Capítulo 31

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Alice tenía la mirada clavada en la mesa del otro lado de la cafetería. Removió su comida y frunció un poco el ceño cuando vio que los humanos nuevos hablaban entre ellos, riendo y mezclándose con algunos miembros antiguos de la ciudad. Kenneth era uno de los que se relacionaba más con ellos. Seguía intentando ligar con cada chica que se encontraba. Y ellas parecían encantadas con ello, claro.

Aunque Alice podía entender esa última parte. Kenneth no le caía bien, pero estaba claro que tenía cierto atractivo. Y tampoco era que hubiera muchos chicos como él en la ciudad para elegir. Ella incluso había visto a algunas de las chicas nuevas mirando a Rhett en su primera clase. Mirándolo de esa forma. 

Pero habían salido espantadas en cuanto él abrió la boca y les gritó que corrieran más rápido, malhumorado.

—¿Ya has pillado alguna actividad criminal, lince?

Alice levantó la cabeza de golpe para mirar a Rhett, que se acababa de sentar delante de ella. Se encogió de hombros y miró la comida sin mucho interés.

—No los estaba mirando.

—Claro, claro.

—¡No estaba pensando en eso!

—Ah, ¿no? —él enarcó una ceja—. ¿Y en qué pensabas? ¿En lo bonita que es la vida en esta maravillosa ciudad?

—Sí, Rhett, tú iluminas mi vida —ella también le enarcó una ceja.

—Fingiré que eso no ha sido sarcástico y seré un poco más feliz —dijo él—. ¿Sigues obsesionada con los nuevos?

—No estoy obsesionada.

—No, claro. Solo los observas día y noche.

—Por la noche duermo, ¿vale?

—Te das cuenta de que eso no lo hace mejor, ¿no?

Alice suspiró y apartó la bandeja de comida, cruzándose de brazos y apoyándose en el respaldo de su silla. Justo en ese momento, Jake apareció hablando a toda velocidad con Kilian, que no parecía ni escucharlo pero iba a su lado felizmente. Kilian se quedó al lado de Rhett y Jake al lado de Alice.

—...y por eso no tenía sentido —terminó Jake—. ¿Verdad, Rhett?

—Voy a necesitar un poco más de información, pero ya supongo que no lo será.

Jake puso los ojos en blanco y miró a Alice, que seguía centrada en vigilar a un grupo concreto del otro lado de la cafetería. Trisha apareció también en ese momento y se dejó caer al final de la mesa, entre Rhett y Alice.

—Bueno, pringaos —los miró—, ¿de qué habláis?

Jake pareció orgulloso de que alguien estuviera dispuesto a escucharlo.

—Estábamos hablando de lo que pasaría si los conejitos blancos nos invadieran. ¿Nunca lo habéis pensado?

Hubo un momento de silencio. Todos lo miraron —incluso Alice— y él suspiró.

—Me lo tomaré como un no.

—Come y calla —Trisha puso los ojos en blanco.

Jake puso mala cara y volvió a centrarse en su comida.

—Volviendo a temas importantes —Trisha se inclinó hacia delante—, he oído por ahí que Charles está vendiendo material a tus alumnos, Rhett. Si quieres ir a patearle, no te olvides de llamarme.

—¿Material? —Alice la miró, confusa.

—¿Qué material crees que vende Charles, Alice? ¿Libros de cultura popular?

Ciudades de Humo (¡YA EN LIBRERÍAS!)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora