capitulo 38

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-Has despertado, campeona- dijo una dulce voz. Parpadeé confundida y miré hacia mi izquierda.
Una chica de veintitrés o veinticuatro años vestida de blanco se acercaba.

-Oh no… ¿no estoy muerta verdad?- pregunté frunciendo el ceño y poniéndome nerviosa. Su rostro perfectamente simétrico se contrajo en una suave carcajada.

-No cariño. Has sido una luchadora fatal. Sé que estás confundida. Simplemente déjame inyectar tu medicina y luego llamaré a los médicos para que te hagan los chequeos de rutina. Luego llamaré a tus amigos y a tu padre.
Arqueé una ceja y patéticamente me dolió. 

-¿Qué sucedió?- dije levantando el brazo con dificultad y observando con terror como la enfermera inyectaba algo en la intravenosa en mi muñeca.

-Se supone que no debo decirte nada hasta que los médicos te revisen. Una vez que terminen prometo volver con tus amigos, ellos hablarán contigo- repitió y acomodó mis almohadas.
Gemí, impaciente. Estaba comenzando a hartarme sus evasivas.

-Oye, no me mires así. Es sólo por tu bien- me dijo con una risita y asentí suspirando.

-Bien, sé que no tienes la culpa. Sólo quiero saber que ha sucedido.

-Aguarda unos minutos y lo sabrás- me confió ella y pude vislumbrar un ‘Mi Young’ en su placa sobre el uniforme blanco.


Luego de que Mi Young se marchara, regresaron dos médicos y comenzaron a revisarme de arriba abajo. Me sentí completamente incómoda pero si aquello me permitiría tener respuestas más tarde estaba dispuesta a soportarlo.

No recordaba exactamente cómo había llegado allí. Pero suponía que por el dolor que sentía en mis costillas, era algo grave.
Me pregunté si Luhan estaría esperando en la sala de espera para verme. La idea me emocionó notablemente. Ya sentía que lo extrañaba.

Luego del chequeo general, el doctor me dio una advertencia seria de que no debía moverme para nada porque mis costillas aún estaban sanando, al igual que uno de mis brazos.
Ni siquiera lo intenté. Tan sólo con contraer los músculos ya me daban puntadas hasta el trasero. Literalmente.

Luego de unos interminables minutos sola, la puerta se entreabrió dejando ver el rostro ansioso de Eun Ji.
Sonreí castamente, y ella se acercó casi corriendo hacia mí y me abrazó con cuidado de no apretarme demasiado fuerte.
Detrás de ella aparecieron Sehun y Lay con sonrisas plasmándose en sus rostros.
Luhan seguía sin aparecer.

-¡Gracias al cielo estás bien!- exclamó mi amiga y sentí sus lágrimas humedecer la camisa de hospital que llevaba puesta. La abracé fuerte, pese al dolor en mis costillas.

-¿Puedes explicarme qué paso?- pregunté cuando la solté. –No entiendo nada.

-Era de esperarse- comentó Sehun acercándose y besó mi frente. – ¿Qué es lo último que recuerdas?
Y entonces me di cuenta que no me había esforzado en recordar lo que me había sucedido. Hurgué en las zonas oscuras de mi mente, intentando revelar algún último recuerdo. 

-¿El día de campo?- pregunté cuando la imagen de Luhan se proyectó sobre mi mente. 
Lay me miró con expresión preocupada y supe que entonces aquello no había sido lo último.
Busqué imágenes, fragmentos de lo que había sucedido, pero todo parecía no tener sentido. Cuando comenzaba a frustrarme recordé a Luhan diciéndome ‘te amo’ por primera vez y sonreí. Con las esperanzas renovadas seguí reconstruyendo la hilera de imágenes que se formaba en mi cabeza.

-La fiesta- dije y entonces Eun Ji me miró curiosa. Estábamos llegando a algún lado. –Mi madre y Amelia hablando- agregué y luego mi corazón se detuvo por un segundo. –Oh no… -gemí intentando controlar el dolor en mi pecho. –Luhan,… Min Ju. Peleamos cuando regresamos a casa.

Finalmente los tres suspiraron y se dedicaron a contarme la historia con lentitud y supuse que modulando su vocabulario para que no me cayera como un balde de agua fría y me alterara. 
Pero era imposible.
Palabra tras palabra que pronunciaba cada uno de ellos yo los observaba atónita preguntándome cómo demonios podría haber olvidado algo así.

-Me llamaron a las alrededor de las dos de la mañana diciéndome que habían sufrido un accidente.
Sollocé en el hombro de Eun ji.

-¿Dónde está Luhan? Él está bien, ¿verdad?
Nadie respondió y eso sólo empeoró la situación.
La maquina a la que me hallaba conectada comenzó a emitir mi pulso furioso y alterado. Al parecer eso alertó a los chicos, y Sehun apretó un botón sobre la pared.

