Capítulo 26

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Al día siguiente, Alice tenía ganas de cualquier cosa menos de entrenar, pero no le quedó otra que ir a clases. Parecía que hacía una eternidad que no escuchaba los gritos de Rhett rebotando por las paredes del gimnasio cuando les ordenó, como cada día, que hicieran cinco vueltas corriendo. 

Qué suerte tenía Kilian. Él se había librado de las clases para ser el ayudante oficial de Tina, que se había quedado encantada al verlo trabajar con Jake.

Ahora, Alice estaba en clase junto a Jake, haciendo estiramientos y ejercicios. Jake ya sudaba, como siempre, al intentar mantenerse sobre las puntas de los pies y los codos durante un minuto entero. Alice cerró los ojos, intentando centrarse en lo que hacía y no en el dolor que tenía en los músculos.

Rhett se detuvo a su lado con una sonrisa socarrona.

—Estáis desentrenados, ¿eh? Os pesa el culo.

—Oh, cállate —masculló Jake de mala gana, rindiéndose y cayendo al suelo, agotado—. Yo no he nacido para esto. Yo he nacido para estar sentado doce horas al día y tumbado las restantes.

—Te pondré a hacer eso hasta que aguantes un minuto —le advirtió Rhett sin inmutarse—. Así que hazlo bien.

Alice contaba en voz baja. Le quedaban diez segundos de tortura. Solo un poco más. No podía creerse que no fuera capaz ni de soportar eso. Ocho, siete... Un mes atrás, lo hacía sin siquiera pensar. Cinco, cuatro...

—Cadera arriba, iniciada —le dijo Rhett, pasando por su lado.

Alice hizo un verdadero esfuerzo y por no golpearle cuando se puso en cuclillas delante de ella, mirándola.

—Solo me quedan cinco segundos —le recordó en voz baja.

—Esto es demasiado divertido para que acabe. Ponle otros quince.

—Rhett...

—Aquí soy tu entrenador, iniciada —le dijo un poco demasiado divertido, subiéndole la cadera él mismo con la mano en su estómago—. Ahí está mejor.

Alice estaba agotada a la mitad del entrenamiento. Se sentía como si hubiera corrido durante horas. Y todavía faltaba entrenar para los combates. Iba a vomitar como mantuvieran ese ritmo. Y lo peor era que Jake y ella eran los únicos que parecían tener un problema con ello. 

Como la nieve ya había desaparecido, a Rhett le pareció buena idea salir a hacer el resto alrededor del edificio principal. A Alice le parecía igual de insoportable en ambos lados. Ella vio de reojo que Kenneth y sus nuevos amiguitos se reían disimuladamente de ellos cuando tuvo que parar a apoyarse en sus rodillas y descansar mientras los demás seguían corriendo alrededor del gimnasio.

Rhett se detuvo a su lado con los brazos cruzados y los ojos clavados en los que seguían corriendo.

—Vas a tener que hacerlo mejor que eso —le dijo sin mirarla.

—No lo entiendes, estoy cansada —murmuró.

La cabeza le daba vueltas. Era como si no pudiera ni sostenerse en pie. Nunca le había pasado esto. ¿Hacía tanto que no hacía ejercicio como para encontrarse así?

—No puedo tener tratos de favor —él la miró—. Tienes que seguir corriendo.

—Lo digo en serio —ella cerró los ojos cuando volvió a marearse—. Estoy cansada de verdad.

—Pues tómate un minuto, pero luego vas a tener que terminar esto.

Alice no lo miró. Se apoyó en sus rodillas con más fuerza, todavía con los ojos cerrados. Ni siquiera Jake se había detenido todavía. ¿Qué le pasaba? Tenía que entrenar más.

Ciudades de Humo (¡YA EN LIBRERÍAS!)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora