todo. 
Sí, diablos, lo amaba.

Éste era mi primer gran amor, y esperaba que nunca acabase como toda estúpida adolescente. 
Mi mente no concebía finales tristes, simplemente no me imaginaba el final de aquello.

Cuando volví a la realidad tenía a Luhan besando mi cuello y haciéndome cosquillas con su cabello cerca de mi barbilla. 
Solté una risita y me hice a un lado.

-¿Qué propones?

-Vamos a un autocine- dijo él y su mirada se cargó de lascivia. Golpeé su hombro. –Oh vamos,… no creerás que usaré ese viejo cliché para pasar mi brazo sobre tu hombro, ¿verdad?

-De hecho… -comenté yo- no esperaba precisamente que pasaras tu brazo por mi hombro. ¿Desde cuándo ese gesto tiene que planearse?- bromeé divertida. –No me hagas pensar que estoy saliendo con un anciano, Xiao. Eres un chapado a la antigua.

-Éste chapado a la antigua te llevó a la cama… así que tu argumento es inválido, mi lady- dijo teatralmente y me eché a reír. El me acompañó.

-Sí- asentí con una sonrisa. –A la cama... al sofá, a la ducha, a la cocina, al escritorio en tu oficina… -enumeré y el negó con la cabeza.

-¿En la cocina? ¿Cuándo fue eso?- preguntó frunciendo el ceño. –Nunca te follé en la cocina- dijo naturalmente.
Arqueé una ceja.

-¿Disculpa? ¿Qué tu me follas a mí?- repetí intentando sonar atónita y ofendida. –Yo soy la que te folla a ti Luhan, yo te incito a hacerlo.

-Los hombres follan, las mujeres sólo… están ahí- objetó no muy convencido de su poco brillante explicación. Solté una carcajada.

-¿Estás provocándome?- pregunté casi de un modo retórico.

-¿Funciona?
Negué con la cabeza y me reí. ¿De dónde salen estas conversaciones tan extrañas?

-Supongo que olvidas el pequeño episodio en tu oficina… así que yo solo ‘estuve ahí’- reformé la cita de sus palabras.

-Bien, con “ahí”, me refiero a… aquí- dirigió una breve mirada a sus pantalones y sonreí pícara. –Bien, sí, quizá tu me follas a mí- concluyó rindiéndose y recostándose sobre el sofá.

-Buen chico- halagué acariciando su cabello. Él sonrió. Pese a su edad, aún parecía tan joven.

-Hey hey hey- dije llamando su atención. –Dijiste que iríamos al autocine- le recordé y el bufó. 

-Nuestro debate me ha dejado cansado, y es domingo por la noche. Debo llevarte a casa- bromeó y se puso boca abajo, enterrando el rostro entre los almohadones.
Me senté sobre su trasero y el automáticamente levantó la cabeza, curioso.

-¿Qué haces?
Deslicé mis manos hacia la parte posterior de su cabeza y lo empujé de nuevo contra el almohadón.
Luego las reacomodé sobre sus hombros, y comencé a apretar suavemente, mientras hacía círculos con mis pulgares sobre sus omóplatos. El gimió, al parecer no esperaba el gesto.

-¿Me harás masajes?- preguntó con voz ronca y me detuve. El soltó un sensual gruñido.

-Sólo si me llevas al autocine luego.

-Hecho- aceptó él automáticamente.

-Promételo.

-Lo prometo, pero ahora vuelve a hacerlo- me incitó con la voz ronca. –Menos mal que estoy recostado boca abajo, porque si no terminaríamos…
Golpeé su hombro interrumpiéndolo y el soltó una carcajada sofocada por el almohadón.

Como amo a éste tipo.

{Narra Luhan}


Noté una sonrisa dibujarse en su delicado rostro mientras yo me estacionaba frente a la inmensa pantalla.

Luego de media hora de deliciosos masajes, me había decidido al fin a mover el culo y llevarla al bendito autocine.

Tal como era de esperarse un domingo por la noche, el lugar estaba semidesértico. Sólo había dos coches más, y uno de ellos parecía estar vacío. 

____________ tomó mi mano y se la llevó a su regazo, entrelazando nuestros dedos. Sonreí al sentir la cálida piel de sus piernas.
Quizá no hubiera sido tan mala idea venir.

-La película está por comenzar. ¿Quieres que vaya por palomitas y una bebida?

-Iré contigo- me dijo y se quitó el cinturón de seguridad.

Me bajé del coche y di media vuelta para encontrarme con ____________, quién volvió a tomar mi mano. Me aparté y ella me miró arqueando una ceja, entonces la atraje por la cintura y la tomé como prisionera contra mi coche.

Incliné el rostro besando la comisura de su boca y ella jadeó al sentir el prominente bulto en mis pantalones. Apoyé mi frente contra la suya y cerré los ojos por un momento. 

Cuando volví a abrirlos me encontré con una intensa mirada gris almendrada fija en mí. Ella sonrió y llevó su pequeña y cálida mano a mi mejilla, acariciando con suavidad mis rasgos.

¿Cómo puede hacerme sentir así con tan solo mirarme?
Desde el principio me he sentido así, tan jodidamente frágil a su lado, pero intentando ser fuerte, porque se supone que soy yo quién debe protegerla. Pero ella simplemente… hace que todo el resto desaparezca. 

