Capítulo LX.

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-¿Por qué tengo que hacer esto?- preguntó Emilia, mientras un cachorro le mastica el pelo-. Ni siquiera soy su tía.

-A ustedes nomás se les ocurre querer venir a visitarme mientras hago de niñera y acceden a hacerlo también- reí, meciendo en brazos al pequeño lobo bebé.

-Lo se, pero, no sabíamos que era complicado- Manuela suspiró, sin saber qué hacer con el lobo bebé que llora y se remueve en sus brazos-. ¿Qué le hago?

-Pásamelo- pedí, dejando al bebé dormido en el almohadón que está entre mis piernas para tomar al cochorro, abrazándole-. Debes ser un buen niño, ¿si?- el pequeño me miró-. Entiendo que estés nervioso por olores nuevos pero no puedes ser malo con quienes son distintos.

Él refunfuñó pero asintió, apegándose a mi pecho, quedándose calmadito.

-Buen chico- acaricié su espalda y el bebé recién nacido empezó a llorar.

Un olor fétido atacó mis fosas nasales.

-Alguien aquí necesita un cambio de pañales- informé en voz alta y una nodriza se llevó al más pequeño, bañando el lugar en perfume-. Uff, si que estuvo fuerte.

-Isa, te necesitamos aquí fuera- me avisó alguien desde la puerta.

-Ya voy- avisé y miré al cachorro que cargo en brazos-. Ve a jugar, ¿si? Pórtate bien.

Le dejé en el suelo, le di un besito en la frente y me levanté, acercándome a Emilia y el otro pequeño.

-¿Por qué no vas a jugar?- le propuse y se levantó de un salto, saliendo corriendo junto al otro.

-Si que está difícil- suspiró cansada Emilia.

Manuela la ayudó a levantarse del suelo.

-¿Por qué no van a comer algo en la cafetería? Así descansan un poco- propuse.

-¿Y tú? Ven con nosotras, tu también trabajaste duro- habló Emilia.

-Iré a ver qué sucede fuera y regreso. Vayan yendo y pidan algo por mi.

Ni bien cruzamos el umbral de la puerta, sentí gran tensión en todos. Los murmullos dieron a entender perfectamente la presencia que siento; hay un vampiro cerca de nuestras tierras.

Sonreí de manera tranquila y caminé hacia donde siento la presencia. Allí está mi padre junto a un vampiro que no conozco; mi madre también está presente y la tensión es mayor.

Me quedé algo lejos, sin interponerme para que el desconocido no me vea o estaré en problemas cuando nos veamos en el reino. 

-Señor, ya le dijimos que no pueda estar en esta zona- indicó mi madre, de forma seria pero amable.

-¿Por qué no? ¿Acaso soy discriminado aquí?- preguntó el desconocido, enojado.

-Ya le explicamos; hay niños pequeños y no es un buen lugar para otros seres, sin importar la especie- habló mi padre.

Nuestras miradas chocaron por un instante; él negó con la cabeza y me alejé, encontrándome con varios chusmeando.

-Es solo otro ser que no es de la manada, no es un show de circo o algo así- les hablé, viendo como me miran como si les estuviera regañando-. Vuelvan a sus actividades, no hay nada que ver aquí.

-¡Bella!- escuché el grito de mi padre es el idioma vampírico.

Me giré. El vampiro está a pocos metros de un muchacho que parece paralizado. Corrí, estirando mi mano.

Impacté contra su garganta y apreté; veo sus colmillos sobresalir con la clara intensión de morderme. Su mano apretó mi brazo, clavándome sus garras. Tiré de él y le di un rodillazo, inclinándole lo suficiente para dejarlo en el suelo. Tomé sus brazos hacia atrás, inmovilizándole. Ahí el chico reaccionó y se fue corriendo.

La HíbridaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora