4 - Duerme bien, Alice

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—¿Falta mucho?

Nadie respondió. Jake era el que iba más atrasado del grupo, caminando perezosamente y sudando muchísimo.

—¿Holaaaaaa? ¿Alguien me puede hacer caso? —protestó—. Estoy cansado.

—Todos lo estamos, Jake —le aseguró Alice, pasándose una mano por la frente sudorosa.

—Sí, todos estamos cansados de oírte —murmuró Rhett en voc baja.

—Pero hace mucho caloooorrrrr —Jake resopló sonoramente.

Estuvo casi un minuto entero sin decir nada. Hasta que volvió a suspirar dramáticamente.

—¿Falta mucho?

—Como no cierres el pico, a ti te faltara poco —le aseguró Trisha.

Jake no volvió a decir nada.

De hecho, incluso se adelantó y se puso el primero para demostrar a Trisha que iba a hacerle caso para que no se pusiera agresiva con él.

Bueno, no se podía decir que Trisha no fuera convincente.

Alice también se estaba mareado ya por el calor que hacía. Curiosamente, por la noche bajaba bruscamente la temperatura y necesitaban dormir con sus abrigos. Pero de día... el calor era insoportable. El sol hacía que le ardiera la piel y le diera vueltas la cabeza. Ya habían hecho varias pausas para recuperarse bajo la sombra de algún árbol.

Y el agua... nunca había necesitado tanta agua. Ni tampoco había sudado tanto jamás. Especialmente con la humedad del bosque, que hacía que el calor se transformara en una especie de cúpula por los árboles y se metiera bajo su piel. Era como estar dentro de una sala con la calefacción puesta en pleno verano.

Incluso el aire era caliente, así que por mucho que se abanicaran con las manos, no servía de nada. De hecho, casi era peor.

Alice aguantó tanto como pudo, pero cuando la herida del brazo que le habían hecho el día que invadieron la ciudad empezó a palpitarle, la herida de la espalda empezó a escocerle y la cabeza empezó a quedársele en blanco por el mareo... decidió que no podía más.

—Necesito descansar —murmuró, agotada.

Rhett fue el único que la escuchó porque era el único que se había rezagado para seguir con ella, que iba la última.

—¿Estás bien? —preguntó, acercándose.

Alice sacudió la cabeza y se apoyó en las rodillas, agotada. Escuchó a Rhett llamando a los demás y, apenas un segundo más tarde, Tina se acercó a ella y le puso una mano en la mejilla.

—Estás ardiendo —murmuró—. Es normal, los cuerpos de androides no están hechos para el calor.

Eso explicaba por qué Alice estaba tan mal mientras que los demás, incluso Jake, la miraban con curiosidad.

—¿Cómo que no? —preguntó Trisha, frunciendo el ceño.

—En su zona no hace demasiado calor —le dijo Tina, mirándola de reojo—. Están hechos para soportar temperaturas bajísimas, pero dudo que alguien pensara en la posibilidad de hacerlos compatible con temperaturas altísimas.

—Idiotas —Rhett puso los ojos en blanco.

—Bueno, ¿quién iba a pensar que el pequeño androide escaparía y se iría a vivir con humanos malvados? —bromeó Trisha, apoyando una mano en su cadera—. Oye, no vas a morirte ni nada, ¿no?

—Intentaré que no —le aseguró Alice, todavía jadeando.

—Bueno, parece un buen momento para un descanso —dijo Jake, y se apresuró a dejar la mochila en la sombra de un árbol antes de que pudieran negarse.

Ciudades de Humo (¡YA EN LIBRERÍAS!)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora