Capítulo 23

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Kiara durmió tranquila y hasta tarde aquel día. Su cuerpo dolía un poco menos, a pesar de que todas aquellas heridas se convertirían en cicatrices dejando su piel parecida a la de un tigre. Vio todos los tops de manga corta y pantalones cortos que había en su armario y pensó en que hacían allí si Gideon no quería que Elías se enterase de lo que hacía. O que horribles cosas les habría hecho a las otras para que pudieran ponerse aquella ropa.

Después de desayunar, Kiara se dio cuenta de que Erick había llegado antes que Triana, lo cual le sorprendía ya que Triana era exageradamente puntual. Elías le dijo que había hablado con ella y que ese día no iba a ir, ya que debía de haber cogido alguna gripe o algo y necesitaba descansar.

–Triana no parece la típica persona que se pone enferma.– Dijo Kiara.

–Por eso debe de estar bastante enferma como para no venir.

–Siento lo de tu profesora, pero nosotros tenemos una clase que dar.– Dijo Erick yendo hacia el cuarto de Kiara.

Elías le miró con una mirada impropia de él cuando ya no podía verle, de entre ira y asco. Kiara se dio cuenta de que se debía a sus celos. Pensaba que eso ya estaría solucionado, pero parecía ser que no.

Aquella fue una de las clases más incomodas que dieron. Al no tener nada que hacer, Elías se dedicó a pasarse la mañana leyendo y mirando mal a Erick cada vez que levantaba la mirada de Kiara y miraba a través de los cristales. Kiara intentó no distraerse mucho con aquello y centrarse en la clase, y centrar a Erick cada vez que se sentía intimidado por Elías.

–Me odia.– Dijo Erick una de las veces que le pilló mirando.

–Claro que no.– Ninguno de los dos se creyó aquella respuesta.

–¿Tiene tan mal genio como su padre?

–No. Elías es... como un peluchito. 

–Un peluchito con la misma mirada de psicópata de su padre.

Kiara sabía que Elías no era ningún psicópata, pero tenía ese brillo siniestro en su mirada que solo había visto en Gideon. Cuando terminaron la clase, Erick recogió rápidamente sus cosas y salió de allí antes de que a Elías se le ocurriera prenderle fuego o algo parecido.

–¿Te has divertido intimidando a mi profesor?– Le preguntó Kiara divertida cuando él entró ensu cuarto.

–No me gusta.

–¿Por qué?

–Es un hombre.

–¿Y qué? Tú también.

–Es más guapo que yo.

–¿De donde te has sacado eso?– Kiara se rio.

–¿Has visto los ojos que tiene? Son increíbles.

–¿Qué tienen de malo los tuyos?– Elías se limitó a bajar la cabeza.– Anda, ven aquí.

Kiara le cogió de la muñeca y le llevó hasta el espejo, donde le hizo mirarse a los ojos.

–Una vez leí sobre los ojos como los tuyos.

–¿Ojos asiáticos comunes?

–No, tonto. Ojos de dragón.– Elías frunció el ceño.– Los que tenéis esa clase de ojos, reflejais poder y autoridad, al igual que humildad en el comportamiento general, gozais de un alto atractivo y magnetismo. Además de que sois únicos en perspectiva y tenéis valores bastante admirables.– Elías se rio.

–¿Y crees que soy todo eso?

–Creo que no tienes motivos para estar celoso.– Dijo dándole un toque en el hombro.

Por la tarde, Kiara siguió trabajando en su trabajo. Le parecía curioso que, aún siendo propiedad de Elías, él se pusiera celoso de Erick, así que dedicó una parte de su trabajo a ello y en los sentimientos que tenía hacia ella.

Al cabo de un rato, Kiara se apartó del ordenador para despejarse un poco y vio a Elías sentado en el suelo frente a unas ventanas del salón. Entraba la luz del sol y le daba en la cara.

–¿Qué haces?– Le preguntó al acercarse. Él tenía los ojos cerrados y las piernas agarrada por los brazos, pero en cuanto escuchó a Kiara, suspiró y abrió los ojos lentamente.

–Hoy hace un muy buen día.– Dijo.– De normal no suelo añorar el poder salir, pero los días como hoy...

–¿Y por qué no sales?

–Ya lo hemos hablado.– La miró.– No puedo. Mi padre...

–Ya, pero tu padre no está.– Le interrumpió.– Nosotros estamos perdidos en algún lugar del bosque. Tienes un jardín enorme que ni siquiera pisas. No vas a morirte por salir y respirar aire fresco por cinco minutos, ¿no crees?

–P-pues no, pero, ¿y si mi padre se entera?

–Yo no pienso decirle nada, y tú muchísimo menos.

–Si me ha mantenido veintidós años aquí dentro por algo será, ¿no?

–El mundo no es tan terrible como seguro te ha contado. Además, aquí estamos a sal-

–¿Y si nos encuentran?– La interrumpió.– Sé que mi padre tiene enemigos por su trabajo. Nunca me ha contado los motivos, pero sé que hay. ¿Qué pasa si pasa algo?

–No va a pasar nada.– Kiara se agachó y le miró a los ojos.– Y sé que lo estás deseando.– No contestó.– Cinco minutos, Elías. Sólo saldremos cinco minutos. Después volveremos adentro sanos y salvos y nadie lo sabrá.

Elías se lo pensó un par de segundos. Por primera vez en veintidós años estaba pensando seriamente en romper la primera norma que impuso su padre en aquella casa y salir.

Era una locura. Pero una locura tentadora. Sentir el calor del sol en sus mejillas, el viento moverle el pelo y la tierra meterse entre los dedos de sus pies. Así que decidió.

–¿Cinco minutos?

–Cinco minutos.– Kiara le sonrió y le cogió de la mano para levantarle y llevarle casi a rastras hasta la puerta.

Kiara no se creía que hubiera convencido a Elías para salir. Si era capaz de cambiarle aquel pensamiento, es probable que pudiera cambiar más cosas y que la dejase volver a casa.

Elías estaba bastante nervioso por su parte. El corazón le latía más rápido que nunca al estar parado frente a la puerta principal dispuesto a cruzarla.

–¿Preparado?– Dijo Kiara con una sonrisa cogiendo el pomo de la puerta.

–Eso creo...

Kiara abrió la puerta y dejó que Elías saliese. Él camino descalzo por la entrada hasta que llegó a la hierba. Para él, la sensación de pisar tierra bajo el sol por primera vez fue comparable incluso con un orgasmo. Incluso tuvo que coger más aire de lo normal.

Kiara se acercó a él y fue un poco más allá. Para ella también fue maravilloso poder salir después de tantos días retenida. Volver a sentir el viento agitar todo su pelo la hizo sonreír. La hizo reír. Y fue feliz por primera vez en mucho tiempo.

–¿No es un pasada?– Dijo caminando un poco más allá y mirando el cielo.– Simplemente el jardín... ¡Imaginate lo que sería caminar por el bosque! O volver a la playa... ¡O incluso la ciudad! Oh, Elías, te encantaría la ciudad...

Fue entonces cuando Kiara bajó la mirada por primera vez y se fijó en Elías desde que salieron. Pensó que lo estaría disfrutando como nunca. Y así fue al principio, pero después empezó a recordar todo lo que le había contado su padre. Como la gente se mataba mutuamente, los tiroteos en plena calle o en institutos, la contaminación, las guerras, el hambre, la pobreza, la corrupción... y la muerte. Sobre todo la de su madre.

–¿Elías?– Dijo Kiara al no verle buena cara.

Elías pudo escuchar el disparo que le arrebató a su madre y cayó de espaldas llevándose la mano al pecho al no poder respirar.

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