2 - Sola

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La había dejado.

Estaba sola.

Alicia no sabía cuánto tiempo llevaba caminando por el vecindario. Andaba, pero no era consciente de ello. Solo deambulaba sin rumbo fijo, desesperada por encontrar cualquier distracción. Cualquiera.

Gabe no la quería. Se lo había dicho así, tal cual. Y la había dejado.

Su madre no la dejaba entrar en casa.

Su padre... ni siquiera sabía dónde estaba.

No tenía amigos.

No tenía nada.

Nada.

Se agarró en la primera barandilla que encontró y se llevó una mano a la frente, con los dedos temblándole. Hacía tanto tiempo que lloraba que le dolía la cabeza. Ahora ya no caían lágrimas, pero seguía soltando pequeños hipidos por la garganta en forma de sollozo. No podía evitarlo. Y le ardía la garganta por ello.

Apoyó la otra mano en la barandilla y agachó la cabeza.

¿Ahora qué?

Había suspendido casi todo en el instituto y su madre se había enfadado tanto que la discusión había terminado escalando hasta el punto en que Alicia la había empujado, tirándola al suelo.

Cuando había visto que su madre se sujetaba la barriga con cara de horror, sintió que su mundo se paraba.

Había empujado a su madre.

Su madre había pasado del horror a la ira, echándola de casa sin decir una palabra. Ni una sola. Había sido suficiente con una mirada fija y una expresión significativa. Y, aunque Alicia la había estado llamado por horas con la esperanza de que la perdonara, su madre ni siquiera se había molestado en responder.

Ni siquiera estaba segura de poder culparla. Realmente... ¿ella respondería si la situación fuera al revés? Lo dudaba.

Había intentado ir a casa de Gabe pese a que había cortado con ella unas semanas atrás. Había fingido que no la veía en la puerta pese a que Alicia escuchó los pasos acercándose y alejándose. Y vio la luz en su habitación. No había querido abrirle.

Pero había respondido a una de sus llamadas. A la última. Y la conversación había sido incluso peor de lo que esperaba. La había llamado arrastrada, desesperada, patética, imbécil, insoportable, histérica... cualquier tipo de adjetivo horrible que se le pudiera ocurrir. Y había finalizado diciendo que se quedaría sola porque se lo había buscado ella, así que tenía que dejarlo en paz.

Y era cierto. Estaba sola.

Completamente sola.

Sola. Era una palabra horrible. La peor del vocabulario. Incluso su significado era vacío. Y dejaba un regusto amargo en los labios al pronunciarla.

Lágrimas volvieron a caerle por las mejillas mientras apoyaba la frente en la barandilla. Sola.

Nunca tendría a nadie. No se lo merecía. Gabe tenía razón. Incluso Charlotte tenía razón.

Levantó la cabeza y vio que estaba apoyada en la barandilla de un puente. Se quedó mirando el agua fijamente, recordando la discusión. Ella no la había querido empujar. Lo había hecho sin querer. Amaba a su madre. No había querido hacerle daño. Si tan solo pudiera decírselo... pero su madre no querría saber nada de ella nunca más, ¿verdad? No la perdonaría. ¿Cómo podría alguien perdonar algo así?

Ciudades de Humo (¡YA EN LIBRERÍAS!)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora