capitulo 15

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-Genial- musitó mi madre entre dientes cuando Eun Ji y yo la esperábamos listas en el asiento trasero de la limusina.

Era más que obvio que Eun Ji no era la preferida de mis padres, al menos de mamá. Siempre dijeron que se vestía vulgarmente y no era decente su forma de hablar o de referirse a las personas.
Pero yo era adulta y elegía mis propias amistades así que su opinión me valía un comino.

Luego de un cuarto de hora, la limusina se detuvo frente a un gigantesco hotel iluminado con reflectores en suaves tonos violeta.
Tomé del chofer mientras bajaba y le sonreí en agradecimiento. Con tacones de diez centímetros no era nada fácil salir de allí.
Una vez que Eun Ji estuvo a mi lado, arqueó una ceja.

Su clase social era entre media y alta, pero aun así no estaba acostumbrada a tal elegancia. Al igual que yo, creo que jamás terminaría de acostumbrarme a ello.

Entramos a la recepción del hotel y una señora de unos cuarenta años de edad, y un vestido largo hasta el suelo nos guío a través de un pasillo hasta el salón principal.
«Quizá debería haberme quedado en casa. Ahora tendré que fingir que me divierto.»
Aunque quizás la presencia de Eun Ji allí me ayudaría un poco.

-¿Qué perfume te has puesto?- preguntó mi amiga en voz baja cuando nos sentamos en nuestra mesa asignada- hueles muy bien.

-No lo recuerdo- cuchicheé.

El baile transcurrió con torturante lentitud. Ancianos por doquier. Aburrido.
Los únicos jóvenes que había eran toda una manga de estirados niños de papi.

-Estás preciosa- se escuchó a nuestras espaldas.
Un castaño con buen corte, y un esmoquin negro observaba a Eun Ji. Ese rostro familiar… ¿Sehun?

-¿Qué haces aquí?- preguntó ella sorprendida y con una sonrisa que comenzaba a dibujarse sobre sus labios.

-La familia que organiza ésta fiesta es amiga de la mía. Mis padres creen que debo estar aquí para conocer a médicos importantes con las que podría tener la oportunidad de trabajar- explicó él acercándose a ella.

Lee Eun Ji se puso de pie y me guiñó un ojo.

-Vamos por champán, ¿sí?
Asentí con una sonrisa discreta. Sí claro, champán…

Mamá observó a Eun Ji con desapruebo.

-Esa chica definitivamente es una…

-Cállate mamá- la interrumpí con suma tranquilidad. – Ella es mi amiga y tiene la edad para hacer lo que quiera.

Ella refunfuñó y mi padre ahogó una risita.

Desde la mesa observaba como Eun Ji y Sehun bailaban con la música de jazz de fondo.
Eun Ji… ella siempre dispuesta a todo.
Era una gran amiga. Pero temía que rompieran su corazón de nuevo. Sehun parecía un hombre agradable, pero no me confiaría.

Kim Hyun Ah, una de las hijas de una familia amiga, se acercó a nuestra mesa y saludó con cortesía a mis padres.
Una castaña, de piel tan blanca como la leche y ojos profundamente color pardo. Encantadora al ojo crítico, una zorra de primera para pocas personas que realmente la conocían.

-¿Qué tal, __________?- preguntó mientras se sentaba a mi lado.
« ¿Cómo me deshago de ti?»

-Bien.
Silencio incómodo…

-Estás tan comunicativa hoy- dijo sarcásticamente mientras enrollaba un mechón de cabello en su dedo índice.

-Y tú tan bonita- repliqué en su mismo tono. Ella se hizo la ofendida.

-Nunca hemos sido amigas, pero al menos trátame con respeto. Siempre he sido amable contigo.

Supuse que tenía razón, pero no estaba de humor para tratarla con “respeto”.

-Lo siento- dije secamente haciendo un acopio de paciencia. Ella arqueó una ceja. –Y dime, ¿cómo te ha ido en el verano?

Hyun Ah sonrió y comenzó a contarme acerca de sus vacaciones no sé dónde mierda, mientras yo observaba la pista de baile sin molestarme en fingir interés.

-Oye, Park. ¿Conoces a ese tipo?- preguntó la castaña haciéndome una seña con la cabeza.
Di media vuelta pero no vi a nadie. –Se ha ido- se quejó. –No dejaba de mirarte.

Asentí entrecerrando los ojos.

-¿Cómo era?

-Pues… -se quedó pensativa. –No alcancé a ver mucho pero era alto y de espalda ancha.

-Puede ser cualquiera- suspiré y desvíe la mirada.

-Y tenía cara de niño pequeño.

Oh no…


-¿Lo identificas, entonces?- preguntó ella cuando notó mi expresión, probablemente de espanto.

-No, no tengo ni idea- mentí aclarándome la garganta y mis padres me observaron. –Oigan, creo que volveré a casa, estoy cansada.

-Aun no es medianoche- dijo mi madre con sorpresa.

-Lo sé, pero la exposición me ha dejado exhausta. Los veré en casa, disfruten la velada- me despedí de ambos y Hyun Ah arqueó una ceja mientras me paraba.

Me despedí de ella con un “adiós” rápido.
Llegué a la pista de baile y me metí entre las personas con el corazón desbocado.

-Eun Ji, tengo que irme- le dije observando furtivamente el lugar mientras ella detenía su baile con Sehun.

-¿Qué sucede?
Ambos me observaron y no supe si debía decirlo frente al castaño.

-¿Recuerdas el problema de anoche?- dije intentando sonar en clave. –Está aquí de nuevo.
Ella asintió sorprendida.

-Sehun debo irme- le dijo ella de mala gana al chico pero yo la interrumpí.

-Quédate, no arruinaré tu noche por esto. Sólo iré a casa, diviértete.
Ella negó con la cabeza y la fulminé con la mirada rápidamente. Entonces asintió con una sonrisa, poco convencida.

-Cualquier cosa me llamas- advirtió y suspiré. Me entregó una sonrisa, y con rapidez me despedí de ambos. Le pedí al chico de la cabina si me daba mi abrigo y mi bolso.
Se demoró en encontrarlos, y me puse aun más nerviosa.

¿Por qué estoy actuando así? ¿Dónde quedó lo de “es sólo un hombre”?
El joven me entregó mis cosas y le dejé una propina.

Cuando llegué a la recepción del hotel, solté un suspiro de alivio.
Me puse mi abrigo y ajusté mi bolso en mi hombro.
«Quizá ni siquiera era él y estás haciendo un escándalo» se quejó mi interior.
Sí claro, ¿qué hombre de más de veinte años tiene cara de niño de kinder, actualmente?

«Él debe ser el único, aunque le sienta de maravilla… Bien, bien, no pienses en ello.»
Salí del hotel y cuando creí que había escapado una voz dulce y engañosamente suave me detuvo.

-¿Estas escapándote de mí?

Menos mal que estaba de espaldas porque si no hubiera visto mi cara tornarse de blanca a roja en una fracción de segundo.
Suspiré y di media vuelta haciéndome la tonta.

-No… sólo estoy cansada y…
Me quedé callada cuando se acercó a mí.

-¿Volverás a casa?- preguntó con una sonrisita.

-Sí, uhmm… - «Intenta no sonar estúpida.»- Adiós.
Intenté caminar con rapidez pero los tacones me limitaban un setenta por ciento.
Mierda de las mierdas.

-¿No me dejarás llevarte a casa ésta vez?- preguntó acercándose nuevamente, y por su mirada y sonrisa lucía secretamente triunfante.

Sabía que no era una excusa, pero… ¿qué podía decirle? “No. Prefiero caminar cuatro kilómetros en tacones”. Podría haber esperado en la fiesta hasta que regresara la limusina pero ya me había retirado, así que…

-Sí.

El asintió con una sonrisita y tomó mi mano. –No quiero que te caigas y te lastimes- me avisó excusándose por el contacto.

«Sí claro, me has visto caminar en trampas mortales el fin de semana anterior y no has dicho nada.»
Fuimos hasta el aparcamiento y él apretó el botón del seguro del Audi.
Éste hizo luces y luego se lo escuchó destrabarse.

Con increíble y esperada caballerosidad, Luhan abrió mi puerta y una vez que entré, la cerró dirigiéndose al asiento del conductor.

«Gracias oscuridad.» Al menos no me vería sonrojarme.
¿Por qué diablos acepté que me llevara?

Puso el motor en marcha y aceleró.

-Se que no debería preguntártelo, pero ahora que te tengo encerrada aquí, y no puedes enfadarte e irte, ¿por qué trabajas en Anacks?

Maldito manipulador.

-Puedo irme si quiero- le dije testarudamente.

-Si eres un alma suicida, pues intenta bajarte. No detendré el coche- avisó divertido.
Reprimí un bufido.

-Ya te he dicho, amo bailar.

-¿Esa es la única razón?- cuestionó con curiosidad. –Anacks es un sitio peligroso, ¿porqué bailas para otros hombres? Puedes bailar en una academia o…
Lo interrumpí.

-Me gusta bailar y ver el efecto que puedo causar en los hombres- respondí tajante.

-¿Y el dinero? Por favor no te ofendas, pero si estabas en esa fiesta probablemente tu economía no es mala.

Lo pensé durante unos cuantos segundos.

-Me gusta hacer lo que hago, y si me dan dinero por ello aun mejor. Es simplemente un trabajo.

-¿Tus padres saben que frecuentas ese tipo de sitios? Parecen demasiado decentes para que su hija esté en esos lugares.
Apreté los dientes, ¿por qué diablos me estaba interrogando?

-¿Acaso importa lo que piensen? Tengo la edad suficiente para estar dónde se me de la gana. Y no me malinterpretes, ésta no es una actitud rebelde, ni sólo la adrenalina de saltarme las reglas, simplemente no soy como ellos.

Él suspiró pensativo y me entregó una sonrisa torcida.
«Vuelves a hacer eso de nuevo y no respondo de mí.»
¡Tan ardiente!

-Lamento haberte preguntado, tenía mucha curiosidad- me confesó.

-Y aun tienes preguntas- aventuré secamente. Él asintió con una risita y se detuvo frente al semáforo en rojo. No había nadie en las calles, ¿para qué diablos se detenía?

-¿Qué edad tienes?- preguntó poniéndose de lado y mirándome fijamente. Incluso en la oscuridad podía notar el penetrante brillo de sus ojos miel.
Oh dios…

-Diecinueve- musité.
Él enfocó la vista y un indicio de sonrisa se formó en esa perfecta y tentadora boca…

Se acercó un poco y mi corazón se desbocó.
«Diablos, bésame ahora.»

Su boca estaba a centímetros de la mía cuando me arrepentí.
Él sólo quería un polvo. Estaba casado, y probablemente enamorado de su histérica pero físicamente perfecta mujer.

-El semáforo está en verde, Luhan- le dije apartándome con suavidad.

Él se quedó estático como si no comprendiera lo que había dicho. Luego pestañeó y se redujo a su asiento pisando el acelerador.

Luhan mantenía la vista fija en el camino y repentinamente estaba en silencio. ¿Se había enfadado?

-¿Te ha ido bien ésta tarde con las fotografías?- pregunté para romper el hielo.

-Sí- respondió él sin indicios de emoción.
Genial, si estaba enojado.

-¿Desde cuándo te gusta la fotografía?

-Desde pequeño.
Me tensé.

-¿Vas a continuar con tu tono cortante o debo besarte para que estés contento?
Juro que intentaba evitar decir eso, pero…

-¿Quién dijo que quería que me beses?- preguntó ofendido.
Su patético tonito no me hizo dudar.

-Oh por favor, no finjas Luhan. No sé a qué estás jugando, pero estas volviéndome loca.

-No, tú me estas volviendo loco a mí, ¿sabes? Dime algo, ¿no te atraigo o simplemente te haces la difícil?

-No seas ridículo…

-Dímelo- insistió él y detuvo el auto a un costado de la calle.
Volvió su mirada fija a mí y se me hizo un nudo en el estómago.
¿Un nudo o mariposas?
Mariposas, eso suena tan estúpido.
Definitivamente un nudo.

-Te alejas de mí cada vez que estoy cerca tuyo, ¿normalmente eres tan reacia a las personas?

-No sé con qué intenciones te acercas. No te conozco, lo único que se de ti es que estás comprometido, ¡no sé qué diablos pretendes!

Solté el cinturón de seguridad y me bajé del auto casi corriendo. Lo que me costó un zapato. Maldito tacón de mierda, ¡voy de aquí para allá contigo y nunca te has roto!
Me lo quité y comencé a caminar descalza y sin tener la menor idea de dónde estaba.

La calle lucía tan oscura, y fue allí cuando recordé que nunca le había dado la dirección de mi casa a Luhan, ¿en dónde demonios estábamos?

Él se bajó del coche con una mirada arrogante y me observó.
Suspiré enfurruñada.

-¿Qué?- pregunté tajante y acusadora.

-Vuelve al auto, no sabes ni dónde estamos.

-No volveré allí. No sé si eres un psicópata o un violador. Déjame en paz.

-¿Psicópata o violador?- repitió y soltó una carcajada irónica. -¡Cuando te besé no te quejaste!
Apreté los dientes conteniendo una sarta de maldiciones que quería sacar a la luz y me acerqué con la cólera a flor de piel.

-¿Me preguntas por qué me alejo de ti? Oh vamos… no seas perdedor. Lo único que quieres es que me acueste contigo, ¡tienes prometida, idiota! ¡Ve por ella y déjame en paz!- le grité en la cara, enojada.

El arqueó una ceja.
-¿Estas tan enojada porque no me alejo o simplemente porque ese beso significo algo para ti?

De tantas preguntas que podría hacer, justo tenía que cuestionarme esa. Pero qué manera de darle al clavo, dios mío.

-Te dije que no significó nada- volví a mentir con la frente en alto. El frunció el ceño y negó con la cabeza.

-Sí después de esto vuelves a decirme lo mismo, prometo que te dejaré en paz- lo observé confundida e intrigada. Cuando quise darme cuenta de qué ocurría el ya tenía su boca sobre la mía y me apretaba entre sus brazos.

Sus cálidos, suaves y ardientes labios se movían sobre los míos, como si estuvieran desesperadamente hambrientos.
Luhan me estrechó contra su cuerpo y paseó sus grandes manos por mi espalda, haciéndome jadear entre besos.
¿Para qué negarme?
«Si luego de cinco segundos no lo he detenido es porque en realidad quiero esto.»


Hundí mis manos en su cabello y atraje su rostro al mío queriendo más de él. Mordí su labio inferior y el soltó un gruñido apretando sus manos en mi cadera.
Esto era condenadamente embriagador.

Me detuve cuando ya no tenía aire y me quedé quieta, con la cabeza sobre su pecho y la respiración jadeante e increíblemente acelerada.

Él acarició mi cabello haciéndome volver la vista a sus ojos.

-¿Qué sigue ahora?- pregunté en voz baja y muerta de frío.

-No lo sé…

Me aparté un poco, sintiendo las piernas entumecidas del frío.
Caminé hasta la puerta de copiloto, y entré al coche, disfrutando de la calidez de su interior.
Luhan me observó desde afuera y sonrió de lado. De nuevo.
«Oh Xiao, has eso sólo una vez más.»

Él me guiñó un ojo y supe que realmente estábamos jugando con fuego, y aquí empezaba nuestra partida.

I Don't Careᴇ - EXO - [Luhan y Tu] - [TERMINADO]¡Lee esta historia GRATIS!