-No necesito malditos sedantes- le grité adivinando sus intenciones. Me importaba una mierda tener un colapso nervioso o lo que sea, necesitaba saber de él. –Díganme al menos si él está con vida, por favor- pedí antes de que entrara Mi Young con una jeringuilla en su mano. Me lanzó una mirada de disculpa. Negué con la cabeza.

-No me inyectarás esa cosa hasta qué me digan si Luhan está bien. 

-Él aún no ha despertado, ______________- contestó Mi Young intentando tranquilizarme. Aprecié la actitud. Al menos alguien me daba respuestas. –Pero está vivo.
Suspiré de alivio y no me aparté cuando volvió a inyectar los fármacos que me tranquilizarían.

Los chicos me observaban preocupados.
-¿Cómo está él?- pregunté mirándolos seriamente pero ahora algo más cansada por el efecto de los sedantes que le habían administrado a mi cuerpo.

-El recibió la peor parte del accidente- dijo Sehun en voz baja y volví a sentir la sensación de estar desconectada de mi cuerpo. No emití palabras, ni siquiera pude soltar lágrimas. –Él estará bien, ___________.

***
Tenía miedo. Estaba aterrada y por primera vez no lograba encontrar la salida de aquel maldito antro.
El volumen de la música aumentaba y perforaba mis oídos haciéndome soltar lágrimas del dolor.

-¡Luhan!- grité buscándolo con la mirada.
Anacks se encontraba completamente repleto. Las strippers bailaban eróticamente sobre el escenario y los solteros gritaban emocionados y excitados.

Caminé entre la multitud y mi corazón dio un vuelco cuando visualicé una cabellera rubia. Corrí detrás de él, sin importarme en pisar o empujar la gente a mí alrededor.

-¡Cariño!- lo llamé pero las palabras no salieron de mi boca.
Min Ju estaba a su lado, riéndose junto a él.

Las lágrimas amenazaron con salir.
Intenté tomarlo por el hombro pero mi mano atravesó su cuerpo como si fuera un fantasma.

Miré confundida la escena y luego fui arrastrada de nuevo a la realidad.

Desperté reprimiendo los gritos de frustración que tenía guardados en lo profundo de mi pecho. 

-Hey, ¿qué sucede?- preguntó mi padre parándose del sillón que había a mi lado. –Cariño, estoy aquí.

Comencé a llorar. La alegría de verlo allí era indescriptible.
Recordé vagamente su mirada decepcionada en la fiesta.

Él me abrazó con dulzura y yo sollocé en su hombro, inhalando aquel perfume que él usaba hace tantos años. 

-¿Qué pasa, bebé? ¿Por qué lloras?- preguntó intentando consolarme. No respondí. Me dediqué a sacar mi angustia a flote mientras papá acariciaba mi espalda y mi cabello. 
Luego de un rato suspiré secándome la cara.

-Odio esto, papá. Aún no entiendo como he llegado aquí. No puedo recordar que sucedió luego de que volviera a casa. No sé ni en qué día estamos. Nadie quiere decirme con exactitud qué le sucede a Luhan y ya no puedo más… -dije casi todo en un hilo de voz y él me miró acariciando mi mejilla.

-Tranquila amor- murmuró él manteniéndome contra su hombro. –Necesitas relajarte, no puedes obtener todas las respuestas de una sola vez. Sólo tienes que saber que Luhan está bien. Ésta tarde ha salido del coma farmacológico y ahora está respirando por sí sólo. 

Solté un suspiro de alivio y lo abracé más fuerte. Un jadeo involuntario se escapó de mi garganta al sentir una puntada en mi brazo.

-¿Necesitas calmantes para el dolor?- preguntó él, preocupado. Negué con la cabeza.

-Estoy bien. ¿Hace cuánto ha ocurrido el accidente?

-Ya casi son dos semanas. Te la has pasado durmiendo.
Asentí. 

-¿Está Eun Ji por aquí?- cuestioné yo.
Él negó con la cabeza.

-No, pero no tardará en llegar. Se la pasa casi todo el tiempo aquí, al igual que su novio, y el amigo de Luhan.
Sonreí. Aquellos eran amigos.

-¿Qué hora es?

Observé a través de la ventana y el día estaba tétricamente nublado así que no podía distinguir con exactitud. Podrían ser las seis de la mañana tanto como las seis de la tarde.

-Recién es de mediodía- respondió papá observando su reloj y luego hizo una mueca. –Debo ir a trabajar, pero te prometo que vendré por la tarde, ¿sí?- inquirió pero no lo vi muy convencido. Me alegró que no quisiera irse.

-Está bien, papá. No te preocupes. Gracias por estar aquí- sonreí adolorida.

