33. POR SEGUNDA VEZ

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—Pero... acabas de llegar —susurra.

Puedo ver que no está muy alegre con la idea de dejarme ir, de hecho me sorprende bastante que haya accedido, pero sería cruel de su parte decir que siempre no puedo ir después de haberme dado esperanzas.

Acomodando una última blusa en mi maleta, la cierro y me giro hacia ella.

—También te voy a extrañar —digo en un murmullo.

Sonrío para quitar la tensión, pero entonces su labio inferior comienza a temblar.

—¿Cuándo creciste tanto? —pregunta. Reprimo mis ganas de poner los ojos en blanco y solo me encojo de hombros sonriendo.

—Quién sabe. Yo me veo igual de bajita que hace seis años.

Eso la hace soltar una risa.

—Mi culpa, lo siento. Heredaste eso de mi parte.

Río junto con ella y entonces escucho la puerta principal ser golpeada.

—Esa debe ser Kea —susurro.

Cuando Asier y yo habíamos girado para buscarlos a ella y Fidel, nos encontramos con que habían desaparecido. Sé que hay algo entre esos dos, pero mi amiga no quiere aceptarlo. Además está el hecho de que siempre discuten. Parecen como perros y gatos. El suyo es un amor apache, estoy segura de ello. Pero amor al fin y al cabo. Creo.

El punto es que Kea me envió un mensaje preguntando si podía quedarse a dormir. Le dije que sí. Quiero que me cuente lo que se traen entre manos. ¿Están juntos? ¿Son novios o... amigos? ¿O enemigos con derechos?

Cuando mi mamá se pone de pie para ir a abrir la puerta, tomo algunas cosas necesarias más y las coloco en una pequeña bolsita. Estoy preguntándome en dónde me bañaré si voy a estar en medio del bosque cuando Kea entra y se deja caer sobre mi cama soltando un suspiro.

—Te juro que a veces no entiendo a los hombres —murmura frustrada.

Yo río y entonces voy a sentarme a su lado.

—¿Quieres contarme?

Me mira durante largos segundos y entonces se incorpora.

—Espero que no tengas mucho sueño porque esto va a tomar toda una eternidad.

***

Mi alarma suena a las cinco de la mañana. La pospongo por otros cinco minutos más.

Apenas llevo como una hora de sueño. Cuando vuelve a sonar no me queda otro remedio que levantarme gimoteando y maldiciendo a mi amiga y su extraña relación con Fidel. Miro a Kea a mi lado y veo que sigue durmiendo como un tronco.

Frunzo el ceño con envidia.

Puede que haya un terremoto, que lleguen los extraterrestres o se acabe el mundo, pero ella no despertará jamás. Tiene un sueño demasiado pesado.

Suprimo un bostezo y entonces me siento frotando mis ojos, un mensaje llegando a mi celular me llama la atención.

Asier: ¿Estás lista? Paso por ti en diez minutos c:

Yo: Estoy lista 😁

Acomodo mi cabello con los dedos y me pongo de pie. Mi maleta está lista, así que solo me cambio y lavo los dientes. Entonces salgo de mi habitación. No tiene caso que intente despedirme de mi amiga ya que no me va a escuchar. Cuando llego a la cocina, veo a mi mamá de pie preparando algo de comida.

—Me voy en diez minutos —susurro.

Ella me mira por encima de su hombro y sonríe triste.

—Estoy haciendo panqueques para que desayunen algo en el camino.

Asiento agradecida y me aproximo a ella. Somos de la misma estatura, creo que incluso yo soy un par de centímetros más alta, y eso me causa gracia.

—No estés triste, má. Estaré de vuelta antes de que te des cuenta.

Le doy un empujón con mi hombro y ella asiente.

—Pero en un par de meses te gradúas, luego viene la universidad y querrás irte y... —Se interrumpe cuando un sollozo sale de su boca.

—Ay, má. —La abrazo y cierro los ojos—. Todavía no he dicho que me iré. Tal vez estudie en la universidad de aquí. No quiero que te pongas así, ¿ok?

Planto un beso en su mejilla y ella asiente.

Sé que mucha gente no se lleva bien con sus padres y creo que tengo la suerte de tener una mamá con la que puedo hablar, a pesar de que a veces sea algo estricta y no tan accesible. Estiro mi mano y tomo un panqueque, lo hago rollito y comienzo a comerlo. Llevamos unos minutos en total silencio cuando escucho una bocina sonar fuera de casa.

Tomo mi maleta, pero antes de que pueda salir mi mamá ya se halla pegada en la ventana hablando con los padres de Asier, seguramente asegurándose de que no tienen intenciones de secuestrarme y vender mis órganos en el mercado negro. Así de paranoica puede llegar a ser a veces.

—... cualquier cosa nosotros nos aseguramos de que ella pueda comunicarse con usted —escucho que dice una dulce y suave voz. Solo puedo suponer que es la mamá de Asier.

Hablando de él, lo veo abrir la puerta trasera de coche y bajar para ayudarme a acomodar mi equipaje.

¡Dios! ¿Cuándo va a dejar de sorprenderme lo guapo que es?

Se acerca a mí con una sonrisa adornando sus labios y entonces da un breve beso a mi boca.

—Hola, bonita. —Sonrío como tonta ante su saludo y murmuro un hola en contestación—. Entra al auto. Yo acomodaré esto en el maletero.

Besa mis labios una vez más y entonces me giro para ver a mi mamá de pie detrás de mí. Me acerco a abrazarla y ella besa mi cabeza.

—Pórtate bien, ¿sí? No quiero que de regreso me salgas con tu domingo siete.

Suelto una risa nerviosa y miro su rostro.

—Wow, gracias por el voto de confianza —murmuro con sarcasmo. Ella besa mi frente una vez más y entonces palmea mi mejilla.

—Ya, ve. Te están esperando.

Miro por encima de mi hombro y veo a Asier esperándome junto a la puerta abierta.

—Nos vemos, má.

—Cuídate, hija. Te amo.

Sacudo mi mano en su dirección y entonces me subo al coche lleno. Este arranca y entonces sus papás me dan la bienvenida y me hacen mil preguntas que me hacen sentir mejor.

Miro a Asier a mi lado, observándome con una sonrisa, y me digo que probablemente estas vayan a ser las mejores vacaciones que tendré nunca.

Con ese pensamiento en mente, cierro los ojos, acaricio el dije de mi pulsera y me permito relajarme por el resto del viaje.


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Amor de libro [ADL #1] -PRÓXIMAMENTE EN FÍSICO ✔Where stories live. Discover now