Cuando me inundó su presencia aquel día en Anacks, pensaba que estaba perdido. 
Me sentía herido por que creía no haber sido suficiente para Min Ju, pero __________ me había demostrado que simplemente aquella mujer no había aprendido a valorarme y aceptar como era yo.

¿Quién diría que terminaría enamorándome de una stripper? 

-Estás sonriéndome como un tonto- dijo ella divertida, cortando el hilo de mis pensamientos. –Espero que tengas esa misma sonrisa cuando conozcas a mis padres- bromeó y se hizo a un lado, arrastrándome hacia el puesto de palomitas. 

-¿Tus padres?- pregunté algo desorientado.

-Hace unos días mi padre se enteró de que estoy saliendo contigo.

Intenté mantener una expresión neutra, pero al parecer ella notó al instante que aquello me había puesto nervioso y alerta, por lo que rió. 

-No le molestó la idea en absoluto. O al menos eso me dio a entender. Dijo que al menos no había escogido a un adolescente en plena pubertad. 
Arqueé las cejas sorprendido.

-Así que todo el problema se originaba en mis veintiséis años- comprendí yo, poniendo una expresión de circunstancia. Ella soltó una risita.

-Supongo que no mencioné el hecho de que aún sigues comprometido, pero eso se resolverá en un mes- dijo guiñándome un ojo y mordiéndose el labio. En un mes- pensé con alivio- cada vez faltaba menos para desprenderme de todo lo que me relacionará a Min Ju. 

Se acercó al puesto, y el empleado la observó con descaro de arriba abajo.
Pese a que era de noche, el tiempo estaba bastante agradable, por lo que __________ sólo llevaba unos shorts de jean y una blusa con tirantes. 

El jodido bastardo no dejó de mirarla incluso cuando se adentró a la pequeña cabina, llenando una bolsa de palomitas. 
Me adelanté unos cuantos pasos, y la tomé por la cintura.

-Marcando territorio- dijo ella divertida entre dientes y yo clavé mi erección en su trasero. –Juegas con fuego, ya te lo he dicho- susurró excitada. 

El empleado volvió a acercarse, con la bolsa de palomitas en una mano y las dos bebidas en otra. Me echó un breve vistazo y luego desvió la mirada para encontrarse con la de mi novia.

___________ sonrió y musitó un suave “gracias”, dejando el dinero en la mano del desgarbado muchacho. –Quédate con el cambio.

Se dio media vuelta demasiado rápido y sus pechos quedaron pegados contra el mío. Se mordió el labio alzando la mirada. Estaba provocándome… 
Se hizo a un lado, y continuó su caminata hasta el auto.

Tomé las bebidas y camine detrás de ella intentando no correrme con solo mirar ese perfecto trasero e imaginarme todo lo que podría hacer con él.


Una vez dentro del coche, notamos que la pantalla ya estaba mostrando los créditos principales, por lo que nos acomodamos en los asientos con las bebidas entre ellos.

__________ se llevó un pequeño puñado de palomitas a la boca y observó atenta el título de aquella película. “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”. Vaya imaginación.

Luego de media hora, me encontré a mi mismo consternado y fascinado con aquella extraña historia. Al principio todo parecía ser normal.

Uno de los protagonistas había decidido espontáneamente faltar al trabajo y tomar un tren a una estación desconocida. 
Allí conoce a Shin Yoong, quién parecía ser una joven algo extraña pero bastante divertida. Comienzan una extraña y casual relación, cuando de repente, se enfoca al personaje principal, llorando.
Sin explicaciones, sin peleas previas.

Observé durante un segundo a _____________ que miraba la película igual de concentrada que yo. Tenía el ceño ligeramente fruncido.

Volví la vista a la pantalla, sin antes tomar su mano. Ella aceptó el gesto cálidamente.

Finalmente, cuando la película terminó, _____________ suspiró y soltó un par de lágrimas. Hizo a un lado las bebidas y me abrazó.

-Oh… definitivamente ha sido la mejor y más extraña película que he visto- comentó con un deje vehemente en su voz. Acaricié su cabello y sonreí.

-La verdad es que te deja pensando…

-¿Te imaginas? ¿Qué sucedería si lo nuestro terminara mal y yo intentara borrarte de mi mente?- dijo más para sí misma y parpadeó considerando la idea. Luego hizo una mueca.

-¿Podrías olvidarme?

-Creo que aunque borraran todos mis recuerdos de ti no podría evitar sentir lo que siento cuando estamos juntos- murmuró y luego se sonrojó. –Mierda, ¿desde cuándo soy tan cursi? 
Se secó las lágrimas rápidamente y solté una risita.

-Me gusta cuando eres cursi- dije dándole un beso en la mejilla. Ella refunfuñó. 

-¿Qué hora es?- preguntó distraídamente.
Tanteé en mi reloj.

-Casi las once. Ahora si es mejor que te lleve a casa, cielo.
Hizo un pequeño puchero pero finalmente cedió. 

-En unos días se inaugurará el estudio de ballet- me recordó con una sonrisa emocionada mientras ponía el motor en marcha. Se la devolví.

Parecía tan entusiasmada en el proyecto que aquello ablandó mi corazón. 

Ella tenía su lado tan salvaje, ardiente y dominante, y luego estaba ésta faceta. Dulce, altruista, y encantadora.
Honestamente, debí haber sido demasiado bueno en otra vida para tener a una chica como ella conmigo en éste instante. 

I Don't Careᴇ - EXO - [Luhan y Tu] - [TERMINADO]¡Lee esta historia GRATIS!