No iba a preguntar por la ausencia de mi madre. Tenía por seguro que su orgullo la mantendría alejada de mí bastante tiempo. Pero me dolió que incluso en estas circunstancias ella no estuviera conmigo para apoyarme.

Me respaldé emocionalmente en el cariño de papá y su preocupación por mí, pese a que lo había decepcionado.

-Eres mi hija. Incondicionalmente y siempre estaré para ti- murmuró y besó mi frente.
Se puso de pie y se ajustó la chaqueta.

-Vendré por la tarde. Descansa- se despidió con una sonrisa y se la devolví.

Me quedé semi-sentada en la cama debatiendo qué podría hacer. El control remoto de la pequeña televisión estaba demasiado lejos sobre un mueble pero quizá si me esforzaba podría alcanzarlo.

La contracción de mis músculos cuando me senté completamente dolió como mil infiernos pero no fue tanto como yo pensaba. El miedo a sentir dolor se alojaba más en mi cabeza que en mi cuerpo.

Deslicé las colchas lejos de mis piernas con cuidado de que no se desconectara ningún cable de mis brazos. 
Proferí un grito horrorizada cuando vi los increíbles moratones en mis piernas. Púrpuras, verdes e incluso rojos. 
Desde mi rodilla hasta unos cuantos centímetros más abajo. Me sorprendía como no me habían molestado el tiempo que había pasado despierta.

Una de mis piernas estaba enyesada y supuse que estaría fisurada o esguinzada o algo por el estilo. Bajé mi pierna izquierda con cuidado y luego la otra. Apoyé los pies y me sorprendió no sentir el frío del suelo. De hecho, ni siquiera sentía el suelo.

Cuando me impulsé hacia delante, todo sucedió demasiado rápido. Perdí la estabilidad y caí sobre mi rodilla “sana” al suelo. El dolor punzante en mis costillas se hizo aun más fuerte y grité con lágrimas en los ojos.

No sentí nada cuando los graves moratones de mi rodilla hicieron contacto con el suelo y aquello me sorprendió. Intenté pararme pero no podía, mis piernas estaban adormecidas y no podía sentirlas tocar el suelo.

Con horror noté como la jeringuilla de mi suero estaba sobre la cama. Observé mis brazos. Estaba completamente desconectada de esas máquinas que se supondría que me mantendrían con vida.

No pude mantener la calma y comencé a gritar por ayuda, mientras poco a poco mis chillidos comenzaban a hacerse débiles.
Dos enfermeras entraron con un doctor justo a tiempo mientras yo lloraba patéticamente sobre el piso.


Cuando desperté Eun Ji y Sehun estaban a mi lado, junto a un doctor.

-Estás en serios problemas, señorita- me reprochó Eun Ji ceñuda. La observé confundida y luego miré alarmada al doctor.

-No puedo mover las piernas. Por eso caí- expliqué rápidamente y el pitido de la maquina aceleró. 

-Relájese señorita Park- me dijo el tipo pero pude ver su mirada de preocupación.

-¿Porqué no puedo mover las piernas?- pregunté entrando en pánico. –No es sólo la pierna rota, tampoco siento la pierna izquierda. ¡No puedo sentir nada!- dije llorando siendo consciente de que tampoco sentía la textura de la sábana o la masa del colchón.
Eun Ji lo observó preocupada. 

-Las radiografías no han demostrado otra cosa que un hueso roto, señorita Park. Sin embargo me sorprende lo que me está informando. Aguarde un momento- dijo y se alejó a un extremo de la habitación tomando de un cajón elementos esterilizados. 

Volvió a acercarse y me ayudó a sentarme sobre la cama, con las piernas colgando.
Con una fina aguja rozó mi pie. Abrí los ojos como platos cuando la hundió un poco. No llegó a pinchar la piel. 

-¿Sientes algo?
Estaba tan preocupada ante la vista que tenía que ni siquiera me había dado cuenta de si había sentido algo.

-Vuelva a hacerlo- le pedí y observé a Eun Ji, presa del pánico.
El doctor lo hizo, y en efecto, no sentí absolutamente nada.
Negué, aterrorizada.

Luego de al menos diez pruebas más, que incluían otro tipo de agujas y un pequeño ‘martillo’ médico, el doctor se dio por vencido.

-Puede que el golpe haya dañado un nervio en la médula espinal. 
Lo observé casi llorando.

-¿Podré volver a caminar?
-No puedo decirte con exactitud, necesito realizar otro tipo de radiografías más complicadas, pero dispongo de los métodos necesarios. 

-¿Una operación podría resolverlo?
El médico suspiró.

-Sí puede realizarse ______________. Lamentablemente en éste tipo de casos, sólo a un pequeño porcentaje le funciona la aplicación de una operación.

I Don't Careᴇ - EXO - [Luhan y Tu] - [TERMINADO]¡Lee esta historia GRATIS!