Capítulo 29

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—Bueno, está claro que los padres no se eligen.

Alice sonrió y sacudió la cabeza cuando Rhett terminó de decirlo. Por fin estaban solos. Él se dejó caer en la silla de su lado. 

Ella se dio cuenta, por primera vez desde que había entrado en la sala, de que parecía cansado. Más bien agotado. Como si llevara un tiempo sin dormir bien. Alice hubiera estirado la mano hacia él para pasársela por la mejilla, pero ella también se sentía bastante agotada. De hecho, tenía los músculos medio dormidos.

—¿Por eso no has venido a verme en todos estos días?

—¿Por qué te creías que era? —frunció el ceño—. ¿Te creías que me había ido con otra o qué?

—Charles parecía interesado. Era una posibilidad a tener en cuenta.

Rhett le puso mala cara y Alice volvió a sonreír.

—¿Fue idea tuya traerlo? —preguntó suavemente.

—Mi idea era ir a por cualquier científico loco y obligarlo a ayudarte, pero... bueno, supongo que él es quien sabe más sobre cómo ayudarte.

—No me gusta tener que pedirle ayuda —admitió en voz baja tras una breve pausa.

—Ni a mí, pero... prefiero eso a verte así.

Alice vio que se quedaba en silencio por un momento, apartando la mirada. Decidió esbozar una pequeña sonrisa.

—¿Acabas de llamarme fea en toda la cara? —enarcó una ceja, divertida.

Rhett le dedicó una mirada agria de ojos entrecerrados.

—No empecemos.

—¿Te parece que esa es la mejor manera de tratar a una señorita?

—A una señorita pesada, sí.

—Rhett, si sigues tratándome así de mal, podría irme yo con otro. Con Kenneth, por ejemplo, y dejarte solito.

—¿A que me voy yo y te dejo solita a ti? —se irritó.

—Es broma —Alice empezó a reírse. Se estiró para sujetarlo del brazo cuando hizo un ademán de levantarse. Le dolió cada músculo del cuerpo cuando tiró de él—. Vamos, no te enfades.

—No estoy enfadado. Estoy ligeramente irritado.

—Ven, túmbate conmigo.

Se le pasó la ligera irritación por un momento en el que pareció dudar.

—No sé si es lo mejor para ti, Alice.

—Rhett, he estado aquí durante semanas completamente sola. Me lo debes.

—¿Que te lo...? ¡He ido en busca de un psicópata solo por ti!

—¡Pero me debes un favor!

—¿Yo? ¿Desde cuándo?

—¡No lo sé, pero seguro que me debes alguno, ven aquí!

Él le puso mala cara, pero se acercó y se tumbó con cuidado. Alice estaba encantada y divertida por partes iguales cuando vio que se quedaba a su lado, completamente tenso para no rozarla.

—No soy de cristal, ¿sabes?

—Prefiero no arriesgarme.

Ella lo ignoró completamente y lo abrazo con las piernas y los brazos, como un koala. Apoyó la cabeza en su pecho y levantó la mirada para ver que él había puesto mala cara.

Ciudades de Humo (¡YA EN LIBRERÍAS!)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora